
La historia de Costa Rica en breves líneas. A partir de 1948 surge lo que se llamó la II República, con ello se aplicó un Modelo de Estado llamado: Gestor o Benefactor.
Ello implicó pleno empleo, salarios crecientes, educación pública superior, extensión de la educación primaria y secundaria a todo el país. La creación de empresas del Estado como Codesa, Cempa, Fertica, Alunasa, CNP, ICE, MOPT… por muchos años el modelo fue muy exitoso generando pleno empleo, hasta que llegó la Crisis Económica de los 80 por el cambio en los precios del petróleo a nivel internacional.
Producto de ello a partir de los 80s surge un nuevo modelo de Estado: el neoliberal. Este modelo se aplica bajo la estricta supervisión del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Estos organismos son los grandes bancos que prestan dinero a los Estados para sus proyectos y que a partir de los 80s condicionan esos préstamos a ciertas condiciones específicas.
¿Cuáles fueron esas condiciones?
Las transnacionales que son grandes empresas que funcionan y mueven grandes capitales en todas partes del mundo ocupan una economía de libre mercado; ello significa que las mercancías se muevan libremente por los países sin el pago de impuestos para tener mayores ganancias y no adquirir compromisos con los Estados donde operan para contribuir al desarrollo de esos países.
Para que esas transnacionales pudieran hacer mayores negocios los Estados debían ser debilitados y reducidos a dos puntos: el cobro de impuestos a los ciudadanos y la represión policial violenta contra civiles la protesta social.
Así en Costa Rica a partir de la administración Luis Alberto Monge inicia la aplicación de los PAEs (Programa de Ajuste Estructural) que significó que iniciara la venta (casi regaladas) de las empresas del Estado; el despido de miles de costarricenses que trabajaban para el Estado en sus empresas; el aumento del desempleo producto del despido bajo una política que se llamó movilidad laboral voluntaria; aumentó la informalidad que es toda esa parte de la población que vive de vender artículos en la calle para poder sobrevivir y que no tienen trabajo fijo y no tienen seguro social.
A partir de Monge le siguió Oscar Arias, Rafael Ángel Calderón y José María Figueres. Los mismos fueron en la misma línea de reducir la inversión del Estado en obra social. Despido empleados estatales y privatización de las empresas estatales.
Todo esto vino a dar con el traste con los grandes logros sociales del Estado Benefactor. Al punto que la misma CEPAL (Comisión Económica para América Latina) llamó a los años 80s como la Década Perdida; ellos producto que la aplicación de los PAEs hizo que a principios de los 90s los indicadores económicos y sociales estuvieran peor de lo que estaban a fines de los 70s e inicios de los 80s. Es decir que en vez de un avance todas esas políticas económicas dictadas por los organismos internacionales no han favorecido en nada a los países y más bien han empeorado las condiciones sociales de la población con tres efectos directos: mayor pobreza, mayor desempleo y obvio mayor exclusión social.
Pero… ¿Qué que tiene que ver toda esta historia con el 2018 y lo que está pasando con el PAC?
Sencillo todos los gobiernos surgidos a partir de los 80s del PLN y el PUSC siguieron la misma línea neoliberal. El Estado se convirtió en un negocio de los políticos que bajo la corrupción galopante se volvieron millonarios, robaron a ultranza y vieron en la obra pública y las concesiones una forma de sangrar al Estado, mientras tendieron redes de poder al poner sus allegados en puestos claves en todos los poderes del Estado para cubrir sus huellas y evadir la justicia y la cárcel.
El PAC (Partido de Acción Ciudadana) del exliberacionista Otón Solís vino a representar una esperanza que logró romper y herir de muerte al bipartidismo del PLN-PUSC. Se convirtió en el partido de la clase media y los sectores intelectuales (“pensantes”) de este país. Se suponía un giro con el PAC hacia la social democracia; se suponía un Estado que se iba a preocupar por los pobres; se suponía el PAC vendría a salvar el país de la corrupción; se supone que era el accionar ciudadano para la nueva Costa Rica.
