San José, 14 may (elmundo.cr) – Por años, los llamados “tiempos” fueron vistas en Costa Rica como parte del paisaje informal de algunos barrios populares: pequeños sorteos clandestinos, vendedores callejeros, apuestas improvisadas y redes discretas que sobrevivían al margen del sistema oficial.
Hoy, esa realidad cambió radicalmente.
Lo que antes parecía una actividad marginal se transformó en una sofisticada economía paralela del juego que mueve cientos de millones de dólares, opera mediante plataformas digitales, utiliza sorteos internacionales en tiempo real y está erosionando el monopolio histórico del Estado sobre las loterías.
La magnitud del fenómeno llamó recientemente la atención internacional cuando Bloomberg publicó el reportaje “Illegal Lotteries Are Beating Governments at Their Own Game”, utilizando a Costa Rica como uno de los principales casos de estudio para ilustrar un problema global: el rápido crecimiento de loterías ilegales que están superando a los sistemas estatales gracias a tecnología, flexibilidad y una comprensión más agresiva del consumidor moderno.
El artículo plantea una realidad incómoda para muchos gobiernos: los monopolios públicos del juego, protegidos durante décadas por regulación y tradición institucional, están perdiendo terreno frente a redes clandestinas más rápidas, más digitales y, desde la perspectiva del usuario, considerablemente más atractivas.
En Costa Rica, el impacto trasciende el ámbito del entretenimiento o las apuestas. La lotería oficial administrada por la Junta de Protección Social (JPS) constituye uno de los pilares históricos del financiamiento social del país.
Los recursos provenientes de la JPS sostienen:
- hogares de ancianos,
- organizaciones de discapacidad,
- albergues,
- hospitales,
- centros de atención comunitaria,
- asociaciones sociales,
- y múltiples programas de bienestar.
Por eso, cada colón que deja de ingresar a la lotería oficial representa menos dinero para programas que históricamente han dependido de ese financiamiento.
Bloomberg sostiene que Costa Rica se convirtió en una especie de laboratorio regional de una transformación mucho mayor: la migración del negocio del juego desde estructuras estatales tradicionales hacia ecosistemas digitales informales y transnacionales.

El nacimiento de una economía paralela
Los “tiempos” han existido durante décadas en el país, generalmente vinculadas a resultados de loterías extranjeras o sorteos no autorizados que circulaban principalmente en sectores populares.
Sin embargo, la investigación de Bloomberg muestra que el fenómeno actual opera en una dimensión completamente distinta.
Hoy las loterías ilegales funcionan abiertamente en:
- mini súper,
- pulperías,
- bares,
- sodas,
- locales comerciales,
- salones de belleza,
- tiendas informales,
- y pequeños puestos callejeros.
En muchos casos, la experiencia ya no luce clandestina.
El jugador llega, realiza la apuesta, recibe un comprobante impreso o digital y puede cobrar sus ganancias en cuestión de minutos u horas.
El reportaje describe escenas en San José donde autoridades policiales realizan decomisos o allanamientos, pero los operadores reaparecen rápidamente en otros locales cercanos, reflejando la enorme capacidad de adaptación del sistema.
Según estimaciones citadas alrededor de la investigación, el mercado ilegal podría mover más de 500 millones de dólares anuales en Costa Rica, una cifra extraordinaria para un país del tamaño costarricense y particularmente relevante porque opera fuera del sistema formal.
¿Por qué las loterías ilegales están ganando?
La conclusión central de Bloomberg es directa: las loterías ilegales están entendiendo mejor al consumidor moderno que los propios sistemas estatales.
Uno de los principales atractivos es el nivel de los premios.
Mientras algunos productos oficiales de la JPS pagan aproximadamente 70 veces el monto apostado, operadores ilegales llegan a ofrecer retornos de 90 o incluso 100 veces la apuesta. Para miles de personas afectadas por inflación, desempleo o presión económica, la diferencia resulta decisiva.
El jugador promedio compara tres elementos básicos:
- cuánto apuesta,
- cuánto puede ganar,
- y qué tan rápido recibe el dinero.
En esa ecuación, las redes clandestinas frecuentemente salen favorecidas.
La velocidad también juega un papel fundamental. Muchos sistemas ilegales pagan prácticamente de inmediato. El vendedor suele conocer personalmente a los clientes y el cobro se realiza en efectivo o mediante transferencias rápidas.
El sistema oficial, en cambio, puede requerir:
- validación del billete,
- procesos administrativos,
- traslados,
- tiempos de espera,
- y trámites adicionales para premios mayores.
Para amplios sectores populares, la inmediatez se volvió un factor tan importante como el premio mismo.
Otro elemento decisivo es la accesibilidad. La lotería ilegal está literalmente integrada a la vida cotidiana de los barrios. Mientras la JPS depende de estructuras reguladas y vendedores autorizados, los “tiempos” funcionan prácticamente en cualquier sitio donde exista demanda.
Además permiten:
- apuestas pequeñas,
- combinaciones flexibles,
- participación constante,
- y en algunos casos hasta crédito informal.
El resultado es una experiencia mucho más inmediata, continua y cercana al consumidor.
El papel de la tecnología
Uno de los aspectos más sorprendentes del fenómeno es la modernización tecnológica de las redes ilegales.
Lejos de operar como estructuras rudimentarias, muchos operadores utilizan:
- aplicaciones móviles,
- grupos de WhatsApp,
- sistemas automatizados,
- plataformas digitales,
- recibos electrónicos,
- software para calcular premios,
- pagos móviles,
- y redes sociales para promoción.
Bloomberg plantea una paradoja incómoda: las estructuras clandestinas evolucionaron más rápido que los sistemas oficiales. En algunos casos, la experiencia del usuario resulta incluso más eficiente y moderna que la ofrecida por las plataformas estatales.
