Solo 35% de los estudiantes logra completar la secundaria sin verse afectado por la desigualdad

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Por Luis Manuel Madrigal Mena

Si bien Costa Rica es uno de los cinco países de América Latina que ha declarado la obligatoriedad de la educación media superior, solo el 35% de los estudiantes de los colegios logra culminar la secundaria sin verse afectado por la desigualdad. Así se desprende del informe del Estado de la Educación de 2013, publicado por el Estado de la Nación.

El informe revela que el bajo clima educativo de los hogares figura como la principal causa de la desigualdad en el logro educativo de la secundaria. De esta manera, y con los resultados de las pruebas PISA 2009 y las pruebas de diagnóstico hechas por el MEP en el 2010 se reveló que los estudiantes de tercer ciclo tienen bajos desempeños en habilidades clave como la compresión de lectura y resolución de problemas.

Entre el año 2006 y el 2012 la tasa neta de matrícula en secundaria creció solamente 5,8 puntos porcentuales, mientras que por otro lado la oferta de modalidades en la educación media presenta serias desigualdades. Opciones que han resultado exitosas como los colegios científicos, bilingües y los que tienen la modalidad de Bachillerato Internacional tienen bajas coberturas, y sus beneficios no se irradian al resto del sistema educativo costarricense.

Otro dato alarmante es que 388 de cada 1000 estudiantes sufren de algún acto de violencia en contra suya y 92 de ellas son víctimas frecuentes, de hasta una vez por semana como mínimo.

La discriminación, factor principal de la desigualdad que afecta a los estudiantes en la secundaria se da por sexo, edad, etnia, nacionalidad, religión, discapacidad, enfermedad, orientación sexual, pertenencia a un grupo social o residencia en un lugar determinado.

“En Costa Rica el logro educativo en secundaria, aunque ha mejorado en los últimos años, sigue siendo bajo; además existe un conjunto de circunstancias que impiden que se dé en condiciones de equidad”, reza el informe.

El Tercer Informe del Estado de la Educación reportó que en 2009 solo un 39,5% de los jóvenes de 17 a 21 años lograba completar la secundaria. En 2011 esa proporción aumentó a 46,3%, lo cual representa un 80% más de logro que en 1987, cuando era de apenas 25,8%.

En el contexto latinoamericano, Costa Rica se sitúa entre las naciones que tienen los niveles más bajos en la universalización de la secundaria, junto con México y la mayor parte de Centroamérica. Las tasas más altas corresponden a países que superan el 50%: Barbados, Bahamas, Chile, Argentina, Colombia, Panamá, Perú, Venezuela y Brasil.

Dinero, causal de la brecha. Las circunstancias que más inciden para que un joven logre o no completar la secundaria son muy variadas y marcan grandes diferencias entre distintos grupos. Sin embargo, el dinero se posiciona como una de las principales causas de la desigualdad.

En el 2011 la probabilidad de que un joven del quintil más pobre finalizara la segundaria era de 40%, contrario a un 54% para un estudiante del quintil más rico. Asimismo, un joven proveniente de un hogar con clima educativo bajo tenía un 28,4% de probabilidad de terminar la secundaria, en tanto que para un joven de un hogar con clima educativo alto esa probabilidad era de 77,5%.

Ser hombre o pertenecer a un hogar de cinco miembros, o encabezado por una mujer, son factores que también reducen las probabilidades de culminar con éxito la secundaria. Datos de los años 2010 y 2011 revelan que además hay otras circunstancias, como discapacidad, clase social y país de origen, que generan brechas importantes.

Escolaridad del hogar, principal causa. El clima educativo de los hogares, es decir, los años de escolaridad promedio de los miembros de 18 años o más, es el factor que tiene mayor impacto en el desempeño académico, pues explica alrededor del 50% de los logros que alcanzan los estudiantes, esto según un informe de la CEPAL.

Un análisis realizado con datos del Censo 2011 reveló que un 21,2% de los distritos del país registra los mayores porcentajes de hogares con clima educativo bajo; se trata además de localidades que se encuentran rodeadas de otros distritos en condiciones similares.

