
Los hijos y nietos de ex combatientes del 48, no comemos cuento. Porque la sociedad civil-crítica del “país más feliz del mundo” se está poniendo en marcha, superando los reiterados y falaces discursos, propiciados por algunos sectores de la “clase política” que maneja a esta Nación; la cual, está siendo dirigida por los llamados caciques de nuevo corte, dentro de esta inverosímil “democracia representativa”, donde no se cansan de repetirnos que “todo está bien”, aunque esto no sea cierto.
Porque Costa Rica está mal y eso es percibido desde cualquier frente; sin que haya necesidad de ser un “letrado”, para denotar la polarización creciente que nos anega, misma que los nuevos hacendados o mejor dicho terratenientes de este siglo XXI, hoy venden desde un discurso “constitucional”, como los nuevos salvadores de esta Patria, articulando una perorata caduca que pretende darle al pueblo atolillo con el dedo, siempre y cuando este lo permita.
La revolución histórico-social que ha sufrido esta Nación en los últimos veinte años, todavía no puede ser considerada como “trascendental,” desde el ámbito del quehacer político-económico y esto, lo afirman quienes todavía hoy defienden con uñas y dientes, un pequeño-burgués-estado de confort, ese que precisamente ha usurpado al Estado de Bienestar en esta República y que desde su Carta Magna, ahora esos latifundistas quieren reformar en nombre de sus posesiones que desde el norte y hasta el sur…crecen más allá de la usura…
¿Entonces qué hacer ante tanta desfachatez y cinismo? Las respuestas las tienen cada uno de los costarricenses: pluriculturales, multiétnicos y plurilingües, mismos que hoy, poseen el poder de cambiar de rumbo, virando sus destinos y el de toda Costa Rica, al no aceptar la naturalización de la corrupción institucionalizada; la cual, campea a la libre por todo este país.
El ejercicio de denuncia pública y compromiso cívico en conjunto, desde espacios libres y neutrales, no puede ser manipulado por intereses clientelistas y populistas, menos desde una seudo-acción-ciudadana, aleccionada para jugar con las emociones de todo un pueblo y en perfecto engranaje, articulador de lo que conocemos como demagogia y que se ha transformado en el “quehacer político” por excelencia, pero de aquellos que viven a costillas de los demás.
De esta forma la sociedad civil responsable y comprometida, debe dejar de mercadearse, bajo premisas que en otros países, desencadenaron la crisis que nos acecha desde el norte y sur de este Continente; debido a los nuevos escenarios histórico-sociales, económicos y políticos que nos convierten en la actualidad en una sociedad globalizada, más allá de estas fronteras.
El panorama mundial hoy en día es otro y Costa Rica no se escapa a ello, por más que se empeñen de vender todo lo contrario, esos que la tienen secuestrada. Porque los límites de esta noble tierra, han sido trazados por el narcotráfico y la inseguridad social, pero ante todo por el concubinato ejercido por todos los gobiernos.
La violencia a todas luces, ha ganado esta partida más allá de las rabietas que desde del Parlamento, se tengan; las cuales, no le quitan el aliento a la “Super Potencia del Norte” misma que está cansada que sus “inversores”, sean saqueados continuamente desde los dos Océanos que bañan a esta Nación.
Así que “señores” a poner sus barbas más que en remojo, ya que aquellos costarricenses trabajadores y que no sobreviven gracias a colores políticos, ideologías mal interpretadas o demagogia pura, no tienen por qué someterse a una “seudo-elite” que se encuentra hoy sufriendo una crisis-generacional; misma que tendrá que ponerse a laborar, junto con sus hijos y los hijos de sus hijos en un futuro más que próximo, pero no solo desde el verbo… sino con el sudor de su frente.
Porque para finalizar la palabra trabajo y el ejercicio del mismo, es lo que más miedo les da a esos que viven a costillas del Estado, como políticos de derechas o izquierdas en cualquier lado…
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