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Transformaciones constitucionales en el continente

» Por Dr. Fernando Villalobos Chacón - Decano UTN y presidente Consejo Municipal de Esparza

América ha tenido un desarrollo cultural dispar, históricamente el devenir de cada nación y país ha sido disímil; la desigualdad campea como casi en ninguna otra región del planeta.  Cuando analizamos el constitucionalismo es aún mas complejo. Los factores económicos, históricos y geográficos han tenido un papel clave en las tendencias constitucionalistas en el continente. No debemos perder de vista que existen al menos 3 divisiones continentales que tienen orígenes muy particulares y que representan herencias culturales, ideológicas y jurídicas muy marcadas y difíciles de romper. Tenemos la América Latina o Iberoamérica. Por otro lado, está la América Anglosajona en la punta norte del continente y también la América insular con herencias anglosajonas, francófonas y holandesas; entre otras. Esto ha marcado un constitucionalismo diverso, con raigambres importantes en las potencias de origen, típico de cualquier relación metrópoli y satélite. Pensar en una unidad de pensamiento constitucional en el continente es una utopía que ni el mismo Bolívar se hubiese planteado. Esta división permite visualizar países con herencia en el derecho romano, el anglosajón y el germánico.

Un análisis somero, refleja una situación estática del constitucionalismo en Estados Unidos. Se ha dicho que la constitución de este país ha perdurado debido a sus muchos mecanismos para compartir el poder. La misma data de 1789, siendo la constitución federal en vigor, más antigua del planeta. Canadá merece un análisis aparte, pero igual goza de una estabilidad imponderable, a pesar de no contar con un texto constitucional formal, el Acta de la América del Norte Británica (BNA) data de 1867. Una situación similar sucede con los países insulares, supeditados en muchos casos aun en materia constitucional, a la vieja metrópoli colonial. Visto lo anterior, la región que ha reflejado cambios constantes y sustantivos en su carta fundamental, sin duda es América Latina. De 1980 para acá, América Latina ha sido la más dinámica en cambios en sus constituciones. Ha redactado una cantidad sorprendente de nuevos textos en comparación con la mayoría de las demás regiones del mundo.

La constitución política latinoamericana más antigua es la de México, que data de 1917 surgida en el marco de la revolución. Fue una práctica común que luego de revoluciones, golpes de estado o injerencias de los ejércitos en los países, surja una nueva constitución. Este también es el caso de Costa Rica en 1949. Así las cosas, entre 1978 y 2008, la región generó 15 constituciones nuevas y numerosas reformas constitucionales. Muchas de estas transformaciones ayudaron a gobiernos a dejar atrás un pasado autoritario o profundizaron sistemas democráticos. Algunas forjaron derechos individuales y colectivos más sólidos, y nuevas vías para la participación ciudadana. No obstante, la modificación constante de las cartas magnas en algunos países ha creado inestabilidades. En algunos casos como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, algunos cambios en los textos constitucionales obedecieron a intereses de favorecer a las oligarquías políticas contemporáneas en el poder con el fin de perpetuarse. Aquí no importa si estos grupos son de derecha o izquierda, en la practica la diferencia se nota muy poco, aunque ha privado más la tendencia a la izquierda. Modificar la constitución para asegurar la reelección se volvió una moda en América Latina. Si en la mejor de las circunstancias puede permitir que un presidente siga construyendo sobre sus logros, también puede concentrar poder en el nivel más alto, y socavar la renovación y el cambio. Sin duda, los congresos de muchos países han adquirido cierta autoridad sobre los presidentes, como la capacidad de aprobar o despedir miembros del gabinete o al mismo presidente como ya ha sucedido en la última década en Brasil, Perú y Ecuador.  No obstante, la centralización del poder en el funcionario de más alto rango va en dirección opuesta a las tendencias más democratizadoras. Hay casos de irrespeto absoluto a la división de poderes como sucede actualmente en Venezuela, Nicaragua y El Salvador, Ya el caso de Cuba no es digno ni de mención, luego de 6 décadas de tiranía.

El lado positivo es que algunas de estas constituciones nuevas han otorgado derechos mucho más amplios, colectivos políticos y territoriales para comunidades indígenas, por ejemplo; protecciones especiales contra la discriminación racial, de género y étnica, y derechos a la privacidad y la información. Este es el caso de Colombia, con el extenso texto de Constitución de 1991, el cual permite a los ciudadanos pedir protección inmediata ante los jueces cuando se violan sus derechos básicos. También se ha dado una importante expansión de la democracia directa a través de la creación de figuras como las iniciativas populares y los referéndums que les permiten a los ciudadanos crear y modificar leyes. Costa Rica, que goza de una solidez democrática ejemplar en el continente, tiene su constitución liberal desde 1949, no obstante, ha introducido reformas constantes en el texto para ir ajustando la carta magna a los nuevos tiempos, además de adherirse en materia de derechos humanos a lo establecido por la comunidad internacional.

Los sistemas políticos también se han vuelto más representativos e inclusivos. En países donde los presidentes acostumbran nombrar alcaldes y gobernadores, como en Bolivia, Venezuela y Colombia, los votantes ahora eligen a sus líderes locales. A nivel legislativo, los ciudadanos solían votar por listas partidarias cerradas para elegir a los miembros del Congreso, y el partido luego decidía qué escaño recibía cada candidato. Hoy, con las constituciones nuevas, es común el voto directo por los candidatos. En tanto, las constituciones actuales tienden a favorecer mecanismos que hacen posible que candidatos de muchos partidos tengan oportunidad de llegar a la presidencia, tal es el reciente caso de Chile y Colombia.

El poder presidencial en la mayoría de los países – aunque no todos – ha aumentado en muchos aspectos, los cambios no siempre surgen de iniciativas para que los países se vuelvan más pluralistas. En varios casos los presidentes y sus partidos han puesto en marcha amplias transformaciones para superar crisis políticas o económicas temporales, conseguir ventajas electorales o apuntalar su autoridad a futuro. Un ejemplo de esto es el poder creciente de los presidentes sobre las leyes. Algunas características de las nuevas constituciones, es impedir que los conflictos políticos tengan un ganador absoluto, introduciendo nuevas medidas para la elección de líderes locales, reglas para elecciones más inclusivas y pluralistas, democracia directa a través de referéndums e iniciativas populares. Las nuevas constituciones de América Latina avanzan en muchos sentidos hacia esa necesaria dispersión del poder. Pareciera que la influencia y la vieja rivalidad entre la derecha y la izquierda en las constituciones, sigue vigente con la aparición de nuevos actores de izquierda en el siglo XXI, la respuesta de liderazgos de derecha no se ha hecho esperar.

La historia como siempre, sigue siendo cíclica.

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Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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