Urge atender a la niñez venezolana

Los vemos en las ciudades. Familias venezolanas vendiendo dulces, limpiando parabrisas o pidiendo dinero, esto en una problemática que lleva años. Su situación resulta muy dura y sus perspectivas son inciertas. Los imperativos de esta sociedad ordenan dejar atrás la omisión. Lo anterior tiene especial importancia en el caso de la niñez. Con algo de voluntad política e institucional podrían llevarse a cabo distintas acciones.

Estas personas han llevado una vida sumamente difícil. Vienen de un país gobernado por una cruenta dictadura experta en generar hambre y en disparar contra quienes cuestionan o protestan. Cruzaron países enteros caminando y se las vieron con mafias y condiciones infrahumanas en el Darién. A como pueden sobreviven. Su situación resulta difícil de pensar prospectivamente, pues no se vislumbra una mejora pronta en Venezuela, ya que, aunque cayese la narco-dictadura de Maduro, el país se encuentra sumamente deteriorado a causa del corrupto gobierno socialista. Debido a esto, aun cuando se diera el urgente cambio de régimen y la caída del tirano, resulta difícil postular que las condiciones de vida serán sustancialmente optimizadas ni siquiera en el mediano plazo.

Costa Rica se dice seguidor de altísimas tradiciones éticas. Estos principios implican hacer algo más. Así, un referente indudable lo representa la Biblia. Los textos bíblicos plantean el deber de ser solidarios con los extranjeros. Al respecto puede consultarse Levítico 19:33-34, Deuteronomio 10:18-19, Hebreos 13:2, y Mateo 25:35. Aunado a esto, tenemos las declaraciones de los derechos humanos y los marcos legales que ordenan acciones protectoras frente a la niñez.

En consecuencia, enfatizamos la obligación de incidir positivamente en las condiciones de vida de los niños y adolescentes venezolanos. Representa un conocimiento muy básico en psicología y en educación que la niñez y la adolescencia son etapas críticas del desarrollo cognitivo y socioemocional. Conocimientos y habilidades que no se adquieren durante los primeros diez o quince años de existencia después resultan muy difíciles de desarrollar. Para la pediatría resulta diáfano que la mala nutrición y las enfermedades en el primer lustro y decenio de existencia impactan muy negativamente el resto de la vida de un ser humano.

Así, todo lo anterior debe impulsarnos a actuar. Porque urge brindar un programa nutricional a la niñez venezolana, así como emprender esfuerzos educativos que al menos abarquen las materias más básicas (siendo críticas la enseñanza del español y las matemáticas, así como contenidos de kínder y pre-kínder). Sobre lo dicho no resulta descabellado sugerir las alianzas público-privadas como posible entramado capaz de atender a estas personas.

De tal guisa varias municipalidades (ej. la de San José) tienen superávits que les permitirían apoyar a esta población. Las empresas podrían aportar alimentos desde la responsabilidad corporativa. Las universidades son capaces de enviar estudiantes a hacer TCU y voluntariados, siendo también posible el apoyo de las ONG y otras organizaciones. Desde luego, el PANI debería asumir el rol de garante y supervisor global del proceso.

Porque la situación de la niñez y la adolescencia venezolanas resulta dramática. Las distintas instituciones y organizaciones de Costa Rica no solo deben, sino que también pueden hacer mucho más de lo realizado a la fecha. Sólo esto dará credibilidad y coherencia a su propuesta de cara al mundo.

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