Unas vacaciones con niños en la República Dominicana

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Lennart y su hermana mayor están preparados para salir a montar a caballo. Crédito: Christoph Driessen / dpa-tmn

Por Christoph Driessen (dpa)

SAMANÁ (dpa) –  En la selva húmeda de Samaná, cualquier turista se convierte en un jinete expeimentado. Incluso quien nunca ha estado sentado en una silla de montar puede vivir aquí la experiencia de guiar con maestría a su caballo por un sinuoso sendero selvático. ¡”Mira lo bien que manejo!”, grita Lennart, de siete años. Su guía, un joven caribeño de pelo crespo negro, le deja las riendas y le da la sensación de tener todo bajo control.

Los hermanos mayores de Lennart incluso están sentados solos en la silla de montar. Su guía les sigue a poca distancia. Los caballos conocen tan bien el camino peñascoso por la selva que lo encuentran por sí mismos. En caso de duda basta con dar un ligero chasquido para que el animal tome otro sendero. Para los turistas, que por la mañana aún estaban en un complejo vacacional cerrado en Punta Cana, el centro turístico de la República Dominicana, se trata de una auténtica aventura.   El guía de Lennart se adentra con el chico cuidadosamente en el bosque y le enseña bananeros y bambús. Hay lianas cayendo sobre el camino, plantas trepadoras enroscadas a troncos y ramas. Helechos tan altos como un hombre extienden sus hojas en abanico. El techo de ramas prácticamente está cerrado. Los rayos solares casi no llegan hasta el suelo. Todo está en penumbra y no se oye nada. “¿Donde están los animales?”, pregunta Lennart. No se ve la punta de ninguna cola, ni siquiera un pájaro. Para explicarlo, su guía mete la cabeza en las manos y cierra los ojos: los animales duermen de día.    Es un paseo a caballo por una sofocante niebla densa. La piel está cubierta por una película de sudor. Antes había llovido, un aguacero muy breve que los dejó empapados. La selva tropical transpiraba vapor. Sin embargo, cinco minutos después todo estaba seco otra vez, incluso los gruesos vaqueros que su madre le había puesto a Lennart “contra los mosquitos”.

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Isla Saona presume de agua turquesa y playas blancas. Crédito: Tourist Board Dom-Rep / Tourist Board der Dominikanischen Republik / dpa-tmn

Ahora desmontan y bajan en fila india por unos escalones resbalosos colocados en la pendiente de un monte. Detrás del muro verde de árboles se oye un murmullo. De repente, el sendero se abre y un fino espray salpica las caras de los caminantes: viene del Salto el Limón, que cae desde una gran altura.   Excursiones de un día como esta evitan que los turistas que han comprado paquetes vacacionales permanezcan encerrados en los complejos turísticos de la República Dominicana. Aunque las excursiones están organizadas, el turista al menos entra en contacto fugazmente con la población local.

La pobreza salta a la vista, pero en ningún lugar los turistas tienen la sensación de que su prosperidad atraiga miradas envidiosas. La población dominicana parece estar orgullosa de que haya personas que vienen de muy lejos para ver su país.   Las playas de la República Dominicana pertenecen al Estado y no pueden ser valladas. Esto permite caminar sin límite por la arena. Por la tarde, todo queda envuelto en la famosa luz cobriza del Caribe. Pelícanos se deslizan por el agua dando un pequeño toque salvaje a la naturaleza. Con sus picos estirados tienen un aspecto curiosamente extraño. “Reptiles voladores”, dice Lennart.

Otro clásico es la isla de Saona, también llamada “isla Bounty” porque fue allí donde se rodó el anuncio publicitario de la conocida barrita de chocolate con relleno de coco. Cruzamos el mar en una lancha rápida. En un banco de arena, todos pueden desembarcar para practicar snorkel. Aquí, las estrellas de mar son enormes y se pueden simplemente recoger del fondo marino, aunque después lo correcto es colocarlas nuevamente en su sitio. Sigue el último tramo para llegar a la isla.

Aquí, la realidad supera toda la imaginación. Es la isla de ensueño total con su arena de polvo blanco, palmeras y agua de color turquesa. Además, la playa está desierta. Hay más de cien tumbonas sin usar, lo que no impide que los niños se peleen: los tres hermanos quieren la misma. Y no ha pasado ni media hora cuando el hermano mayor de Lennart tiene un motivo de crítica: “Mamá, ¡aquí no hay WIFI!”. Otra hora más tarde Lennart pregunta: “¿Cuándo nos vamos?”.

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Sobre el mar color turquesa se alza el puente que lleva a Samaná. Crédito: Ian Cumming / Tourist Board der Dominikanischen Republik / dpa-tmn

Información básica: Samaná y Saona

Cómo llegar: Samaná está situada en el noreste de la República Dominicana y todavía está cubierta en gran parte por selva. En todos los balnearios se ofrecen excursiones de un día. El tour cuesta por persona la cantidad equivalente a unos 200 euros (unos 213 dólares). El viaje a Samaná se realiza en un pequeño avión y desde allí continúa en un vehículo descubierto. Una excursión a la isla caribeña de Saona, en el extemo este del país, es más económica (menos de 100 euros) porque no es necesario viajar en avión. Los participantes llegan en autobús a la costa, donde suben a una lancha rápida o un catamarán.   Moneda: Un euro equivale a unos 47, un dólar a unos 44 pesos dominicanos. El dólar estadounidense se acepta como medio de pago.   Cuándo viajar: La época ideal para viajar a la República Dominicana son los meses del invierno europeo de noviembre a abril. Sin embargo, también en los meses de verano (europeo) el tiempo en la República Dominicana suele ser bueno.

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