Xenofobia y aporofobia en Costa Rica…

» Por Marisol Chévez Hidalgo - Licenciada en filosofía Universidad de Costa Rica

El problema surgido a raíz del tema migratorio en Costa Rica, hizo aflorar el fenómeno de la xenofobia y aporofobia que siempre ha estado presente en la idiosincrasia nacional, más allá de cualquier marcha que se haga a favor o en contra de los mismos hechos, los cuales se repiten cada tiempo, solo que con diferentes actores sociales y en diferentes momentos de nuestro desarrollo político y económico.

Por ello, si realmente queremos ser congruentes con la conformación de nuestra historia, en relación con el trato que se le brinda al diferente y desposeído, aunque venga huyendo de las peores dejaciones y violaciones a los Derechos Humanos, debemos ante todo hacer memoria, ya que el costarricense se caracteriza por recordar lo que le conviene y cuando le conviene, dependiendo de la situación y lugar en que se encuentre y principalmente en relación a su propia visión del otro y su entorno social.

Porque desde el siglo pasado y más específicamente durante el gobierno del Presidente León Cortés Castro, 1936-1940 y posteriormente, se realizaron varias campañas antisemitas aquí en Costa Rica, incluso conociéndose los horrores del Holocausto que se estaban gestando en toda Europa, desde el primero de setiembre de 1939, hasta el 2 de setiembre de 1945, cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, para todos aquellos que poseen mala memoria.

Al respecto traigo a colación éste tema, debido a la circular que la misma cancillería en aquel entonces, emitió con el número 667-F de la Secretaria de Relaciones exteriores del 7 de noviembre de 1939, dirigida a todos los representantes consulares en el mundo y que expresaba lo siguientes: “Ruego a Usted abstenerse de visar pasaportes que a esa oficina consular presenten individuos pertenecientes a la raza judía […]. Esta prohibición es general, y por ningún motivo se concederán excepciones en el procedimiento”. ( J. Schifter, L. Gudmunson, M. Solera, El Judío en Costa Rica. EUNED: San José, 1979, p.159.).

De ésta forma vale la pena recordar, las campañas en contra del ingreso de Judíos a Costa Rica en el Gobierno de León Cortés, las cuales deberían de servir por lo menos  para que los observadores internacionales que radican aquí, reflexionen sobre la verdadera y “Pura Vida” idiosincrasia del costarricense y ahora más que nunca, cuando ésta se encuentra orientada hacia miles de nicaragüenses desde el espectro xenófobo y aporófobo que nos caracteriza pero desde siempre.

No es la primera vez que llegan al territorio nacional oleadas de migrantes, ya sean judíos, cubanos, nicaragüenses o incluso gentes provenientes de la Península de los Balcanes en los años ochenta, al igual que Sirios en la administración del Gobierno pasado, o es que ya nadie se acuerda de ese episodio y además, el sin número de quejas presentadas por la comunidad Árabe en Costa Rica, a raíz de que no se les estaba recibiendo como era debido y menos, respetándoles sus costumbres y tradiciones religiosas.

Entonces qué estamos hablando en relación con el incremento del arribo de nicaragüenses, huyendo del gobierno de los Ortega-Murillo a la Suiza Centroamericana, reviviendo una serie de sentimientos que yacen en lo más profundo del ser costarricense, instaurados desde el conflicto bélico ocurrido en 1856 entre ambas naciones, a raíz del filibusterismo estadounidense que ocupó al vecino país del norte, comandado por William Walker quien sometió a Nicaragua, pero no así a Costa Rica.

Lo anterior lo expreso desde una visión critico-filosófica de la idiosincrasia costarricense, siendo fiel a la conformación histórico-social de éste país y a sus relaciones con Nicaragua, las cuales posteriormente se trastocaron de nuevo en 1948, cuando en Costa Rica estalló una Guerra Civil muy sangrienta y ante la cual, a la mayoría de los costarricenses no les gusta hablar, pero que consta en todos los libros de historia para no olvidar quienes somos y de dónde venimos y además, cual fue el papel que jugó una parte de Nicaragua en aquel entonces, más allá del imaginario colectivo que se está manipulando ahora y que para los hijos y nietos de excombatientes es otra versión de la historia.

El Partido Republicano, dirigido por el Doctor Rafael Ángel Calderón Guardia en alianza con el Partido Comunista, encabezado por el abogado y diputado Manuel Mora Valverde y  la Iglesia Católica, representada por Monseñor Víctor Manuel Sanabria Martínez, fueron apoyados todos por el Gobierno de Nicaragua, contraparte en el conflicto frente al Ejército de Liberación Nacional, convocado por el caudillo José Figueres Ferrer, quien  terminó ganando la Guerra y posteriormente fue tres veces Presidente de la República.

Aprendemos todo esto no solo desde la educación básica y media, sino también como hijos y nietos de excombatientes del 48, porque fuimos criados y educados bajo ésta consigna critico-social, no desconociendo el grado altísimo de xenofobia alimentada ya casi por dos siglos en relación con los hermanos del país del norte.

Por ello, las manifestaciones a todas luces deplorables y censurables de éste pasado sábado 18 de agosto que se dieron en tres puntos focales de San José,  han dejado en evidencia lo anteriormente expuesto y que no es de desconocimiento para ningún costarricense que quisiera replantearse, su visión sobre la verdadera idiosincrasia que constituye la base de ésta democracia.

Porque para finalizar, éste Estado Social de Derecho se construyó gracias al esfuerzo de nuestros padres y abuelos, percibiéndose como una democracia representativa hacia el exterior la cual, ha dado un paso atrás al permitir que siga creciendo esta xenofobia y ahora también aporofobia, ante los nicaragüenses refugiados que no traen divisas al país, debido a que no son dueños de bancos o grandes inversores y menos, amasan un capital suficiente que los sustente dentro de Costa Rica que en éste preciso momento, no está pasando por una de sus mejores facetas.

La crisis fiscal que nos embarga, junto con la corrupción institucionalizada dentro de la función pública, la violencia generalizada, el crimen organizado y narcotráfico, son el punto de quiebre para repensarse más allá de un Bicentenario que no está augurando un buen futuro, por razones más que explicitas, reflejo de una polarización que se arrastra desde las pasadas elecciones presidenciales; donde casi se irrespeta nuestra Carta Magna al mezclar política y religión, como nueva forma de populismo en ésta Nación.

El País debe asumir que necesita una política migratoria más eficiente, frente a los embates de la llegada masiva de cualquier grupo de extranjeros,  aceptando toda la ayuda que la comunidad internacional nos pueda brindar, sin caer en la violencia ejercida por un sector de la ciudadanía…

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@nuevo.elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

Últimas noticias

Te puede interesar...

486.37

492.84

Últimas noticias

Edicto