
Por Julia Naue (dpa)
En Tinder sólo se ven las fotos de las potenciales parejas de encuentro. Saber más o menos del candidato depende de si uno arrastra la imgen hacia la izquierda o hacia la derecha. En cambio, en OKCupid los usuarios deben responder preguntas como “¿Crees que las mujeres deben estar siempre bien vestidas?” Luego, a partir de las respuestas, la app calcula cuánta coincidencia hay entre los usuarios.
Carola está convencida de que nadie debe tener vergüenza de utilizar estas apps. Asegura que gracias al auge de las aplicaciones las citas online han perdido ese toque poco decoroso que solían tener. Además, comenta que, si no fuese por las aplicaciones, nunca habría tenido tantas citas en tan poco tiempo. Ha conocido a muchas personas. Algunos encuentros fueron divertidos, otros no tanto, cuenta.
“Tal vez en la vida normal, en la vida sin apps, hubiera estado más tiempo con alguno de ellos, le hubiera dado una oportunidad”. Pero ahora, ante la duda, su lema es: ¡Que pase el próximo!

Algunos especialistas opinan que la nueva tendencia no es necesariamente positiva. “Las personas se convierten en un producto, como si fuesen una oferta”, opina el terapeuta Rodolfo Wacker, que asegura que eso influye en el modo de buscar pareja. ¿Por qué contentarme con el primero que conozco si puedo seguir buscando? Siempre se cree que se puede encontrar a alguien mejor. La red funciona como un back-up.
Se recomienda no pasar mucho tiempo con la app y saltar pronto a los hechos, porque quienes estan yendo y viniendo con mensajes sin haber visto nunca al otro a veces creen conocerlo sin pensar cuánto puede distar entre esa impresión digital y la realidad.
No está mal hablar por teléfono antes de coordinar una primera cita para ver si va todo bien, si uno se entiende con el otro, cómo es la voz y si inspira cierta confianza. Lo fundamental es que el primer encuentro sea en un espacio público.
Carola tampoco hubiera invitado nunca a alguien que no conoce a su casa. Y ahora se dejará sorprender por su próximo encuentro.