
Las pasadas elecciones presidenciales y cambio de parlamento en Costa Rica a inicios del 2018, fueron el resultado de una sociedad altamente polarizada por diversos temas, una crisis fiscal que aquejaba al país, altas tasas de desigualdad que se venían arrastrando históricamente y el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) sobre el matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo, fueron los ingredientes para la alza de partidos populistas que demandaban la silla presidencial.
Los partidos políticos que obtuvieron mayor apoyo popular fueron: el Partido Restauración Nacional (PRN) con alrededor de un 15% del total del padrón electoral lo que representó unos 505 mil votos, seguido por el Partido Acción Ciudadana (PAC) con un 13% siendo entre 40 mil votos de este padrón, aproximadamente. Pero sin duda alguna, el gran vencedor en esta primera ronda electoral fue el abstencionismo con un 40% en la mayoría del territorio nacional y, llegando en ocasiones a un 50% en cantones alejados de la Gran Área Metropolitana ubicados entre la periferia nacional.
El ascenso del partido evangélico en Costa Rica al mando del candidato Fabricio Alvarado, se caracterizó por un discurso en que enganchaba los mayores descontentos de la población producto de una inoperancia Estatal en que, la figura del Estado se fue debilitando en las tres últimas décadas desde la creación del Estado benefactor del derecho en los años 40.
En donde el neoliberalismo costarricense se ha pasado el balón del poder entre el bipartidismo histórico del siglo pasado, entre el Partido Liberación Nacional (PLN) y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), desfavoreciendo a los sectores más vulnerables de la población y desestructurando de legitimidad institucional que ha perpetrado en el pensamiento político de la ciudadanía.
Este mundo evangélico, ha recogido el descontento político-social no solo en el caso costarricense, sino que, ha sido un acontecimiento presente en América Latina y parece crecer en cuanto a su popularidad; en Venezuela el caso es similar, Javier Bertucci, quién fue pastor y excandidato presidencial del país realizó una campaña política llamada “Ruta de la Esperanza”, en donde promovía discursos con altos componentes conservadores.
El problema del abandono a la ciudadanía por parte del Estado, no responde específicamente a ineficiencia de gobiernos de izquierda o de derecha, sino que ambas de estas estructuras con ideologías político-económicas se han desgastado al no aportar soluciones necesarias y duraderas, es en ese momento, en donde los pueblos han estado migrando hacia otra clase de liderazgos, como lo ha sido el de los pastores cristianos de la línea evangélica, es en ocasiones como esas, en que se pierde la esperanza y se abraza esta nueva fe.
Al igual que los mismos casos ejemplificados, la creciente evangelista en la política de América Latina va en aumento, Brasil con Jair Bosonaro, y con el mismo escándalo que trató de desacreditar a la exmandataria Dilma Rousseff.
En Colombia, el Movimiento Independiente de Renovación Absoluta, ha crecido en su movimiento pentecostal en los curules ocupados en el parlamento con el discurso de “hacer política con valores”; en México, el Partido Encuentro Social, e inclusive las recientes elecciones resultando ganador AMLO, con Andrés Manuel López Obrador, también se escuchó el nombre de influencia de partidos pentecostales.
Numerosos son los casos como numerosas las regiones donde ocurre el nuevo evangelismo político, Chile, Honduras, Perú, Guatemala, Nicaragua y los mismos Estados Unidos de Norteamérica, donde la política desde Bush hasta Trump ha sido caracterizada con un alto componente religioso en los movimientos electorales, entre Demócratas y Republicanos.
El fenómeno siempre es de captación e incursionando en el ámbito político, dichos partidos políticos también usan como estrategia el acercarse a iglesias para captar votantes y recobrar la fuerza sobre un país donde la estructura partidaria es endeble y el sistema de gobernabilidad se ha limitado en su radio de alcance.
Inclusive, en actores no-tradicionales de la política como las pandillas y el crimen organizado muy característico de Centroamérica, la ideología evangélica se ha introducido al ser la única salida que tienen estas personas que han cometido actos criminales, juzgados penalmente por el código respectivo de sus países en donde es tanto el abandono estatal que estos grupos criminales han legitimado los actos cometidos por corrientes religiosas, en este caso evangélicas y aceptado una alternativa ante otra búsqueda en su diario accionar.
El problema no radica principalmente, en una completa laicidad de la política, o que exista un cisma absoluto entre actores gubernamentales o actores con tendencia religiosa, o el mismo hecho de que se diese un proceso de secularización, el problema principal radica, en el aprovechamiento de la perdida de esperanza en la política, la intromisión detractora en políticas públicas integrales, derechos reproductivos y sexuales a las mujeres como el aborto, y los mismos derechos humanos de poblaciones históricamente reprimidas.
—
Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.