Por ejemplo, el 64% de los distritos con segregación o exclusión educativa se ubica en las regiones Huetar Norte, Huetar Atlántica y Brunca. Los cantones de Buenos Aires, Guácimo, Guatuso, Los Chiles, Parrita, Sarapiquí y Tarrazú.

En contraste con los anteriores lugares se encuentra a su vez las zonas de inclusión, que están concentradas por completo en la región Central; incluyen la totalidad de los distritos de San José, Curridabat, Montes de Oca, Tibás, Belén, Flores, San Pablo, San Rafael y Santo Domingo, y más del 80% de los distritos de La Unión, Goicoechea, Barva, Santa Ana y Heredia.

Excluidos no son un grupo homogéneo. Al analizar las características de los estudiantes excluidos se identificaron cuatro segmentos de tamaño relativamente similar dentro de la población estudiantil, cada uno con un perfil específico.

Los excluidos por falta de apoyo docente o “los insatisfechos” constituyen el 23,6%. Los excluidos por causas sociales y de rendimiento o “los pobres” son el grupo más numeroso pues representa un 31,2%.

Los excluidos por condiciones del medio rural o “los caminantes” representan el 25,6% mientras que los excluidos por razones de género, “las mujeres” son el grupo más pequeño con un 19,6%.

Uno de los hallazgos es que las causas de la exclusión varían por zona. En el cantón Central de Limón los factores que más influyen son el nivel socioeconómico del hogar, el acceso a la ayuda del Gobierno y la trayectoria educativa del estudiante, especialmente si tiene un historial de repitencia.

En San Carlos por otro lado los factores más relevantes están asociados al medio de transporte hacia el centro educativo, el apoyo del Gobierno y el clima educativo de los hogares.

De igual manera, los estudiantes excluidos se agrupan en diversos centros educativos. Un estudio hecho en el Técnico Profesional de Limón reveló que 34 de cada 100 estudiantes se agrupan en la categoría de “insatisfechos”, 30 de cada 100 están en el grupo de “pobres”, 16 de cada 100 son “caminantes” y 20 de cada 100 “mujeres”. Estos datos son similares a los análisis hechos en el Diurno de Limón y Nuevo de Limón.

En contraste con el CTP de Limón, el Técnico Profesional de Aguas Zarcas presentó 48 de cada 100 estudiantes en la categoría de “caminantes”, 22 de cada 100 en “mujeres”, 17 de cada 100 están en el grupo de “pobres” y 13 de cada 100 están “insatisfechos”. Estos números fueron similares en el Colegio Técnico Profesional de Venecia.

El papel del docente. Un cuestionario aplicado a docentes de Limón y San Carlos, zonas de alta exclusión para los estudiantes, logró separar a los educadores en tres grandes grupos sobre su perspectiva ante la desigualdad.

El primero de esos grupos lo conforman “los inexpertos”, los cuales tienen el menor número de años trabajados, menor experiencia laboral y en su mayoría han sido contratados en forma interina. “Los comprometidos” tienen una experiencia laboral media y reportan los mayores promedios de aplicación de diversas técnicas de aprendizaje y actividades complementarias en el aula, así como un mejor clima institucional.

Sorpresivamente, “los despreocupados” son quienes tienen la mayor experiencia laboral y nombramientos en propiedad. Son los que muestran el menor uso de diversas técnicas de aprendizaje en el aula y el promedio más bajo de apoyo o involucramiento con los estudiantes. Al indagar sobre cómo manejan estos docentes las situaciones de exclusión, se determinó que suelen ser los que menos importancia le dan al problema y tratan de manejarlo sin ayuda del director, el orientador u otros profesores.

De acuerdo con las recomendaciones del Estado de la Nación, que existan diversos grupos tanto en la población estudiantil como en la docente es una señal inequívoca de que, al implementar medidas para acabar o reducir la desigualdad que afecta a los estudiantes deben ser complementarias y acordes con la situación de cada estudiante, y no aplicar un mismo proyecto a todos los jóvenes pues sus circunstancias son diferentes.

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