La escuela tiene una sola docente. Apenas cinco estudiantes asisten a clases. Está rodeada de naturaleza, pero también de desafíos que se acumulan con el paso de los años y los limitados recursos.
Se trata de la escuela Isla Damas #2, ubicada en Parrita, Puntarenas, un centro educativo unidocente que durante un fin de semana recibió una visita poco común: estudiantes de 12 países llegaron hasta sus instalaciones para transformar sus espacios y compartir una experiencia de servicio comunitario.
Los jóvenes provenían de Argentina, Ecuador, Perú, Venezuela, Colombia, Panamá, Guatemala, México, Estados Unidos, España, Israel y Costa Rica. Todos participaron en el Campamento Intercolegial de la Fundación CADENA, realizado por primera vez en territorio costarricense como parte de su duodécima edición.
La actividad fue mucho más que una jornada de voluntariado.
Los estudiantes y voluntarios limpiaron el lodo acumulado en distintas áreas, pintaron paredes, restauraron mobiliario, embellecieron el entorno con plantas ornamentales y entregaron ropa, zapatos y más de 30 filtros de agua a la comunidad.
Para la docente Mireya Brenes Núñez, única educadora del centro, la intervención representó una ayuda que difícilmente habría llegado por otra vía.
“Hace muchísimos años había otra escuela, la Isla Damas #1, pero debido a una situación con el mar se llevó todo el terreno y solo quedó esta. Este tipo de escuelas unidocentes estamos siendo muy afectadas porque nos están quitando mucho presupuesto, de acuerdo a la matrícula. Tenemos muchas necesidades porque el dinero no alcanza y a la escuela desde que la construyeron no se le ha hecho nada. Fundación CADENA ha venido a bendecirnos”, expresó.
La realidad de Isla Damas #2 refleja una situación que enfrentan diversos centros educativos rurales del país: presupuestos ajustados, poca matrícula y limitadas posibilidades de inversión en infraestructura.
Un campamento para formar líderes
El encuentro en Costa Rica fue parte de la “Iniciativa CADENA”, un programa que desafía a estudiantes de secundaria a desarrollar proyectos humanitarios en sus respectivos países.
Los ganadores nacionales obtuvieron el derecho de participar en el campamento internacional, que se desarrolló durante tres días en Isla Damas.
Durante 72 horas, los jóvenes participaron en actividades educativas y recreativas como observación de cocodrilos, liberación de tortugas, fogatas, actividades culturales y convivencia junto al mar.
Pero el momento culminante llegó con la presentación de proyectos y la escogencia del mejor entre los 12 países participantes.
El primer lugar fue para Venezuela con la iniciativa “Eleva”, un proyecto que busca financiar mejoras en escuelas deterioradas mediante la venta de “Cajas Aromáticas Premium”.
Según los estudiantes venezolanos, las malas condiciones de muchas escuelas transmiten un mensaje preocupante a las nuevas generaciones: que su futuro no importa.
“Esta es la final de ‘INICIATIVA’ de CADENA Internacional, uno de nuestros programas estrella en el área educativa, el cual busca enseñar a los líderes de las generaciones futuras acerca de las problemáticas del mundo y al final los menores deben desarrollar alguna idea o proyecto que sirva para resolver alguna de esas situaciones”, explicó Sol Bentolila, secretaria general de CADENA Internacional.
Ayuda mano a mano
La Fundación CADENA es una organización humanitaria internacional presente en más de 20 países.
En Costa Rica cumple una década de trabajo con proyectos enfocados en la atención de emergencias, apoyo a comunidades afectadas por fenómenos naturales, ayuda a personas migrantes y acompañamiento a poblaciones indígenas.
La organización es el brazo humanitario de la Comunidad Judía y basa su trabajo en la idea de que reparar el mundo comienza con la acción.
Su nombre simboliza precisamente eso: una cadena de personas unidas para tender puentes entre la necesidad y la esperanza.
Durante un fin de semana, esos eslabones llegaron hasta una pequeña escuela de Parrita. Y aunque las paredes recibieron pintura nueva y el mobiliario fue restaurado, quizá la transformación más importante fue otra: recordarle a una comunidad educativa de apenas cinco alumnos que el mundo también puede mirar hacia ellos.