El proceso electoral municipal 2024-2028 en Turrialba puso de manifiesto la combinación de fenómenos nuevos en el panorama político, así como un problema emergente en la literatura sobre la democracia. Frente al contundente triunfo del Partido Nueva Generación algunos opositores políticos desplegaron mediante troles actos de violencia política y cobardía para debilitar el liderazgo que esa agrupación tiene en la región y que los hizo ganadores de la contienda política reciente.
Sin embargo, este proceso parece ir a contracorriente de los sucesos electorales, porque adicionalmente, revela un problema que la literatura busca explicar: el ejercicio de la violencia en y durante los comicios, con el propósito de influir, alterar o consolidar ciertas tendencias y fuerzas políticas.
Ejemplos de violencia política en Turrialba se dieron cuando uno de los pseudo estrategas dio la orden de intimidar un grupo de personas exigiendo votaran a su candidato para que puedan materializar un proyecto de vivienda y que se revisaría los padrones electorales para saber quién incumplió para vetarle.
Otro caso se dio cuando un miembro de otro partido tradicional, visitó alguien que en algún momento le ayudaron, indicándole que necesitaba su vehículo el día de las elecciones para transportar gente de barrios para que ejercieran el derecho al voto, admitiendo que fue una solicitud en contra de su voluntad.
Siempre en esta línea, una señora, indicó que el mismo partido político tradicional le visito en su casa para recordarle que a ella se le ayudó a tener casa mediante proyecto de vivienda y que ocupaba de su ayuda el día de las elecciones.
Se han vuelto recurrente estos hechos de violencia política entre partidos tradicionales y sobre el impacto que tiene la violencia en los procesos políticos y en las elecciones.
El problema está compuesto por varios sucesos emergentes, entre ellos tres: 1) un incremento del uso de los recursos ilícitos y violentos en procesos electorales, 2) una abundante evidencia no denunciada de nuevas modalidades de violencia política, no limitada a la intimidación, coacción o represión en contra de los ciudadanos, sino que presenta otras formas complejas del uso de recursos públicos, de corrupción y algunas formas de coerción del voto, y 3) la documentación, por parte de autoridades y expertos, sobre intervenciones de algunas organizaciones criminales en los comicios, en la formación de gobiernos.
Estos fenómenos incluyen varias estrategias de corrupción durante los comicios, que han sido acciones estratégicas de actores internos de las partidos tradicionales en el poder para apropiarse de los recursos públicos.
Estas acciones contra la democracia, algunas de las cuales han resultado en grandes escándalos, son actos predatorios de la gobernanza y contra la integridad electoral.
Finalmente, el problema es que, mientras estas actividades insensatas producen un claro daño a la democracia, los políticos que las provocan no son procesados y muchos continúan en el poder.