Nicaragua, Honduras y la internacionalización de las apuestas
Uno de los hallazgos más relevantes del reportaje es el carácter internacional del sistema.
Las loterías ilegales costarricenses dejaron de depender exclusivamente de los sorteos nacionales y comenzaron a incorporar resultados provenientes de: Nicaragua, Honduras, Panamá, República Dominicana, El Salvador y sorteos vinculados a Nueva York.
En Costa Rica, nombres como:
- “La Nica”,
- “Honduras”,
- “La Dominicana”,
- “La Salvadoreña”,
- “Panamá”,
- y “Nueva York”
ya forman parte del lenguaje cotidiano dentro del ecosistema clandestino de apuestas.
Cada uno representa un nuevo sorteo y una nueva oportunidad de ganar. Este elemento transformó completamente la dinámica tradicional de la lotería.
Mientras la Junta de Protección Social opera con horarios y sorteos limitados, las redes ilegales generan una cadena casi continua de resultados durante todo el día utilizando loterías extranjeras.
El jugador puede apostar desde la mañana hasta la noche siguiendo sorteos internacionales prácticamente sin interrupción. La multiplicación de sorteos se convirtió en uno de los mayores atractivos del sistema ilegal.
Bloomberg sostiene que este modelo ofrece: más frecuencia, más emoción, más participación y una interacción constante con el jugador.
La lógica psicológica cambia por completo: la apuesta deja de ser un evento ocasional y pasa a convertirse en una actividad continua y permanente.
Además, el uso de sorteos internacionales dificulta enormemente la fiscalización.
Las autoridades costarricenses ya no enfrentan únicamente vendedores locales improvisados, sino una red conectada a resultados extranjeros que opera con lógica regional y capacidad de reorganización inmediata.
El golpe silencioso a la Junta de Protección Social
El impacto financiero sobre la JPS es uno de los aspectos más delicados del fenómeno.
Durante décadas, la lotería oficial ha funcionado como una herramienta de redistribución social en Costa Rica.
La institución financia: hogares de ancianos, programas de discapacidad, hospitales, organizaciones sociales, refugios, centros comunitarios y múltiples proyectos de asistencia pública.
Por eso Bloomberg presenta el crecimiento de las loterías ilegales como algo más profundo que una simple competencia comercial.
Cada apuesta que migra hacia el sistema clandestino representa: menos recursos para programas sociales, menor financiamiento comunitario y presión creciente sobre el modelo histórico de bienestar social costarricense.
El reportaje conecta directamente el auge de las “tiempos” con las dificultades financieras enfrentadas por la JPS en los últimos años.
La pandemia como punto de inflexión
La crisis provocada por el COVID-19 aparece como uno de los momentos clave en la expansión del fenómeno.
Durante la pandemia: aumentó el desempleo, creció la informalidad, muchas personas buscaron ingresos rápidos y las redes digitales de apuestas se expandieron aceleradamente.
Al mismo tiempo, la JPS registró una caída importante en ingresos y utilidades.
Mientras el sistema oficial enfrentaba restricciones y rigidez institucional, las estructuras clandestinas demostraron una capacidad de adaptación mucho más rápida.
La pandemia aceleró tanto la digitalización como la informalidad del mercado del juego.
Sospechas de lavado de dinero y crimen organizado
El crecimiento del sistema ilegal también despertó preocupaciones en materia de seguridad.
Autoridades e investigadores citados en distintas coberturas relacionadas sostienen que algunos modelos de lotería ilegal parecen financieramente difíciles de sostener únicamente mediante apuestas tradicionales.
Eso alimenta sospechas sobre: lavado de dinero, financiamiento criminal y participación de estructuras organizadas.
Bloomberg menciona que ciertos operadores reaparecen rápidamente después de allanamientos, manejan grandes volúmenes de efectivo y mantienen amplias redes de distribución difíciles de explicar para pequeños negocios informales.
Aunque no todas las “tiempos” están necesariamente vinculadas al crimen organizado, la expansión del sistema crea un entorno propicio para operaciones financieras opacas.
Costa Rica como símbolo de un fenómeno global
El caso costarricense forma parte de una tendencia internacional mucho más amplia.
Bloomberg compara el fenómeno con: los “numbers games” en Estados Unidos, el “Jogo do Bicho” en Brasil y otros sistemas informales de apuestas que históricamente prosperaron fuera de los marcos regulatorios.
La diferencia actual es la tecnología.
Las plataformas digitales permiten: expansión acelerada, operación transnacional, descentralización, pagos instantáneos y adaptación constante.
El reportaje deja una conclusión inquietante: muchos sistemas estatales están compitiendo contra estructuras ilegales más rápidas, más flexibles y mucho más agresivas comercialmente.
Costa Rica aparece así como uno de los ejemplos más visibles de una transformación global del negocio del juego en la era digital.
Un desafío para el futuro
La gran pregunta que deja abierta la investigación es cómo puede competir el Estado frente a sistemas clandestinos que ofrecen: mejores premios, pagos más rápidos, más accesibilidad, tecnología más moderna y sorteos prácticamente continuos.
Cerrar vendedores individuales parece insuficiente frente a una estructura descentralizada y altamente adaptable.
Bloomberg describe el fenómeno no como una suma de pequeños operadores improvisados, sino como un ecosistema económico paralelo que evoluciona constantemente.
Para Costa Rica, el desafío ya no es solamente policial. Tiene dimensiones: económicas, sociales, regulatorias, tecnológicas y de seguridad nacional.
Porque detrás del auge de las “tiempos” no solamente está cambiando la manera en que las personas apuestan. También está cambiando la capacidad del Estado para sostener uno de los mecanismos históricos de financiamiento social más importantes del país.