
Por Doreen Fiedler (dpa)
Nueva Delhi (dpa) – Viajemos en el tiempo, cien años hacia atrás, a un país lejano en oriente: la India. La mayoría de sus habitantes son campesinos pobres. Pero muchas veces no les es permitido sembrar cereales y verduras para mitigar su hambre. Por el contrario, están obligados a sembrar algodón, para que las fábricas textiles puedan producir telas.
Quienes tenían el poder les compraban la cosecha por poco dinero. El poder lo tenían en esos tiempos los británicos. Porque India era una colonia británica, le pertenecía a Gran Bretaña.
Muchos indios consideraban que todo esto era muy injusto. Entre ellos uno llamado Mahatma Gandhi, quien se propuso liberar al pueblo indio oprimido del dominio del Imperio Británico. Gandhi quería que los indios pudiesen elegir su propio gobierno.
Gandhi escribió en uno de sus libros: «Lucharé toda mi vida por una India en la que hasta el más pobre tenga voz en su país». Pero no lo hizo por las armas. Convocó a sus compatriotas a iniciar una resistencia pacífica contra sus dominadores. Simplemente, que dejaran de obedecer a los ingleses. Y que no cumplieran las leyes injustas.
Obviamente los británicos no estaban de acuerdo con estas medidas de resistencia. Por un tiempo encarcelaron a Gandhi. Pero él no abandonó su lucha y prosiguió con su resistencia pacífica. Finalmente tuvo éxito con sus ideas. India se convirtió en un país independiente, el poder colonial británico tuvo que retirarse.
Mahatma Gandhi sigue siendo una persona célebre y querida en la India, a casi 70 años de su muerte. Las niñas indias Somya y Shefali, de 9 y 14 años, escucharon mucho sobre su vida. «En nuestro libro escolar dice que fue un luchador por la libertad», dice Somya, «fue el hombre más importante de la historia de la India.»
En Nueva Delhi, la capital india, hay un museo dedicado íntegramente a Gandhi. En las vitrinas se exponen su cepillo de dientes, sus gafas, sus relojes de bolsillo, sus fuentes para comer, su vestimenta y muchos otros objetos vinculados a su vida cotidiana. Somya y Shefali, que son primas, vinieron al museo para ver esa exposición.
«Las gafas son totalmente anticuadas», opina Shefali, «pero así es como lo conocemos: gafas redondas, un bastón y el dhoti». El dhoti es la prenda de tela que se viste en torno a la cadera y se pasa entre las piernas.
La última sala del museo es triste. Allí se expone un dhoti manchado de sangre. Es el que llevaba puesto Mahatma Gandhi el 30 de enero de 1948, cuando fue asesinado, a los 78 años de edad.
Su asesino era un indio que no estaba de acuerdo con las ideas de Gandhi y que estaba a favor de la violencia. Pero no pudo evitar que Mahatma Gandhi lograra grandes cambios en su país mediante la resistencia pacífica. Y que hasta hoy sea honrado por ello en todo el mundo.