Fenómeno de El Niño amenaza a Costa Rica con un año más cálido y seco

Heredia, 05 jun (elmundo.cr) – Costa Rica se prepara para enfrentar los efectos de un posible fenómeno de El Niño, el cual promete traer consigo un periodo de mayor calor y una disminución significativa en las precipitaciones, afectando principalmente a la vertiente del Pacífico.

Según proyecciones de organismos meteorológicos internacionales y autoridades nacionales, existe una probabilidad del 80% de que este fenómeno climático se desarrolle durante el trimestre de junio-julio-agosto de 2026, alcanzando una intensidad fuerte o muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027.

Ricardo Orozco, climatólogo de la Escuela de Ciencias Geográficas de la Universidad Nacional (ECG-UNA), advirtió que el país enfrenta este evento bajo un contexto de calentamiento global sostenido. “El Niño es algo natural. Lo que pasa es que ahora estamos en un contexto de calentamiento global”, explicó el experto durante una conferencia en el marco del Día del Ambiente.

Impacto desigual por regiones

Las estimaciones del Instituto Meteorológico Nacional (IMN) indican que el Pacífico Norte, especialmente Guanacaste, podría registrar hasta un 50% menos de lluvia de lo normal. Por su parte, el Pacífico Central y el Valle Central enfrentarían reducciones cercanas al 40%, mientras que el Pacífico Sur vería una disminución del 35%.

En contraste, las regiones Caribe y Norte podrían experimentar un aumento en las precipitaciones de entre un 10% y un 15%.

A la escasez de agua se suma el incremento en las temperaturas. Guanacaste podría experimentar aumentos de hasta dos grados Celsius, mientras que el resto del país registraría alzas de entre uno y 1,3 grados. Aunque parecen variaciones menores, Orozco enfatizó que representan cambios significativos para la salud humana, los ecosistemas y la disponibilidad de recursos.

Desafíos en sectores estratégicos

El climatólogo identificó cuatro áreas críticas ante este escenario:

  • Agua: Compromiso en el abastecimiento de comunidades que ya presentan dificultades de suministro.
  • Alimentos: Riesgo de menores rendimientos agrícolas, pérdidas económicas y un posible aumento en los precios al consumidor.
  • Salud: Mayor riesgo de golpes de calor, afectando principalmente a poblaciones vulnerables.
  • Energía: La dependencia de la energía hidroeléctrica podría verse afectada por la baja en los niveles de los embalses, obligando a un mayor uso de plantas térmicas.

Un factor adicional es la temporada de huracanes en el Atlántico, que se estima menos activa de lo habitual. Aunque esto podría parecer positivo, Orozco recordó que estos sistemas son vitales para la recarga de acuíferos y embalses. “Si bien los huracanes impactan mucho las islas del Caribe, también significan agua disponible para recargar zonas acuíferas”, señaló.

Ante este panorama, el experto hizo un llamado a fortalecer la planificación territorial y la gestión institucional, recordando que eventos pasados, como el de 2014-2015, obligaron a declarar emergencias tanto por sequía en el Pacífico como por inundaciones en el Caribe.

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