Desde hace rato distintos actores políticos con diversos intereses y asimétricos recursos comenzaron a “jugar” a la campaña electoral, que oficialmente inició con la convocatoria a elecciones realizada por el TSE el 01 de octubre de 2025.
La estrategia: un persistente y cohesionado relato con una acción coherente que desafía elementos del sistema político, considerado garante de élites enquistadas en su corazón, proponiéndose como remedio una transformación institucional; frente a la visión opositora y fragmentada que lo ha procesado como amenaza a la democracia con talante autoritario, convirtiendo la discusión en una larga “campaña anticipada”.
Tales circunstancias han propiciado un polarizado y hostil ejercicio político que, aunque termina hablando bien de la resiliencia democrática, tienen hoy el efecto de relegar hasta el desdeño la campaña electoral, que culminaría en las urnas el próximo 01 de febrero.
Esa discusión pública pudo haber nutrido con creces la oferta electoral -sin desconocer las demandas ciudadanas- de modo que el pueblo con más información y menos odio e insultos, se animara a participar y votar, no obstante abundan distintas formas de violencia antes que la claridad y amplitud de diagnóstico, y de los “cómo” -su grado de viabilidad-, los “cuándo” y “para quien” de las propuestas partidistas.
Se ha olvidado que toda campaña electoral principalmente le pertenece al soberano -no a los aspirantes de turno- como derecho político básico, pues sin su conquistable voto no habría gobierno ni representación.
Así, la Corte IDH ha conectado la razón de ser de estos procesos con la autenticidad de las elecciones, y por ejemplo en el Caso Canese Vs Paraguay (2004), enfatizó el poder ciudadano de cuestionar a las candidaturas para que puedan tomarse decisiones libres e informadas, y recordó la importancia de las condiciones mínimas equivalentes -libertad de pensamiento y expresión- en la competición electoral.
En la actualidad, con más información y conocimiento sobre los públicos electores, partidos y candidaturas, la ciudadanía delibera como nunca sobre la agenda pública y electoral según lo que ven, escuchan o leen en medios tradicionales, redes sociales y plataformas digitales, de ahí que también exijan campañas de calidad, más próximas y cargadas de contenido real y fundamentado, que les persuada de participar y votar por determinada opción electoral, al pensar o sentir que su vida personal y comunitaria mejorarían.
Las campañas políticas son esos espacios públicos, competidos pero cívicos, que vinculan temporalmente a la gente con los partidos y aspirantes a puestos para representarle, a partir de la comparación y eventual aceptación de mensajes concretos y creíbles, extraídos de planes y programas de gobierno sensatos y fiables.
Ahora, junto a la comunicación estratégica para ganar la elección como objetivo final, habrá de reconocerse que en democracia cada campaña conlleva el instrumental necesario para legitimarla -finalmente- con el ejercicio del sufragio, habiéndose brindado al pueblo la mayor y mejor información posible para esta fundamental intervención política.
En su alocución del pasado 1 de octubre, la señora presidenta del TSE se refirió a la importancia de aprovechar la campaña, recalcando que ese tiempo puede malgastarse… “en insultar a los rivales, caricaturizar sus ideas, repetir – sin reflexionar- unos pocos eslóganes y avivar las llamas de la ira y el miedo mutuo. O, podemos invertir estos cuatro meses en poner sobre la mesa, con franqueza y rigor, los problemas nacionales y los desafíos que enfrentamos como sociedad, y analizar -con seriedad- las propuestas que cada partido político planteé para solucionarlos…”. (Resaltados propios).
Lo cierto es que mucha gente, y algunos agentes de la institucionalidad tornados advenedizos actores con sed de reflectores y brillo, “combatieron” públicamente por más de dos meses de esos cuatro, las voces opuestas al inconstitucional e inoportuno segundo intento de levantamiento de la inmunidad presidencial, desplazando la campaña de su eje al perturbar el proceso electoral.
Ya comenzaron los debates y otros creativos formatos de interacción entre contendientes, para que el electorado pueda sopesar las plataformas políticas, confirmar su preferencia o decidir tenerla, valorando además la solvencia moral, emocional y técnica de las candidaturas para cumplirlas de alcanzar el gobierno.
Lo que ocurra en estos días dirá mucho sobre la libertad y limpieza de la contienda electoral, cuya nueva veda legal de difusión de mediciones y propaganda iniciará este 29 de enero. ¡Salgamos a votar y hacer historia!