Sectores productivos y la enfermedad de Holanda

Aunque las noticias ya hablan de pedirle al Banco Central estabilizar el dólar. Para entender mejor el impacto de la Enfermedad Holandesa en la estructura productiva de un país como Costa Rica, es necesario visualizar cómo el flujo masivo de divisas altera el equilibrio entre los sectores. IMPACTO PARA EL PRODUCTOR NACIONAL Si analizamos la situación actual, el principal desafío no son el cambio del dólar; sino la pérdida de rentabilidad relativa. Disculpen que insista en el tema, pero por mi formación de Ingeniero Agrónomo me preocupa la situación del agro. El gobierno continuara con su política de importar en vez de producir y mucho consumidor no les preocupa el problema mientras tengan garantizados los alimentos en la mesa. Pero en un futuro no muy lejano Costa Rica tendrá problemas por esto y se acordaran de mi insistencia ojalá no sea demasiado tarde. Ya en la asamblea Legislativa se está hablando de lo que a continuación expongo. Detallo tres puntos críticos que enfrentan sectores como la ganadería y la agricultura de exportación.

  • EL “EFECTO DE ABSORCIÓN DE RECURSOS”: Cuando el sector de servicios y zonas francas crece aceleradamente, demanda más mano de obra y servicios (electricidad, transporte, profesionales). Esto eleva los costos operativos para el productor, quien no puede subir sus precios internacionales para compensar, ya que compite con países que tienen precios más bajos (más tecnología y subsidios de sus gobiernos)
  • ABANDONO DE LA INFRAESTRUCTURA PRODUCTIVA: Con una política de

gasto mínimo, el mantenimiento de rutas clave (como la Ruta 1 o la Ruta 32) se vuelve lento. Para un exportador, cada hora de retraso en carretera o cada ineficiencia en puerto debido a falta de inversión pública es un costo directo que se suma a la pérdida por el tipo de cambio.

  • Riesgo de Dependencia: Si Costa Rica sigue este camino, se vuelve una “economía de enclave”. Esto significa que las zonas francas operan como islas de prosperidad que generan riqueza, pero que no están conectadas con la economía local (compra de insumos, materias primas o servicios nacionales), dejando al resto del país estancado. ¿QUÉ SUCEDE CON LA SEGURIDAD ALIMENTARIA?

Al abandonar la agricultura, el país pierde su capacidad de reacción ante crisis globales. En un escenario donde el 90% de los alimentos básicos (maíz, frijoles, arroz, carne) sean importados, cualquier conflicto internacional o interrupción en las cadenas de suministro dispararía los precios locales de la canasta básica, afectando principalmente a las familias de menores ingresos.

En el escenario actual de 2026, la relación entre el tipo de cambio y el costo de los insumos presenta una contradicción peligrosa para el productor costarricense. Aunque un dólar bajo debería abaratar las importaciones, la realidad operativa dicta otra cosa.

PUNTOS CRÍTICOS DE ESTA DISTORSIÓN ECONÓMICA:

  1. LA TRAMPA DE LOS INSUMOS IMPORTADOS (MAÍZ Y SOYA)

Para un proyecto de aves, cerdos y engorde o lechería, el maíz y la soya son los componentes más pesados del costo.

El Problema: Aunque el dólar baje, los precios internacionales de estos granos suelen ser volátiles. Si el precio del maíz sube en Estados Unidos esa alza neutraliza el beneficio de un colón fuerte. Con el enfrentamiento en el estrecho Ormuz ya se habla de que el petróleo sube y posiblemente con este la soya y el maíz.

Sustitutos Locales: La falta de una política de reactivación hace que cultivos energéticos locales, como el sorgo, no tengan el apoyo técnico ni el volumen necesario para competir. Aunque en Guanacaste y otra parte del país, hay tierras para lograrlo. Hay híbridos sin taninos resistentes a la sequía y de alto rendimiento de grano.

  1. RENTABILIDAD EN EL GANADO

El Costo por Kilo vs. Precio de Subasta al productor amarrado a la importación, perdiendo soberanía sobre sus costos.

En los últimos meses de 2026, se observa una brecha crítica:

  • Costo de Producción: Llevar un novillo de 400 kg a los 535 si el precio en subasta o en canal no supera ese costo operativo, el productor está “comprando plata”. Se deben hacer mezclas con proteína y energía equilibradas. Engordar ganado a potrero sin una buena suplementación estaríamos votando el dinero. El fenómeno de la moneda apreciada hace que la carne importada entre más barata al país, presionando a la baja el precio que los mataderos pagan al ganadero nacional.

3.  EL OLVIDO DE LA INFRAESTRUCTURA Y LOS SERVICIOS

Bajo la política de gasto mínimo, sectores como el de Guanacaste y la Zona Norte enfrentan retos adicionales:

  • Logística: Los caminos rurales deteriorados aumentan el gasto en combustible y mantenimiento de camiones, elevando el costo del flete por cada animal o tonelada de grano.
  • Electricidad y Agua: Mientras las zonas francas suelen tener tarifas competitivas y servicios estables, el sector agropecuario sigue lidiando con costos de energía altos para sistemas de riego o molienda, lo que resta competitividad frente a los servicios tecnológicos de la GAM.

4.  RIESGOS DE LA “DESAGRARIZACIÓN” DIRECTA

Si el Gobierno continúa priorizando únicamente los servicios y el ahorro fiscal extremo como perece ser continuará Laura Fernández, entonces

  • Desocupación Rural: La mano de obra que deja las fincas no siempre tiene el perfil técnico para entrar a una zona franca médica o de software. Esto generará más focos de pobreza en las periferias Y lo peor aumento del sicariato. El discurso de Laura Fernández de la mano dura le será muy difícil de aplicar si quita presupuesto al OIJ y otras policías.
  • Venta de Tierras: Ante la falta de rentabilidad, muchos productores optan por vender sus fincas para proyectos turísticos o inmobiliarios, destruyendo definitivamente la base productiva del país.

CONCLUSIÓN

La falta de productividad agropecuaria es un fenómeno complejo que no solo afecta al agricultor-ganadero, sino que impacta en toda la economía y la estabilidad social de un país. Como profesional con amplia trayectoria en el sector sé que cuando el campo no rinde, el costo lo paga toda la nación. Un país con baja productividad pierde su capacidad de autoabastecimiento. Esto obliga a importar alimentos básicos (como maíz-soya), exponiendo al mercado interno a la volatilidad de los precios internacionales y al tipo de cambio. Si el mundo sube los precios, la canasta básica local se dispara de inmediato; pues la leche, huevos, carne y embutidos dependen de importaciones cuando debería sembrarse en el país.

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