
A lo largo de la historia, la migración ha tenido un papel importante en nuestra sociedad. esta promueve inmediatamente las Relaciones Internacionales debido a que existe un creciente flujo de personas trasladándose alrededor del mundo.
En aras de profundizar en el tema, conviene recordar algunas definiciones. Según las Naciones Unidas, migrante es «alguien que ha residido en un país extranjero durante más de un año independientemente de las causas de su traslado, voluntario o involuntario, o de los medios utilizados, legales u otros». Sus dos variables son la emigración, que consiste en dejar su país de origen y asentarse en otro; y la inmigración, que es la entrada de personas a un país ajeno a el de su nacimiento.
Existen varios factores que han influido en la migración, como la creciente globalización económica, política y cultural, desigualdad de condiciones de vida, búsqueda de oportunidades de empleo o educación, Así como también en casos más extremos por persecuciones o temores. Me permito afirmar que gran parte de esta población se ve obligada a realizar dichos desplazamientos en contra de su voluntad, debido a que es la única solución pronta a sus problemas. Sin embargo, debería de ser la última opción a la cual recurrir.
Según revela un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en la actualidad contamos con aproximadamente 28,5 millones de latinoamericanos y caribeños residiendo en países distintos al de su nacimiento. Muchos de ellos siendo víctimas de discriminación, prejuicios y xenofobia como en el más reciente de los casos, la situación venezolana, que debido al fracaso de la revolución bolivariana iniciada por Hugo Chávez en 1999; seguida por Nicolás Maduro, el chavismo ha hecho de Venezuela un país con la mayor crisis económica de su historia, con desabastecimiento y escasez de alimentos, lo que explica la cantidad de migrantes que actualmente se incrementan a diario.
Dichos migrantes en los últimos años han generado alzas en el flujo migratorio a países como Uruguay, Perú, Ecuador, teniendo una mayor presencia en los territorios con los que limita; Brasil al sur, con quien comparte 2 199 km vía terrestre; y al oeste con Colombia, compartiendo una longitud de 2 219 km fronterizos.
Como consecuencia, han tomado presencia los discursos y las posturas políticas por parte de los países anteriormente citados y se ha estado viendo como algunos de estos, entre otros, pretenden implementar posiciones que muy bien podría llegar a calificar de despectivas, de violatorias, e incluso, del derecho internacional, como las que ha estado impulsando recientemente el Gobierno de Estados Unidos con Trump desde inicios de su campaña, fomentando el odio y el rechazo.
¿Es esto lo que queremos para nuestras futuras generaciones?
Países -sus mandatarios más específicamente- que incitan a la exclusión de diferentes grupos de la población, quienes han sido despojados de sus derechos y libertades en sus propios países y aunque en busca de mejores oportunidades se ven igualmente violentados y rechazados en el exterior, mientras el poder político sigue en sus mismas poltronas engordando sus cuentas.
Es preocupante la vulnerabilidad de la niñez y adolescencia, la situación de muchas mujeres, la de quienes se desplazan en situación irregular, la de las víctimas de trata y tráfico, la de las personas repatriadas, hasta la situación de las personas que se desplazan en busca de refugio. Todas estas presentan evidentes necesidades de protección y oportunidades, la inherente obligación de un plan de cooperación humanitario que inste a las naciones hermanas de afrontar la crisis como región.
Hay que educar en la discusión sobre los derechos de las personas migrantes, instalándola en las perspectivas de desarrollo sostenible con igualdad. Al mismo tiempo, los procesos migratorios regionales deben ser reforzados utilizando y fomentando la cooperación internacional, haciendo un llamado a la solidaridad nacional e internacional. De lo contrario, los venezolanos seguirán cruzando sus fronteras estando expuestos al peligro por ir en busca de una mejor vida.
Recordar que en 1951 se creó la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Para ayudar a garantizar una gestión ordenada y más humana, promover la cooperación internacional en el tema, ayudar en la búsqueda de soluciones prácticas a sus problemas y proporcionar asistencia humanitaria a los migrantes que la necesiten.
“la severidad de la crisis es tal que tenemos que hacer algo al respecto ahora mismo” Beasley, director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos (PMA).
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