Taiwán no es Ucrania

» Por Luis Zúñiga - Analista político, exdiplomático

La base del conocimiento humano son las experiencias repetidas. Ese concepto constituye la matriz de todas las ciencias con la excepción de la ciencia política donde es usualmente desechado. No en balde la humanidad ha vivido dos guerras mundiales y un número indefinido de guerras menores con un alto costo humano y material.

Históricamente, la experiencia política más peligrosa ha sido la ascensión al poder de megalómanos -individuos con convicciones personales de grandeza y superioridad política o militar- que llegan a creerse que pueden conquistar el mundo o que pueden poner bajo su control una parte de él. La lista de tales es numerosa, pero la de interés actual la encabezan Vladimir Putin y Xi Jinping.

Desde su llegada al poder, Vladimir Putin comenzó a sentirse como un futuro Zar. Colocaba en sus actos políticos la bandera del “Águila Bicéfala”, símbolo zarista, creó una narrativa histórica de la Rusia del siglo antepasado que él debía reconstruir y, apoyado en el poderío militar ruso, comenzó con sus primeros pasos: Se apoderó en el 2008 de parte de la República de Georgia (Ossetia del Sur y Abkhazia) y, envalentonado por la pobre respuesta internacional, se apoderó de la península de Crimea perteneciente a Ucrania. Al año siguiente, 2015, intervino en la guerra civil en Siria.

La masiva invasión militar rusa a Ucrania, el pasado 24 de febrero, confirmó las ambiciones expansionistas de Vladimir Putin a quien poco le ha importado que el conflicto pudiera expandirse a Europa. Sin embargo, los cálculos de Putin de que en una semana se apoderaría de Ucrania, resultaron erróneos. Sus despiadados bombardeos a ciudades e infraestructuras civiles como represalia por la fuerte oposición de los ucranianos le ha generado una grandiosa ola de rechazo internacional.

Xi Jinping, por su parte, ha desarrollado una precipitada carrera armamentista y nuclear que ha despertado las alarmas en Estados Unidos y Europa. Su agresiva política de expansión y autoritarismo en el Mar del Sur de China ha expuesto las ambiciones de Xi en el sudeste asiático y sumadas a otras operaciones de toma de control de importantes puertos e infraestructuras en África, préstamos y endeudamiento en naciones de América Latina y alianzas político-militares con Rusia e Irán, identifican las ambiciones de Xi Pinping como hegemónicas globales. Internamente, Xi ha elevado su poder absoluto a un nivel superior al que tuvo Mao Zedong.

La primera ambición expansionista de Xi fue Hong Kong. Sin titubeo alguno, se apoderó del enclave pisoteando los acuerdos firmados con el Reino Unido. Esa impunidad, como la que disfrutó Putin, lo impulsó a enfocarse en el siguiente objetivo: Taiwán. Sin embargo, el desastre de Putin en Ucrania debe servirle de contención a Xi Jinping. Taiwán tiene un equipamiento militar infinitamente superior al de Ucrania. No hay frontera terrestre entre China y Taiwán para el traslado de tropas, tanques, artillería y cohetería. Tampoco podría mover por tierra las largas cadenas de logística militar y suministros que harían falta para una guerra de ocupación.

Y, adicionalmente, estaría presente el factor evacuación de la población civil. En Ucrania esa evacuación se pudo realizar hacia las fronteras con Polonia y Rumanía, pero en Taiwán no existen tales. Eso significa que la población tendría que permanecer bajo la guerra y seguramente tendría una cuota mayor de muertes civiles que en Ucrania.

Tomando como referencia la poderosa reacción internacional contra la invasión militar rusa y que, eventualmente, las naciones europeas y Estados Unidos tuvieron que imponer fuertes sanciones económicas a Rusia seguidas por un significativo apoyo económico y militar a Ucrania, es predecible que esa misma respuesta ocurriría ante una invasión militar china a Taiwán. Después de 6 meses de guerra, Vladimir Putin tiene muy poco que reclamar como exitoso y mucho que lamentar como desastre. Sus ambiciones expansionistas se han desinflado estrepitosamente.

La experiencia ucraniana debe servir a Xi Jinping como lección, especialmente cuando evaluamos que Taiwán es más complicada que Ucrania en términos militares y geográficos. Además, Estados Unidos sabe muy bien la importancia de Taiwán como freno al expansionismo y ambiciones hegemónicas de Xi Jinping. Ojalá surjan mentes lúcidas en China que impidan que un magalómano empuje su país a una guerra que podría traerles consecuencias desastrosas en términos humanos y materiales. Valga la alerta: Taiwán no es Ucrania.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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