Muchos celebramos el triunfo de Luis Guillermo Solís con alegría y ante todo con mucha esperanza. Pero terminamos esa administración con un sin sabor en la boca. Pero en menos de seis meses el segundo mandato con el gobierno de Carlos Alvarado nos da la decepción total. Nos muestra un PAC autoritario; con escándalos en la prensa que hacen pensar si son igual o más corrupto que sus antecesores. Las mismas situaciones de tráfico de influencias; los mismos cuestionamientos por nombramientos a dedo; los mismos cuestionamientos por seguir la misma línea neoliberal de gobierno.
Debemos recordar que el PAC en ambas ocasiones llegó con votos prestados: en la primera ocasión no se votó por Solís, sino contra el PLN; por su parte Carlos Alvarado ganó porque se votó contra un posible giro hacia el oscurantismo medieval por la llegada de una línea de corte conservador, apoyada por el PLN de los Arias que había quedado fuera de la primera ronda; ello era ya políticamente sospechoso como para apoyar al otro candidato.
Pero la luna de miel fue muy corta. Tuvimos rápidamente un Carlos Alvarado con malas caras, con tintes autoritarios, con amenazas si no se cumple su voluntad. Un gobierno PAC de a prestado con figuras cuestionadas del PLN y PUSC.
Preocupa que el mismo presidente de la República haga caso omiso de la División de Poderes y la autonomía entre los mismos.
La incapacidad de negociar de Carlos Alvarado, sus berrinches públicos, su postura intransigente están mandado una muy mala señal a la ciudadanía.
De un pronto a otro pareciera dimos un giro radical hacia posturas fascistas que no son típicas del ser costarricense. Pareciera una mala novela que olvida que la vía nacional siempre ha pasado por el diálogo y la resolución alternativa de conflictos; algo tan simple que se podía resolver en una mesa se complica cuando el Gobierno entra en una postura intransigente que no permite el más mínimo acuerdo. Es evidente que el presidente ha cedido a los grupos empresariales de presión que están detrás del PAC y la mejor evidencia es la llegada de Piza a Casa Presidencial como representante de esa burguesía criolla intransigente.
En fin, la Costa Rica del PAC no es la nuestra, la forma de resolver los problemas del PAC se aparta de la esencia nacional y preocupa el irrespeto hacia la institucionalidad que pone en peligro la democracia misma y la División de Poderes que garantiza nuestro sistema democrático.
Por eso pedimos a Carlos Alvarado el respeto hacia los costarricenses y le pedimos a usted comparta esta información como forma de demostrar al Gobierno su desacuerdo con la forma de resolver los problemas nacionales.
Ya otros países han pasado de la democracia a gobiernos de mano dura y ello sólo ha traído polarización social, mayor desigualdad, injusticia e impunidad.
No podemos permitir que este país se nos vaya de las manos como con horror sucedió en Brasil con un neofascista, machista y racista en el poder. No podemos permitir que las políticas PAC nos empobrezcan como Argentina, Honduras o Colombia donde se han aplicado este tipo de reformas fiscales recesivas.
El gobierno debe buscar el bienestar de las mayorías y no de los grandes empresarios como está pasando ahora.
Debemos entender que la pobreza y la desigualdad no son estados naturales de las personas; sino el producto de la aplicación de políticas económicas equivocadas que no tienen como fin superior el mejorar la distribución de las riquezas en una sociedad y la creación de oportunidades reales de las personas mediante una educación de calidad y pleno empleo mediante políticas laborales que respeten los derechos de los trabajadores y rescaten la dignificación del trabajo como elemento esencial del ser humano.
Vivimos tiempos difíciles, pero debemos entender que los cambios positivos son el producto de la acción colectiva y la movilización para lograr los mismos; jamás de la crítica destructiva hacia los que si buscan cambiar el orden dado y la inacción, como reflejo de una actitud derrotista de que las cosas son así y nada va a cambiar a pesar de los esfuerzos.
Esa venda que nos han puestos a través de los medios de masas debe caer de los ojos de Costa Rica. ¡Buenos días pueblo!
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