Turrialba en sin duda un pueblo extraordinario. En esa tierra hermosa y fértil han nacido poetas, artistas y deportistas que han brillado. También proyectos educativos que han dejado su imagen internacional en sitios de privilegio, como ocurrió recientemente con el galardón a nivel mundial obtenido por una escuela de la comunidad. Propuestas agrícolas e industriales que se han extendido a otras latitudes, y todo ello acompañado de un espíritu de lucha y de trabajo que merece el mayor de los reconocimientos. Donde haya un habitante de Turrialba esté donde esté hay siempre un hombre trabajador.
Turrialba es un cantón de los más bellos del país. Conjuga espléndidas montañas con llanuras, atractivos naturales como el volcán Turrialba, con la arqueología de Guayabo, con ríos impresionantes, cataratas, escenas y paisajes que deleitan a quienes lo visitan entre muchas otras cosas.
El turrialbeño de cepa se siente tan orgulloso de su pedazo de tierra, de su entorno y de su espacio vital, que continuamente repite una frase popular que dice; “que si volviera a nacer le gustaría nacer de nuevo en Turrialba.”
Sin embargo no todo es perfecto. Turrialba al igual que muchos otros territorios del país padece de los mismos problemas, y tiene retos y desafíos que requieren ser superados, especialmente en áreas como el empleo, la educación, la seguridad, la salud, la socialización comunitaria, la formación y capacitación ciudadana, y la tecnología entre otros.
Tiene además un gravísimo problema adicional que motiva esta reflexión. Se trata de la debilidad que presenta la Ciudad frente a la amenaza latente e inminente de inundaciones, provocadas recurrentemente y especialmente por el río Turrialba, y también por el río Colorado que atraviesen ambos la ciudad. Ojalá el clima y los eventos abruptos derivados del cambio climático sean benevolentes, pues en cualquier momento un desbordamiento de ambos ríos, especialmente del Turrialba, podría destruir al menos la mitad de la ciudad, con enormes pérdidas de patrimonios, y probablemente hasta de muertes. La energía hidráulica que conduce las aguas del río Turrialba es tremenda, pues arrastra una pendiente desde más de 2000 metros de altura de las faldas del Volcán, hasta la ciudad que está a un poco más de seiscientos metros sobre el nivel del mar. La fuerza es incontenible y ya lo hemos visto. En la inundación del 2021, el parque y el edificio municipal quedaron a escasos 40 metros del río, y hasta se llevó el edificio del patronato nacional de la infancia.
En julio del 2021, hace exactamente cuatro años el río Turrialba estuvo a punto de crear una verdadera tragedia. Hubo inundaciones muy graves y poco faltó para que los habitantes de la ciudad vivieran una situación extremadamente lamentable. Fue por eso, que en un programa de la radio cultural de Turrialba al cual fui invitado, lancé la propuesta de plantear al IICA y al Catie, el primero como dueño de las tierras que están a la salida de la ciudad hacia el Este, y al segundo como usufructuario de las mismas, que donaran tierras o vendieran, o canjearan, para el desarrollo futuro de la nueva ciudad en un territorio seguro, sostenible y resiliente. En ese entonces llamé a la conciencia de ciudadanos del Cantón para constituir un comité cívico con esa finalidad, y se logró así conformar una asociación que fue declarada de interés cantonal por el anterior Consejo Municipal y que hoy sigue abanderando esa lucha.
Las mejores tierras de la ciudad de Turrialba son las del IICA-CATIE, en ellas no hay riesgos de inundaciones y las mismas parecieran ser las únicas aptas para el desarrollo futuro de una ciudad no solo segura, sino modelo. Por decreto ejecutivo número 29 del 17 de diciembre de 1942 se entregaron al IICA mil hectáreas bajo el mandato de don Teodoro Picado, según se lee en el acuerdo 1 y 2 de dicho decreto. El objeto de esa gran donación del Estado al IICA era desarrollar investigación agrícola entre otros, y respondía al propósito de la Unión Panamericana que designó a Costa Rica como sede del Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas.
