Por Luigi Rebecchi Pannelli
Un viejo hotelero se quedó corto, cuando con mucho tino y conocimiento de causa, comentó que el turismo era como un riachuelo, cuyas aguas se desviaban con mucha facilidad, con solo ponerle una simple solitaria e inocente piedrecita que; en la actualidad, se ha transformado en el arma de unos sátrapas tales como: Erdogan, ¿el autogolpista?, quien está destruyendo sin piedad su linda Turquía, un país repleto de antigüedades y por ende de atractivos turísticos; abandonados en parte por los visitantes, quienes le tienen miedo al déspota que está arrasando con todo lo bueno que hizo el desaparecido Kemal Atataturk, que los turcos consideran como el padre de la patria.
Le sigue el psicópata y despiadado dictador de Siria, quien en contubernio con los rusos, está borrando del mapa la ciudad de Alepo; cuya historia y valor son patrimonio de la humanidad.
Los Talibanes y los terroristas islámicos, rematan con todo lo bueno que debería ser eterno, que otrora; construyeron los verdaderos hombres. Todos los antes mencionados no pertenecen a ninguna especie del planeta.