
En febrero de este año el diario La Nación, de Argentina, titulaba una noticia: “La pobreza es casi absoluta en Venezuela: llegó al 87%”, demostrando así, que el régimen de Nicolás Maduro ha sido el más desastroso de los últimos años en ese país.
La situación en Venezuela es desesperante; la comunidad internacional así lo ha hecho notar y aún no sabemos cómo la Cancillería de Costa Rica, no ha condenado, como sí lo han hecho los expresidentes, una dictadura constitucional que subsiste a base de coartar las libertades de sus ciudadanos, llevándolos a un estado de pauperización y hambruna extrema.
Como resultado, millones de venezolanos han huído de su país. Colombia, Argentina, Perú, Panamá y Costa Rica han sido muchos de los destinos de estos migrantes. Buscan iniciar una nueva vida en tierras desconocidas para no quedarse en su tierra sin esperanza alguna.
Venezuela es un caos que duele, pero que a la vez nos enseña. Ya lo dijo Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, en su discurso de setiembre en las Naciones Unidas: el socialismo ha llevado a un país que antes era muy rico, el más rico de América Latina, a la más terrible destrucción de su economía. Pero el presidente estadounidense fue más allá, al advertir que donde se ha instalado el comunismo, en poco tiempo llega la pobreza y el caos social.
Ya lo explica el sociólogo y escritor guatemalteco, Jaime Sabino en su artículo: “Venezuela y el hambre en el socialismo”:
“…En el socialismo el hambre del pueblo es un recurso político que usan los gobernantes para que la población permanezca sometida. Los ciudadanos están inconformes, desean que acabe la terrible situación que soportan, pero no tienen medio alguno para cambiarla. No solo porque el estado reprime sin piedad cualquier intento de cambio sino porque además tienen que pasar buena parte del día haciendo colas, buscando qué comer y haciendo todo lo que el gobierno les diga para poder sobrevivir. Una población hambreada, que no encuentra el modo de alimentar a sus hijos, no está en condiciones de emprender una lucha política contra quienes, precisamente, la han llevado a tal estado…”
Por tal razón, hoy más que nunca, el mundo tiene que salir al rescate de Venezuela porque su pueblo se está quedando sin fuerzas para luchar, está muriendo, ha perdido todos arrestos para continuar luchando.
Es urgente que el gobierno de Costa Rica, líder en democracia en América Latina, condene enérgicamente el régimen dictatorial venezolano, para que, con la presión internacional al límite, encontremos el camino del rescate de esta nación y se libere de sus crueles opresores.
—
Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.