La noche del 18 de noviembre de 2025 será una fecha inolvidable para los aficionados del fútbol nacional. Se nos acabó el tiempo, quedamos fuera de la fiesta más importante de este deporte, la Copa Mundial 2026 organizada por Canadá, Estados Unidos y México. La esperanza de clasificar, o al menos irnos al repechaje, se esfumó. Aunque sabíamos que estábamos viviendo la crónica de una muerte anunciada, los futboleros de corazón, hasta el último pitazo, mantuvimos la vela encendida, gritamos con el alma que, si se podía y sin duda creímos que, aunque fuera en el último segundo nos colaríamos entre los equipos que van a este campeonato. No fue así.
Cayó el telón, la pesadilla es una realidad. Veremos debutar a Curazao y Haití, dos equipos con contextos sociales y geopolíticos complejos y con trayectorias futboleras, erróneamente, calificadas como emergentes. Lo que supuestamente era la clasificación más fácil de superar, transparentó la crisis que vive este deporte en nuestro país y no hay justificación que compense la ola de efectos y repercusiones que vienen, porque con la descalificación no solo se nos esfumó la euforia por el mundial, sino que tendremos pérdidas económicas. Un experto de la Universidad Nacional calculó entre USD 60 y 125 millones de dólares el impacto económico por no ir al mundial y es que descalificados ya no tenemos razones para viajar a alguno de los países sede o invertir en la pantalla nueva. Los comercios, desde bares hasta tiendas de equipos tecnológicos, ropa y calzado sentirán el azote de quedar eliminados. El mundial lo disfrutaremos en tercera persona, y lo quieran o no, nos queda gritar los goles y triunfos de otras selecciones. Ya no habrá ilusión, se nos fue el mundial.
Del partido queda poco que comentar, fueron 90 y tantos minutos de agonía, porque igual que durante toda la fase clasificatoria, es difícil de reconocer, aunque fuera un remedo de trazado técnico. Sobre el entrenador cualquier comentario sobre, porque no demostró que tenía una estrategia para enfrentar a los rivales. Su desempeño fue pésimo y debe responsabilizarse por esta debacle deportiva. Como todo gerente que no cumple con sus metas, debe ser multado financieramente, es tiempo de que vuelva a México con su banda. Sobre los jugadores, como en todo equipo, algunos demostraron que tienen el nivel para estar en este tipo de competencias, pero otros deben aceptar que ya no les alcanza su desempeño deportivo y es hora de dar un paso al lado.
Todos somos Navas, porque nunca lo había visto transformado. El halcón reflejaba tal grado de frustración que hasta, por su cuenta, buscó el gol que nunca llegó. Todos somos Navas, porque sabemos lo que nos perdimos, se nos fue la oportunidad de mostrarnos, de que las jóvenes promesas ticas se expusieran a visores de equipos de talla mundial. Keylor y todos sabemos que vienen tiempos de crisis financiera, no solo para la Fedefutbol, sino para las demás federaciones. Esta élite también debe dar cuentas. Con la ilusión de un país no se juega.