Por Brigitte Vordermayer (dpa)
En general, hay tres motivos por los cuales los padres envían a sus hijos a un internado: el primero, para compensar problemas sociales y muchas veces familiares; el segundo, por la dificultad de conciliar la vida profesional con la familiar cuando los dos padres trabajan. Y el tercero es para que el hijo reciba una formación superior a la de las escuelas normales.
Muchos internados ponen un acento especial en ámbitos como el deporte, la cultura, los valores, las ciencias sociales o la política. También apuestan a clases más pequeñas, materias especiales, buenas instalaciones y muchas actividades para hacer en el tiempo libre.
La mayoría de los internados suele contar con pedagogos que asesoran en temas escolares y extraescolares, así como en situaciones de vida personales. También desempeña un papel especial el sentimiento de comunidad. De alguna manera, los jóvenes aprenden a vivir en sociedad de forma directa más que en cualquier otro contexto.
Sin embargo, todo esto tiene un precio: los jóvenes están lejos de casa y muchos de ellos extrañan a sus padres, hermanos y amigos. Para muchos otros, lo peor es la falta de intimidad: en una comunidad tan grande, es más difícil retirarse.
La educación en un internado tampoco es lo mejor para todos. Los niños y jóvenes que son enviados a un internado deben tener cierta afinidad con la vida comunitaria, respetar ciertos valores y saber atenerse a determinadas reglas. Pero lo más importante es que valoren de forma positiva su permanencia en un internado. No tiene ningún sentido que un niño o un joven termine allí presionado u obligado por sus padres.
Cuál es la edad ideal para ingresar en un internado varía en cada caso. Algunos entran de niños, otros en la pubertad. La mayoría de los internados es bastante costosa, aunque los niños o jóvenes con muy buenas notas suelen recibir becas si las necesitan.
Por otra parte, los psicólogos advierten a los padres acerca de tener expectativas exageradas. Un internado no convertirá a un niño con problemas de conducta en un santo que sólo piensa en aprender y que ya no se ve tentado por ningún pecado correspondiente a su edad. Si hay algo que terminó de dejar en claro la saga juvenil “Harry Potter” es que una de las cosas más atractivas de los internados es que ofrecen la oportunidad de gastar una que otra broma y saltearse unas cuantas reglas.