
Los que dicen que las conspiraciones no existen es porque no leen nada de historia. En nuestros días y ante nuestros ojos se está llevando una de enormes dimensiones y funestas consecuencias para los costarricenses. Veamos.
Hace varios meses, la popularidad del presidente Luis G. Solís alcanzó un punto alto, a raíz de su desempeño durante la emergencia del huracán Otto. Recuérdese que había ganado las elecciones en la segunda vuelta gracias a los votos de un millón trescientos mil ciudadanos. En enero del 2017 la aprobación ciudadana al ejercicio presidencial de Solís alcanzaba un 43%. Esa popularidad era en alguna medida “transferible” al candidato que presentara el Partido Acción Ciudadana. Durante el desastre de la tormenta Nate, el Gobierno se desenvolvió con la misma eficiencia que durante Otto, solo que no recibió la misma cobertura de las empresas de difusión masiva.
Estas empresas son cómplices de un negacionismo metódico sobre los logros de la administración Solís, aunque en ocasiones han tenido que reconocerlos. Mencionaré unos cuantos. Reducción de la pobreza, baja inflación, estabilidad del tipo de cambio, menor conflictividad social, entrada en vigencia de la Reforma Procesal Laboral, un acuerdo histórico para consolidar la paz social. Se inició el Centro Nacional de Congresos y Convenciones, que aumentará el turismo, ya de por sí creciente. El pago del Gobierno a la CCSS permitió duplicar la inversión en infraestructura y equipo hospitalario. La inversión extranjera directa se recuperó en el 2016 y 2017, luego de dos años de desempeños negativos. Se entregó el plan maestro y el emplazamiento para construir el nuevo aeropuerto en Orotina. Se aceleró la ejecución de créditos externos. Se negociaron a la baja convenciones colectivas con instituciones estatales. Costa Rica mejoró su calificación en el Informe Global de Competitividad 2016-2017, compuesto por 113 indicadores. En este campo, el país alcanzó la mejor posición de su historia. Ese y otros datos son generados por organismos internacionales. La anterior es una pequeña muestra de realizaciones.
Pese a que la imagen de Solís ha sido sometida a un menoscabo sistemático, seguía siendo peligrosa para aquellos grupos donde se coligan políticos y empresarios de pocos escrúpulos. Ellos quieren seguir haciendo negociazos.
La sola perspectiva de una derrota electoral del conglomerado PLUSC (PLN + PUSC) es insoportable para los “selectos” militantes de esos partidos que anhelan volver a ocupar puestos por elección popular o ser bendecidos por escogencia “a dedo”. Con lo de “selectos” indico que no son todos, sino pocos pero influyentes. Lo peor, para esos adulterinos intereses, era que no se le podía achacar al Gobierno de Solís una mancha por corrupción. Había que inventarla y se inventó. Se denomina el Cementazo.
El Cementazo existe como también existe el caso Yanber y el caso Almacenes Casa Blanca. Como todo el mundo sabe, se trata de tres préstamos concedidos por el Banco de Costa Rica y otras entidades financieras sin los estudios que garanticen la devolución de los millones de dólares. No sabemos cuántos casos similares hay, que no han sido denunciados ante la opinión pública. Dinero de los costarricenses que no aparece por ningún lado. En el caso del Cementazo, la invención gratuita contra el Gobierno tomó velocidad en una Comisión de la Asamblea Legislativa (obviamente un organismo político) que, desde el principio, quiso involucrar al presidente Solís relacionándolo con Juan Carlos Bolaños. Dicen que a Bolaños le sobra simpatía, tenacidad y ojo para los negocios. Pero tan envidiables cualidades no explican por qué le han prestado sumas tan descomunales. Por eso nadie duda que tiene un “padrino” bien colocado en la cúspide del poder, muy capaz de derramar gotitas de aceite para que la maquinaria bancaria, tan herrumbrada y quisquillosa hacia los simples mortales, se mueva a su favor con agilidad inusitada. Puesto que el entendimiento de JCB con la banca nacionalizada data de años antes del arribo del PAC a la Casa Presidencial, ha de concluirse que ese padrino no puede ser Luis G. Solís.
Pero la Comisión de la Asamblea Legislativa dictaminó que el presidente había presionado para que se nombrara a Mario Barrenechea como gerente del Banco de Costa Rica, con lo que no habría dado trato igualitario para todos los habitantes de la República. También le achaca apresurar modificaciones al reglamento para la importación de cemento para favorecer a JCB. De nada ha servido, ni podrá servir, dado el cariz político-electoral del asunto, que el Presidente haya exigido pruebas, pues a la mentada Comisión no le interesa la verdad sino el efecto político. Desde luego, ciertas empresas de difusión masiva le dieron la máxima publicidad, como cajas de resonancia. Esas acusaciones sin fundamento no tienen punto de comparación con la Trocha, un despilfarro de más de 1.200 millones de colones (Laura Chinchilla, 2012,) y la carretera 27, que Óscar Arias obsequió a una empresa extranjera para que cobre peajes, incluido el tramo San Rafael de Escazú-Ciudad Colón (construida muchos años antes), cinco puentes de gran tamaño, unos peajes. ¿A cambio de nada?
Una excepción notable y digna de elogio la constituye Luis Madrigal, jefe de redacción del diario digital El Mundo CR (4 ene.), titulada 32 conclusiones del informe sobre el Cementazo carecen de fundamentación, son contradictorias o falsas. Madrigal demuestra que unas aseveraciones de la Comisión se contradicen con otras del mismo informe y que la mayoría carece de fundamento empírico. Entre estas últimas se encuentran las acusaciones mencionadas líneas arriba. ¿Será casualidad que ninguna empresa de difusión masiva ha comentado ese artículo? Asimismo, recomiendo leer el comentario del señor Ricardo Núñez a la reseña Solís dejará Presidencia con promesas incumplidas y algunos logros (CRHoy 5 ene.). Lo considero útil para conocer quiénes son los dueños de algunas empresas de difusión masiva (no se extrañe si encuentra nombres de políticos empresarios). También se informa de la oposición irresponsable de la mayoría diputadil.
El pueblo de Costa Rica, hastiado de los gobiernos del PLUSC buscó, al elegir a Luis G. Solís, poner fin a tanta corruptela. No obstante, las leyes electorales dan por elegidos los diputados votados en la primera ronda, sin prever que el presidente electo en una segunda vuelta electoral, necesita una mayoría legislativa para gobernar. Ese imprevisto de la Constitución echó por tierra los deseos de cambio del pueblo. A eso se suma el designio del PLUSC, inconfeso pero evidente, de impedir que la Administración Solís sacara una buena tarea, por mezquinas motivaciones, con el respaldo de ciertas empresas de difusión masiva.
El resultado: un abstencionismo creciente, el descrédito de la democracia, la sepultura de algunos políticos-empresarios y la imprevista subida de Juan D. Castro – disentería con micrófono.
Como es natural, Luis G. Solís ha cometido errores por inexperiencia, por la dificultad de encontrar colaboradores confiables – capaces e independientes del PLUSC – y por confiar demasiado en algunos amigos, comprensible esto último en una persona arrinconada por un choteo abrumador.
Para terminar una aclaración: si alguien cree que escribo para defender al Gobierno se equivoca; escribo para defender la democracia.
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