
Empiezo considerando lo que ha marcado los últimos dos meses del segundo año de la administración Alvarado: la pandemia, que indubitablemente ha afectado prácticamente todas las esferas de la sociedad, con un impacto muy fuerte sobre la economía, en áreas específicas de la producción, en el comercio, en el turismo, y obviamente en lo social; hemos tenido que aprender y ajustarnos a esa frase que en definitiva marcará esta década del Siglo y quedará registrada en la historia: distanciamiento social.
Aunque no todo es negativo: según datos, accidentes vehiculares y muertes en las carreteras han disminuido, las enfermedades asociadas a la falta de higiene se han reducido, otras áreas de productividad (bienes y servicio) han tomado relevancia durante esta coyuntura.
Lo que no es válido, a propósito del discurso del presidente y para entrar en detalle, es afirmar que la situación económica venía mejorando y que el COVID-19 golpeó fuertemente esa mejoría. Es más, recurrimos a ver y escuchar un discurso completamente distanciado de las expectativas y de las necesidades que tenían muchos sectores de una hoja de ruta para enfrentar el durante y después de la pandemia.
Ahora bien, ¿cuál mejoría? Si bien los datos en materia de recaudación en el último cuatrimestre de 2019 fueron alentadores, con superávit primario, y un panorama total de 2019 de crecimiento en los ingresos del gobierno en más de un 8,0% en relación con 2018, un aumento significativo en lo que antes se llamaba impuesto de ventas y en recaudación a personas jurídicas, esto se debió a la entrada en vigencia del llamado Plan Fiscal; y sin ser mezquinos, pero esa pseudobonanza derivó del desgate político y del “codo a codo” (a propósito del saludo en estos tiempos) que protagonizaron el PAC-PLN-PUSC, y la proyección que la entrada en vigencia de la reforma tributaria representaría para las arcas del Estado.
Aunado a lo anterior, con la entrada en vigor del Plan Fiscal, los pluses en la Administración Pública sufrieron una contención necesaria con lo cual generó un ahorro a las finanzas del estado, a pesar del disgusto de muchas institucionas públicas que argumentaban una autonomía para manejar sus dineros.
Pero, mencionar como un logro esta mejoría de las finanzas refleja un distanciamiento del presidente con la realidad del manejo político efectuado. Y es tal ese distanciamiento que, a pesar de ese crecimiento real en las arcas, el impacto en las finanzas de la ciudadanía ha tenido duras consecuencias que Alvarado no ha podido, o no ha sabido, cómo hacerle frente con su gabinete. El desempleo, la informalidad, el cierre de cientos de locales de pequeños y mediano tamaño a lo largo y ancho del país, y con ello más desempleo ha sido la nota más dramática de este segundo año.
Los datos del INEC para agosto de 2019 hacían notar un incremento del 60% del desempleo, en relación con 2018. Y las noticias de las últimas horas en esta materia, en relación con los datos del primer trimestre, no son alentadoras, ni mucho menos lo serán en el futuro inmediato.
Entre junio y julio de 2019 Alvarado se montó en la oleada de anuncios de ciertas empresas transnacionales que ofrecían puestos laborales, necesarios, pero que no correspondían a alguna estrategia gubernamental, sino a las mismas proyecciones de crecimiento de estas compañías.
Y parte de este distanciamiento que sin necesidad del COVID-19 se ha reflejado en este segundo año de su administración, ha sido hacia el manejo político de temas importantes que han requerido de reformas o creación de leyes. Prácticamente le ha delegado su conducción a una oposición, disculpen, “oposición”, que le ha entregado en bandeja los votos para la aprobación de proyectos, que, considerando el pobre desempeño de la bancada oficialista, nunca hubiera podido.
Otra muestra del distanciamiento que Alvarado ha enfrentado es que no ha podido sostener el enlace entre Casa Presidencial y otros sectores. Recordemos en su primer año la llegada de una figura del PUSC, que no logró generar acercamientos, aunque Piza así lo creyera; parte de su segundo año, tuvo a otra figura cercana a él y bueno, recordamos también la forma en cómo salió Víctor Morales.
Quizás donde Alvarado se ha logrado acercar un poco a esa necesidad de justicia social ha sido recortar de alguna manera las pensiones de lujo, una aberración disfrazada de derechos adquiridos.
Pero se ha mostrado ambivalente, como que se acerca a una propuesta, aunque también se distancia, con otro clamor popular y político: el exceso de instituciones públicas. Independientemente del enjambre jurídico que supondría digamos, la fusión o eliminación de ciertas entidades públicas, algunas que podrían ser sujetas a otras funciones, y otras con duplicidad de funciones, Alvarado no ha definido hacia dónde apuntar. Parece que también se lo ha delegado a los partidos representados en la Asamblea Legislativa para que hagan el desgaste.
Hemos visto en su segundo año un serio distanciamiento con la comunicación política asertiva; ha sido terrible. Su gente no logró manejar el tema de la UPAD o el dizque aporte solidario con el que querían tasar los salarios a partir de los quinientos mil, y que tuvo él que enmendarle la plana a su ministro de hacienda y a la de planificación -otra funcionaria que no sabe comunicar- en cuestión de minutos.
La imagen del Presidente con la opinión pública también ha mostrado fuertes vestigios de distanciamiento. A pesar del maquillaje de una última encuesta sobre la labor del gobierno para enfrentar la pandemia NO REFLEJA un acercamiento de Alvarado con lo que la ciudadanía espera de él.
Si bien él ha sido claro que no llegó para caer bien, palabras más palabras menos, o para complacer a grupos específicos, lo cierto es que Carlos Alvarado todavía, ha mantenido un distanciamiento social, casi en un confinamiento, como el que estamos miles de ciudadanos hoy; y a pesar del dolor que él dice sentir por los efectos de la crisis pandémica en los que menos tienen, Alvarado no es el presidente de la mayoría, aunque haya sido escogido así en 2018.
De cara a este segundo año de mandato, ya el distanciamiento había iniciado, sin necesidad del COVID-19.
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