Seca, lluviosa y… problemas con Nicaragua

Las relaciones entre nuestro país y Nicaragua mantienen una azarosa historia de conflictos, pues cada vez que nuestro vecino del norte atraviesa por dificultades internas o se avecina un proceso electoral, la estrategia sigue siendo la misma: lanzar una cortina de humo provocando a nuestras autoridades, en procura de consenso interno que favorezca a sus gobernantes de turno. No en vano, nuestro Expresidente Ricardo Jiménez Oreamuno, afirmaba que Costa Rica no tenía dos estaciones, sino tres: la seca, la lluviosa y la de los problemas con Nicaragua.

Los ejemplos son abundantes y lo tenso de la relación parece que nunca tendrá fin ya sea en siglos anteriores por el desconocimiento de nuestros vecinos de la voluntad expresada por el Partido de Nicoya de formar parte del territorio costarricense; los tradicionales conflictos por el río San Juan; el cierre de sus fronteras a nuestros productos; la invasión a la isla Calero; la detención arbitraria de nuestros ciudadanos; la concesión nicaragüense de trechos de mar que pertenecen a Costa Rica para la explotación petrolera y, más recientemente, el impedimento de los vecinos del norte a pescadores costarricenses para trabajar en los alrededores de la isla Bolaños, la cual no solamente nos pertenece, sino que es refugio nacional de vida silvestre desde 1981.

La posición de nuestro país siempre ha sido valiente, consistente y apegada a las normas del derecho internacional, pudiendo enmarcarse como política de Estado, siendo quizás el único tema donde transversalmente nuestra Cancillería recibe el apoyo de los distintos actores políticos, sociales y económicos en sus denuncias y acciones contra los atropellos de las autoridades nicaragüenses.

Cabe subrayar que el conflicto no es con los nicaragüenses, sino con sus autoridades políticas, pues la relación entre ambas naciones a nivel de ciudadanos ha sido simbiótica en distintos ámbitos como el cultural, el productivo y comercial. La denuncia formal de atropellos de sus autoridades hacia nuestras fronteras y ciudadanos si bien es necesaria, no debe convertirse en excusa para alimentar pasiones xenofóbicas contra un pueblo de gente mayoritariamente trabajadora y esforzada con deseos de superación y que ante malas decisiones de sus políticos se ha visto obligado a cruzar hacia nuestro territorio para poder subsanar sus necesidades más básicas y fundamentales, al tiempo que contribuyen de manera significativa al mismo desarrollo de nuestro país.

Poco a poco la Corte Internacional de Justicia se ha encargado de subsanar dudas en materia de fronteras y derechos fronterizos. Se trata de un proceso largo, tedioso y caro pero que va cerrando portillos a la duda y la provocación. Así se ha hecho en cuanto a los derechos de navegación por el San Juan, la soberanía costarricense en isla Calero y próximamente en cuanto los límites marítimos que definirán de una vez por todas temas relacionados con explotación de recursos naturales y navegación en el Pacífico y el Caribe.

Por lo pronto se hace imprescindible que la prudencia y la vehemencia sigan acompañando las denuncias que nuestras autoridades plantean ante las provocaciones, pero también, resulta necesario continuar esfuerzos porque la agenda binacional se enfoque en temas de interés común en beneficio de los pueblos.

Ambas naciones así como tienen un  potencial humano y natural envidiable, enfrentan problemas similares que abarcan desde el terrorismo, la delincuencia organizada transnacional, el narcotráfico, la corrupción, el lavado de activos y el tráfico ilícito de armas, hasta la trata de personas, los ataques a la seguridad cibernética, pandemias y la protección de recursos naturales.

El llamado a las autoridades de ambas naciones es para priorizar agendas comunes ante amenazas trasnacionales fijando como prioridad el diálogo, la negociación, el trabajo conjunto, el intercambio de experiencias y buenas prácticas, la capacitación y formación de profesionales, así como la elaboración de marcos normativos ágiles y cooperativos que sirvan como base para armonizar esfuerzos similares en la región.

Colocarse del lado correcto de la historia no es tarea sencilla, pero el bienestar de las naciones bien vale la pena intentarlo las veces que sea necesario.

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