San José, 30 jun (elmundo.cr) – En pleno siglo XXI resulta difícil entender que un servicio de banca electrónica tenga horario de funcionamiento para una de sus operaciones más básicas: las transferencias bancarias.
El sitio web del Banco de Costa Rica (bancobcr.com), diseñado para permitir a los clientes realizar transacciones en línea, debería ofrecer disponibilidad permanente. Precisamente esa es una de las principales ventajas de la banca digital: poder acceder a los servicios financieros las 24 horas del día, los siete días de la semana, sin depender de los horarios de una sucursal física.
Sin embargo, la realidad es otra. Al consultar al servicio de atención por WhatsApp del Banco de Costa Rica sobre la imposibilidad de realizar transferencias durante la noche, la respuesta fue la siguiente:
“Le comentamos que las transferencias se encuentran habilitadas en horario de 5:00 a.m. a 10:00 p.m. Esta medida es transitoria y no impide realizar cualquier otra gestión en nuestros canales.”
En la práctica, fuera de ese horario el sistema deja de mostrar las cuentas previamente registradas para realizar transferencias a terceros y únicamente aparecen las cuentas propias del cliente, haciendo imposible completar la operación.
Este inconveniente afecta a miles de usuarios que, por razones laborales, diferencias de horario, viajes, emergencias o simplemente por disponibilidad de tiempo, necesitan realizar pagos o transferencias durante la noche o la madrugada.
El problema adquiere una dimensión aún mayor en fechas de pago de planillas, cuando muchas empresas requieren efectuar transferencias fuera del horario laboral para cumplir oportunamente con sus obligaciones.
Aunque el banco califica la medida como “transitoria”, no deja de generar una preocupación de fondo: transmite la impresión de que la institución no cuenta actualmente con la capacidad tecnológica para ofrecer un servicio de banca virtual seguro, confiable y disponible de forma continua.
La transformación digital de los servicios financieros no consiste únicamente en trasladar una oficina al internet, sino en aprovechar precisamente aquello que la tecnología permite: disponibilidad permanente, accesibilidad y continuidad del servicio.
Si la banca virtual mantiene horarios similares a los de una sucursal física, pierde una parte importante de la razón por la cual los clientes optan por utilizarla. Los usuarios esperan que un banco estatal, con décadas de experiencia y una importante inversión en tecnología, pueda ofrecer un servicio acorde con los estándares actuales de disponibilidad y confiabilidad.
La banca digital no debería cerrar sus puertas a las diez de la noche.