
Por Andrea Abrell (dpa)
Todos los años, cuando comienza a hacer un poco más de calor y las mujeres quieren usar vestidos o faldas pero no se animan porque tienen las piernas blanquísimas, o incluso en los meses de invierno, cuando muchas otras no soportan verse con la cara pálida, recurren a las cremas autobronceantes.
Lo que ayuda a dar un tono saludable de verano, por curioso que suene, es el azúcar, ya que el principal principio activo en los productos autobronceantes con la sigla DHA es la dihidroxiacetona, un carbohidrato obtenido de plantas como la remolacha o la caña de azúcar. Al aplicarla, la DHA reacciona a las proteínas que se encuentran en las capas superiores de la piel, lo que da un ligero tono bronceado.
Si bien su nombre suena más químico que otra cosa, la dihidroxiacetona no es poco saludable. Incluso aparece naturalmente en el cuerpo humano. En líneas generales, los autobronceantes son una alternativa saludable a las radiaciones del sol o el solarium, ya que no provocan los mismos daños que las quemaduras por el sol ni generan riesgos de cáncer de piel.
En general, los dermatólogos creen que la mayoría de los productos que se encuentran en el mercado son relativamente inofensivos. A veces pueden provocar alergias, pero se trata de casos aislados. Otra cosa a tener en cuenta es que la piel de por sí seca se reseca un poco más tras aplicar el producto. Pero en principio la mayoría de tipos de piel tolera bien los autobronceantes. Si se tiene la piel muy sensible y se tienen dudas acerca del autobronceante, lo mejor es probarlo antes colocando una pequeña cantidad en el antebrazo o con ayuda de un dermatólogo, que lo aplica con un pequeño apósito a modo de prueba en la espalda.
En cuanto a las pieles secas, ya existen varios productos que ayudan mediante otra fórmula de este azúcar bronceante, la llamada eritrulosa. Esta sustancia actúa en forma directa junto a los aminoácidos que se encuentran en las capas más profundas de la piel y mejora su capacidad de mantener la humedad. La desventaja es que estos productos broncean más lentamente que las variantes con DHA.

Uno de los riesgos de los autobronceantes son las manchas. Sin embargo, hay algunos tips para minimizar los riesgos. Lo mejor es usar los productos autobronceantes después de la ducha y un peeling en todo el cuerpo. Lo que hay que evitar sí o sí es aplicarlo en las cejas y en la línea del cabello, porque eso siempre da como resultado un look “manchado”.
Si bien para notar el efecto de un autobronceante antes había que esperar unas seis horas, los de nueva generación suelen ser mucho más rápidos: en una o dos horas se logra el ansiado look de verano.
Otra alternativas, más allá de las cremas autobronceantes, son las duchas bronceadoras. Se ingresa en una cabina previa eliminación de restos de crema y grasa de la piel. Una vez adentro, se libera una loción bronceadora que cubre la piel de manera uniforme. La sustancia que actúa en las duchas bronceadoras es la misma que la de las cremas: DHA.
Tan importante como una correcta aplicación del autobronceante es el cuidado posterior de la piel. Dado que por el empleo de estos productos la piel se reseca más, hay que usar mucha crema hidratante. Esto vale sobre todo para partes del cuerpo en las que de por sí la piel no es tan grasa, como la pantorrilla.
Un último dato: una pequeña parte de quienes usan autobronceantes siguen pálidos. Esto se debe a que les falta por completo o en parte un aminoácido especial que posibilita la reacción a la DHA. Sin embargo, tampoco ellos tienen por qué renunciar a un look veraniego: siempre les quedan los geles y polvos en tono bronce.