San José, 12 may (elmundo.cr) – El presidente de la Comunidad Musulmana Ahmadia en Argentina y Chile, el Imam Marwan Sarwar Gill, estuvo de visita el mes pasado en Costa Rica y asistió a la inauguración de la primera de las tres Torres del Espíritu Santo de la Asociación Obras del Espíritu Santo, proyecto dirigido por el sacerdote Sergio Valverde Espinoza.
A pesar de que no comparten la misma religión, el Imam reconoce la misión desarrollada por el padre Sergio en Barrio Cristo Rey para beneficio de miles de niños, jóvenes y familias en pobreza extrema o pobreza, para quienes este proyecto ha sido una luz de esperanza.
A continuación la entrevista con el Imam Marwan Sarwar Gill:
¿Su asistencia a la actividad fue por invitación del Padre Sergio?
Ya conozco al Padre Sergio hace varios años y nuestra amistad personal nos permitió a desarrollar varias actividades muy significativas. Por ejemplo, hace poco participamos juntos en una jornada en la Universidad Para La Paz (UPaz), ubicada en Costa Rica, y destacamos el rol de las religiones como pacificadores. Por otro lado, cerca de la Navidad vino una delegación de la Comunidad Musulmana Ahmadía del Reino Unido y realizamos varias campañas en el país bajo el lema “Musulmanes por la paz”. Y una parte central de nuestra agenda fue visitar y conocer el trabajo del Padre Sergio. Así que ya estaba al tanto sobre la construcción de los nuevos albergues juveniles y cuando el Padre Sergio me invitó personalmente para su inauguración no dude en asistir. Aunque fue un esfuerzo venir desde Argentina, pero quisiera de esta manera expresar mi aprecio por su persona y mi apoyo en su misión de servir a la humanidad.
¿Qué le pareció la actividad?
Me pareció hermosa la actividad cuya esencia yo sintetizaría en dos palabras: alegría y esperanza. Pienso que el nombre de la torre (Torre de la Esperanza) fue muy bien elegido y espero que pueda cumplir esta función, sobre todo para los más jóvenes. A su vez, siento que el Padre Sergio contagió a todos con su alegría y energía de servir a los demás. Celebro que había una amplia participación de representantes políticos, religiosos, empresariales, académicos y periodísticos porque al final la paz se construye entre todos y requiere una participación activa de todos, sin ninguna excepción.
¿Qué piensa usted de la obra que realiza la Asociación Obras del Espíritu Santo y el Padre Sergio?
El trabajo que realiza la Asociación Obras del Espíritu Santo es una inspiración para todos nosotros. La esencia de todas las religiones es amar a Dios a través de servir a su creación, sin ninguna distinción. Lamentablemente, no siempre se pone en práctica este principio. Así que es un importante recordatorio que las palabras hay que sostenerlas con acciones concretas. Por otro lado, demuestra también que si bien es imprescindible que haya una división entre la religión y el Estado, las comunidades religiosas sirven como un brazo extendido del Estado. Incluso, cumplen muchas veces la función de no solo brindar el “pan espiritual”, sino también el “pan físico”.

¿Por qué cree que es importante el diálogo interreligioso para la sociedad?
Me consta que no fue casual que el Papa Francisco haya dedicado su último libro encíclico cuyo título es Fratelli Tutti (Hermanos Todos) a la importancia del diálogo y de la hermandad universal.
Hoy, en un mundo globalizado, donde hay cada vez más voces que parecen sostener la preferencia de volver a la época de la “guerra fría” o a una partición entre “Occidente vs Oriente”, este mensaje nos alienta a pensar que la solución no es la construcción de más muros, sino de más puentes. Las diferencias, sean políticas, ideológicas o teológicas, no pueden ser una excusa para alejarnos unos de otros, sino que deben acercarnos aún más al diálogo.
En un momento en el que el multilateralismo atraviesa su peor crisis, vale esclarecer que dialogar no significa renunciar a tu propia identidad o negar tus principios, sino que se trata de escuchar y buscar el encuentro con “el otro”. El disenso y la diferencia de opinión son el ADN de nuestra identidad, especialmente cuando hablamos de política entre las naciones o en sociedades democráticas. No obstante, si iniciamos un diálogo mirando hacia las diferencias terminamos siempre atrapados en un laberinto, sin ningún avance. En cambio, si nos embarcamos en un intercambio a partir del reconocimiento de las discrepancias, pero con la mirada puesta en las similitudes podemos lograr que las aguas de múltiples ríos confluyan en el mismo mar.
Por ello, el Sagrado Corán, en el capítulo 3, versículo 65, hace hincapié en que es imprescindible que las religiones estén en armonía y recalca que, como musulmanes, es nuestra responsabilidad tender puentes con el fin de buscar los valores comunes que nos unan a todos, como judíos, cristianos, musulmanes o seguidores de cualquier credo. Esta pauta coránica nos invita a escuchar al “otro” en vez de ignorarlo, a dialogar en vez de discutir, a conocer en vez de prejuzgar.