Nadie duda de la contribución que en el campo agrícola y en otros ha dado el IICA inicialmente, y posteriormente el Catie al país y a Turrialba por más de 70 años. Ese no es el tema, no está en discusión, ni tampoco se trata de una pelea con dichas organizaciones, como algunos malintencionados lo quieren ver. Sin embargo es notorio y evidente que muchas de esas tierras están hoy en día improductivas, pues la investigación ya no es extensiva, sino en laboratorios, y un buen número de hectáreas podrían solidariamente regresar a la comunidad para desarrollar hacia el este la nueva ciudad en condiciones de seguridad.
El Comité Cívico ha integrado a los Alcaldes, tanto el anterior como el nuevo al comité, para trabajar en conjunto la propuesta que hemos creado. Somos personas voluntarias que lo único que nos mueve es el bienestar y la seguridad de nuestra gente. Pensamos que unidos la sociedad organizada y las autoridades podremos lograr la adquisición de una parte de dichas tierras. Sin embargo ha costado mucho, pues los intereses políticos partidistas y personales y la forma como actúan las autoridades, y también esos organismos internacionales, han privilegiado la fragmentación. Es realmente una tontería no ponerse de acuerdo para construir juntos la solución a un problema tan apremiante.
Es evidente que se trata de una propuesta visionaria. Hay que pensar en grande, no en chiquitito. Así lo hemos dicho en varias comisiones donde hemos estado presentes. No es simplemente alojar una ciudad gobierno, donde las instituciones administrativas de Turrialba estén en mejores condiciones. Esa idea la propusimos también desde el principio y luchamos por ella. Pero la propuesta es mucho más, hay que ser más ambiciosos, es prioridad también el traslado mediante un programa bien planificado de las zonas y gente que están en alto riesgo. Hay que proteger las personas primero que todo, y sin criterios despectivos. Hay que crear zonas para el desarrollo de empresas de alta tecnología y con ello generar más empleo. Hay que crear un pulmón ambiental en el corazón de la nueva ciudad que sirva al deporte y recreación, al entretenimiento y a las artes, establecer zonas peatonales, desarrollar la primera ciudad con energía solar, y eliminando todo esos cables aéreos de comunicaciones que afean la ciudad, hay que pensar en espacios para usos habitacionales verticales con apartamentos dignos, sitio para comercio en general y servicios propios de una ciudad desarrollada, en fin, todo ello está en un documento presentado por el Comité al IICA CATIE en octubre del 2021. La propuesta es hermosa para quienes quieren pensar en grande. Es una solución nueva para un viejo problema que siempre se resuelve dando por unos días comida a los afectados, pagando por unos meses casa a ellos, y metiendo maquinaria en los ríos, construyendo algunos diques, y después viene la nueva creciente y se sigue con el mismo círculo de solución.
Hemos tratado desde el Comité en insistir a las autoridades locales que se solicite al menos 100 o 150 hectáreas donadas a esas organizaciones para que a partir de ahí se pueda diseñar con un equipo técnico la nueva ciudad, que podrá ser un modelo en Costa Rica e incluso a nivel de la región. No deben ser 15 hectáreas localizadas en terrenos inapropiados, donde hay cables de alta tensión y no hay agua, como hemos visto en una solicitud borrador reciente de la Alcaldía al Catie IICA, que contiene unos mapas de tierras que consideran óptimos. Y además las tierras apropiadas son las que están en la margen derecha de la carretera nacional hacia el sector donde está el nuevo hospital. La ciudad administrativa, cruz roja, bomberos, tránsito, y demás deben de ser de fácil acceso y no estar en un embudo. El número de hectáreas y el lugar de las mismas son sin duda fundamentales a la idea del desarrollo que se tenga.
En fin, uno de los problemas que tiene el país es la falta de líderes visionarios, que solo hacen remiendos, parches y propuestas de corto alcance y de luces cortas. Turrialba puede animarse a romper esa modorra. Nosotros en el comité estamos listos para ayudar, siempre para dialogar, siempre para unir, y para construir. Somos ciudadanos voluntarios comprometidos con el porvenir. No podemos permanecer indiferentes. Si algún día hay una tragedia, y hay muertos, no tendríamos la conciencia tranquila si no hemos luchado al menos por una solución sostenible. Ojalá las autoridades locales así lo entiendan, y que las negociaciones que se puedan producir sean inteligentes, transparentes y dialógicas, y que tengan por encima de cualquier otra consideración el bienestar y la seguridad de la población.