San José, 03 ago (elmundo.cr) – Los titulares recientes sobre inteligencia artificial (IA) generativa han puesto el foco en su huella hídrica. Se sabe que entrenar un modelo como GPT‑3 puede utilizar alrededor de 700.000 litros de agua dulce, y que la demanda global de la IA podría oscilar entre 4.200 y 6.600 millones de metros cúbicos de agua en 2027. Sin embargo, esta conversación tiene matices importantes en un país como Costa Rica, donde no existen grandes centros de datos de IA, pero ¿significa eso que el país puede desentendernos del tema ambiental?
“No podemos ignorar el agua, pero en Costa Rica el impacto de la IA se manifiesta sobre todo en otros frentes: el aumento del consumo energético por la creciente digitalización y la gestión de desechos tecnológicos”, explica Guillermo Salas Dalsaso, experto en innovación y transformación digital.
Aunque las torres de refrigeración de centros de datos se encuentran a miles de kilómetros, el país sí debe prepararse para la presión que una economía cada vez más digital ejercerá sobre su matriz eléctrica y sus sistemas de reciclaje.
La huella hídrica: un problema global del que no somos ajenos
La IA necesita agua principalmente para enfriar los servidores que ejecutan y entrenan los modelos. Se estima que la tecnología consume entre 1,8 y 12 litros de agua por cada kilovatio hora de energía utilizada, y que una respuesta de 100 palabras de ChatGPT puede requerir unos 519 mililitros de agua. Aunque estas cifras se registran en centros de datos ubicados fuera del país, Costa Rica es usuaria intensiva de servicios de IA y streaming. “Cada chatbot que usamos activa un servidor en otra región que necesita agua y energía. Nuestra demanda digital alimenta esa huella mundial”, recuerda Salas Dalsaso.
El verdadero reto local: consumo energético y desechos electrónicos
Mientras el agua centra el debate internacional, Costa Rica enfrenta desafíos más cercanos relacionados con la expansión de su infraestructura tecnológica. El uso de internet está en auge: según la Superintendencia de Telecomunicaciones (SUTEL), el país cuenta con 6,33 millones de suscripciones a servicios de datos fijos y móviles. La penetración de internet supera el 80% de los hogares y el dispositivo más usado para conectarse es el celular (97,4 %). El despliegue de fibra óptica ha crecido un 80 % de 2022 a 2023, alcanzando 203.414 kilómetros; casi la mitad de las suscripciones fijas ya se proveen por fibra. Este boom digital implica más routers, repetidoras, centros de datos de operadores y millones de dispositivos que consumen electricidad a todas horas.
A nivel mundial, el uso de IA también está impulsando la demanda de energía: una consulta de ChatGPT consume casi diez veces más electricidad que una búsqueda típica de Google, equivalente a mantener encendida una bombilla LED durante una hora. Los centros de datos estadounidenses han pasado de representar el 1,9% al 4,4% del consumo eléctrico nacional en cinco años y podrían llegar al 12% para 2028. Si bien Costa Rica no alberga estas infraestructuras, sí depende de ellas y debe asegurar que su red eléctrica –casi totalmente renovable– pueda soportar el crecimiento de equipos y dispositivos.
Otro frente crítico es la gestión de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE). En 2022 se generaron 62 millones de toneladas de RAEE a nivel mundial y solo el 22,3% fue reciclado. En América Latina, apenas el 2,7 % de los residuos se recolecta y trata de forma ambientalmente segura. Costa Rica recolectó un 12% más de RAEE en 2021 respecto al año anterior, pero eso apenas equivale al 8,2 % del total generado, estimado en 69.671 toneladas.
“Si vamos a utilizar más dispositivos para conectarnos a la IA, necesitamos un plan robusto para reciclar los aparatos que descartamos”, advierte Salas. El Ministerio de Salud reconoce esta brecha y organiza campañas como el RAEE-TÓN, que busca elevar las tasas de reciclaje aún inferiores al 10 %.
Prepararse para la ola tecnológica: lo que propone el experto
Para Dalsaso, la sostenibilidad de la IA en Costa Rica no pasa por construir centros de datos –una tarea costosa y poco viable por ahora– sino por adoptar una visión integral de la tecnología verde. Estas son sus recomendaciones:
- Planificar el crecimiento digital. Las redes de telecomunicaciones seguirán expandié Se debe invertir en infraestructuras energéticamente eficientes, promover edificios con climatización sostenible y apostar por energías limpias para alimentar los dispositivos y equipos que sostienen la conectividad.
- Circularidad y reciclaje de equipos. Fortalecer campañas como RAEE-TÓN y establecer incentivos para que las empresas recuperen y reciclen dispositivos electrónicos. También se deben crear normas para la importación de equipos duraderos y reparables, reduciendo la obsolescencia programada.
- Educación y consumo responsable. Informar a la ciudadanía sobre la huella energética de cada interacción digital y fomentar prácticas de sobriedad tecnológica: apagar dispositivos cuando no se usan, actualizar software en lugar de reemplazar hardware, y elegir servicios que operen con energías renovables.
- Exigir transparencia a los proveedores. Aunque la infraestructura no esté en territorio nacional, el país puede exigir a proveedores de IA reportes de consumo de agua y energía y priorizar aquellos con compromisos ambientales verificables.
“Costa Rica ha sido ejemplo en energías limpias y conservación. Ahora se debe extender esa responsabilidad a nuestra vida digital: la IA nos ofrece enormes beneficios, pero solo si la usamos con criterios de sostenibilidad y conciencia ambiental”, concluye Guillermo.