OPINIÓN

VENEZUELA: Crepúsculo de una dictadura

» El autor es diputado

Las expresiones de un diputado en el sentido de que ésta Asamblea no debía pronunciarse sobre lo que ocurre en Venezuela me recuerdan una cita de Walter Benjamin en su último trabajo, antes de que la represión nazi lo empujara al suicidio.

Decía este notable pensador que: “En cada época es preciso hacer nuevamente el intento de arrancar la tradición de manos del conformismo, que está siempre a punto de someterla”.

La tradición democrática costarricense se basa en el respeto a la oposición, en el respeto a quien no tiene los instrumentos de represión, a esa parte de la ciudadanía que, desarmada y frágil frente a los medios de la fuerza bruta, tiene en el régimen democrático la plena garantía para expresar su malestar, su opinión, su disidencia con plena seguridad de que su participación cívica será respetada.  Cuando un gobierno electo, como lo fue el de Venezuela, suspende las elecciones regionales, desconoce la potestad de la Asamblea Legislativa, que allá como aquí, está dominada por la oposición, para nombrar magistrados y un grupo de diputados de gobierno del PAC, de este gobierno que se autodenominó del cambio, se niegan a condenar la represión, la tiranía comunista que amparada en las botas de esbirros y cubanos, sojuzga y somete a costa de la sangre de la juventud y del pueblo venezolano llego la hora de acudir al rescate del sentido de la democracia en este foro, para evitar que aquí también sucumba ante la complicidad, el espíritu democrático que anima a nuestro país.

A diferencia de lo que paso con la generación que vio caer la dictadura de Anastasio Somoza y la de Nicolae Ceausescu, nosotros, en este mundo hiper comunicado, asistimos en tiempo real a los atropellos, a los desmanes de esa estructura corrupta de militares, comprados por aumentos de salarios y medallas al por mayor, que dispara contra la población civil, que masacra la juventud desarmada de su propio pueblo.

En Venezuela se acaba la paciencia del pueblo, desbordado por las privaciones en el otrora país más rico de América Latina.  Ultrajado por la cohabitación de los intereses de la corrupción con el narcotráfico. Indignado por el régimen de privilegio a favor de los allegados del gobierno mientras la pobreza y ese ambiente de vale todo, ejemplificado en el comportamiento de Maduro y su camarilla, genera niveles de violencia absolutamente inaceptables.

El pueblo, privado de su derecho a decidir, mira como se le impone una constituyente fabricada a gusto del dictador para mantenerse en el poder. Orillado por la sinrazón y la ceguera del gobernante, está a las puertas de una guerra civil para la que no se vislumbra alternativa.

Nuestro gobierno debe asumir una posición firme. Debe traer a nuestro embajador a consulta, debe dejar de comprar el petróleo del que se financia la dictadura de Maduro.

Honra a nuestra nación que dos expresidentes Doña Laura Chinchilla y don Miguel Ángel Rodríguez hayan sido declarados non-gratos por esa pandilla que no quería permitir que el venezolano se manifestara el domingo pasado.  Pese a la contundencia del rechazo expresado por los ciudadanos, Maduro y los suyos insisten en desconocer las urnas. En su lugar, siguen disparando a la gente, que se defiende con piedras de la brutal represión. Las únicas urnas que respetan son las que controlan y las que cuentan entre amigos para garantizar el resultado.

Bertolt Brecht escribió en los años cuarenta: “Imperios se derrumban. Los jefes de pandilla se pasean como hombres de estado. Los pueblos se han vuelto invisibles bajo sus armamentos. Así el futuro está en tinieblas, y débiles las fuerzas del bien. Tú veías todo esto cuando destruiste el cuerpo destinado a la tortura”.  A esa juventud valiente que se sacrifica por su país y por sus hermanos parece dedicada esa reflexión. A esa juventud valiente mi homenaje en esta hora suprema de combate por la dignidad y mi esperanza de que pronto, muy pronto, su causa venza y la democracia vuelva a reinar en la patria de Bolivar.

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