
San José, 3 mar (elmundo.cr) – El cáncer de cérvix o de cuello uterino, es el tercero de más incidencia en la población femenina en Costa Rica. Según el Centro Nacional de Tumores del Ministerio de Salud al 2012, esta enfermedad presentaba una incidencia de 26,43 casos por cada 100 mil mujeres y según datos del 2013, mata a cinco por cada 100 mil.
De acuerdo a esta institución las provincias con mayor incidencia son Guanacaste en primer lugar, seguido de San José y Cartago.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el Virus del Papiloma Humano es el causante de esta enfermedad, pero dos cepas específicas, la 16 y 18, son las responsables del 70% de los casos.
Al ser un virus que se transmite por la vía sexual, la educación y el uso de métodos de protección como el condón, son las mejores medidas para evitar que las mujeres enfermen.
El doctor Rolando Loría, médico oncólogo de Radioterapia Siglo XXI, explica que cada vez mujeres más jóvenes son diagnosticadas con la enfermedad, incluso en estados avanzados.
“Las mujeres de más baja condición socioeconómica son las que más se enferman, porque tienen dificultad para acceder a educación sexual, que promueva la necesidad de protegerse en las relaciones sexuales”, destaca el especialista.
Según la Encuesta de Salud Sexual y Reproductiva, realizada por el Ministerio de Salud en el 2010, el inicio de la vida sexual de las ticas está entre los 15 y 19 años.
La OMS destaca que el cáncer de cuello uterino es el segundo tipo más frecuente en las mujeres de las regiones menos desarrolladas del mundo. Sólo en el 2012, hubo casi medio millón de casos nuevos en estos países, que representan el 84% del total mundial.
Además, otro dato que confirma la tendencia, es que para el 2012, el 85% de las muertes por este tipo de cáncer en el mundo se produjeron en países de ingresos bajos y medianos, grupo al que pertenece Costa Rica.
Loría agrega que la promiscuidad eleva la tasa de incidencia de enfermedades de transmisión sexual, entre ellas; el VPH.
Los varones son portadores del VPH, sin presentar síntomas, por lo que puede contagiarlo a diferentes parejas sexuales sin percatarse de ser portadores del virus. El médico explica que la mayoría de la población con malas prácticas sexuales, se contagia a lo largo de su vida, con alguna de las más de 100 cepas diferentes de VPH que existen.
En cuanto al tratamiento, la radioterapia es el procedimiento ideal, explica Loría, principalmente en el caso de equipos de alta tecnología como la Radioterapia de Intensidad Modulada; con el que cuenta el centro Radioterapia Siglo XXI.
“Con esta tecnología se puede irradiar con exactitud y dosis adecuadas el tejido dañado, sin afectar tejido u órganos sanos cercanos. Además se puede llegar a zonas de difícil acceso que se afectan con el cáncer del cuello del útero, como es el peritoneo o membrana que cubre la superficie interior del abdomen” comenta el médico.
Prevención es la clave
Loría agrega que el cáncer de cuello de útero en sus primeras etapas no presenta síntomas ni dolor alguno, por lo cual es difícil de diagnosticar tempranamente, de ahí la importancia de realizarse la valoración por la técnica del Papanicolaou.
Los síntomas aparecen cuando la enfermedad está en estados avanzados y en muchos casos ya presenta metástasis a otras partes del cuerpo.
Los síntomas incluyen sangrado vaginal irregular entre periodos menstruales o sangrado anormal después de las relaciones sexuales, dolor de espalda, piernas o pélvico, cansancio, pérdida de peso, apetito, molestias vaginales, flujo vaginal oloroso o hinchazón de una sola pierna.
El mayor error de las mujeres en no ir a control a los centros de salud. La prueba que permite la detección temprana del cáncer es el Papanicolaou, que puede descubrir a tiempo lesiones en el cuello del útero que puedan desarrollar cáncer.
“Estamos hablando de descuido por parte de las mujeres en su salud, ya que el virus puede tardar entre 15 a 20 años para desarrollar cáncer en una mujer con un sistema inmunológico sano y en mujeres con sistema inmune debilitado entre 5 y 10 años” explica Loría.
El médico insiste en que es prioritario que las mujeres se acerquen a los centros de salud y se realicen la prueba al menos cada dos años.