
La República de Turquía es por antonomasia el ejemplo más claro de las dicotomías de Oriente Próximo, las cuales se hacen cada vez más notorias. La religión, las relaciones de poder y los anhelos geopolíticos han caracterizado a la zona y se siguen haciendo plausibles en el presidente Recep Tayyip Erdoğan.
Fundamentalismo y secularismo. – Cuando el Imperio Otomano fue disuelto, surgió un hombre quien transformó para siempre el destino de la Península de Anatolia: Mustafa Kemal Ataturk. Con el apoyo de un potente ejército y del consentimiento extranjero, creó un país a su antojo al eliminar casi cualquier vestigio mahometano en lo que hoy se conoce como Turquía: sustituyó la ley islámica por el Código Civil Suizo, el Código Penal Italiano y el Código de Comercio Alemán, llegando al punto de prohibir el uso del fez (gorro de terciopelo rojo de uso tradicional) y permutar el alifato por el alfabeto latino.
Aun cuando el corpus juris turco se ha decantado en distintos ámbitos al laicismo, casi 100 años después persisten las controversias sobre el credo en la nación. Incluso el propio mandatario vigente es prueba de ello, pues si bien es cierto el desarrollo infraestructural -durante su gestión al frente del ayuntamiento estambulita- le garantizó apoyo ciudadano, su posterior codena por instar a la intolerancia religiosa a causa de la lectura de un poema, además de los temores por una eventual imposición de la sharia, han generado temor entre propios y ajenos.
Democracia y autoritarismo. – Una vez sale de prisión, Erdogan funda el Partido de la Justicia y el Desarrollo, definido por algunos como “fundamentalista moderado”, se convierte en Primer Ministro y gana popularidad al estabilizar datos macroeconómicos: la inflación baja, las ciudades se desarrollan y el PIB PPA per cápita aumenta. Se le considera un ejemplo a seguir de democracia y desarrollo comercial.
Empero, más de 80 periodistas arrestados, la ruptura de relaciones con Fethullah Gülen por casos de corrupción y un referéndum de dudosa legitimidad en abril del presente año con el fin de otorgarle mayores potestades, han mostrado al mundo su rostro más represivo (agregado a un intento de golpe de Estado, la estabilidad política en esta República pasa por un momento dificultoso).
“El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente.” -John Acton-
Choque de potencias. – Desde tiempos del Acuerdo de Sykes-Picot y décadas más tarde con la fundación del Partido Baaz Árabe Socialista, la polarización y la intervención extranjera han sido factores concomitantes a Oriente Medio y la Turquía actual no escapa a ello.
Al contar en su territorio con una importante población kurda y limitar con la República Árabe Siria, su importancia político-internacional es incuestionable. Si a ello se suma, el hecho de ser el segundo ejército más grande de la OTAN, haber lanzado la operación “Escudo del Éufrates” en un inicio para derrocar al presidente Bashar al-Ásad y posteriormente para combatir al Estado Islámico*, las cambiantes actitudes con la Federación Rusa (verbigracia, la compra de unos “S-400”), Estados Unidos y la Unión Europea, y contar con las conexiones perfectas para el transporte de recursos, la nación turca no solo se constituye en un actor determinante, sino también en lo que algunos analistas llaman “el país que burló la nueva Guerra Fría”.
*Hecho controversial, pues un presunto desacato por parte de Turquía a la resolución No 1373 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas -respecto a la financiación del terrorismo- actuó como detonante para la emisión de la No 2214.
Conclusiones. – En el plano de la jurispericia, el Capítulo 7 (específicamente en sus artículos 23, 31 y 32) de la Carta de las Naciones Unidas limita en gran medida la participación de los más afectados por el conflicto medio-oriental en el Consejo de Seguridad. Sumado a ello, los distintos intereses y la diplomacia convulsa hacen cada vez más difícil el cumplimiento del artículo 1.1 de este mismo documento.
Ante todas las dudas y la pesadumbre regionales, parece haber solo dos conclusiones claras respecto al término de este conflicto: sea cual sea el desenlace, Turquía será uno de los protagonistas y el diálogo junto a lo que Immanuel Kant llamó en su Metafísica de las Costumbres como: “colaboración interestatal”, deben ser las pilastras a la hora de dirimir todo desacuerdo en esta ominosa beligerancia (válgase el uso del pleonasmo).
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