
Don Ricardo Jiménez Oreamuno nace el 6 de febrero de 1859 en Cartago.
Hijo del expresidente Jesús Jiménez.
Don Ricardo ocupa diferentes puestos:
- Presidente Municipal de San José a los 26 años.
- Presidente de la Corte Suprema de Justicia.
- Presidente del Congreso.
- Presidente de la República en tres ocasiones: 1910-1914, 1924-1928, 1932 – 1936.
Toma posesión de su cargo como presidente de la República por primera vez en 1910 y tiene que dedicarse de inmediato a reconstruir la ciudad de Cartago, que cuatro días antes fue destruida por el terremoto de Santa Mónica.
En 1913 modificó la Constitución e introdujo el sufragio directo.
En 1923 fue de nuevo candidato a la Presidencia de la República, junto con Alberto Echandi y Jorge Volio.
Como ninguno de los tres obtuvo la mayoría requerida para ser electo, don Ricardo Jiménez fue electo por el Congreso.
Funda la Escuela de Agricultura, crea el Banco Nacional de Seguros, estimuló la agricultura y la ganadería, fundó el Banco de Crédito Hipotecario, construyó el muelle de Puntarenas e inició la electrificación del ferrocarril al Pacífico.
Entrega su mandato a don Cleto González Víquez en 1928.
En 1932, es de nuevo electo presidente de la República por el Congreso, pues nuevamente, ninguno de los candidatos alcanza la mayoría.
Las consecuencias de la crisis de la economía mundial de la época dificultan a su gobierno.
En esta administración de (1932 -1936), estimula la construcción y la pavimentación de San José iniciada por Cleto González Víquez; levanta edificaciones escolares, construye carreteras, funda colonias agrícolas y dona terrenos baldíos.
También tuvo que hacerle frente a la famosa huelga bananera de 1934, dirigida por el Partido Comunista.
En 1939 de nuevo se postuló a la Presidencia de la República, pero los tiempos estaban cambiando y tuvo que retirarse de la contienda electoral.
El 4 de enero de 1945, a los 85 años de edad, hace 75 años, en San José, muere don Ricardo Jiménez Oreamuno.
Poco antes dispone que lo entierren sin pompa oficial y con absoluta sencillez.
Esto dijo antes de morir: “Cuando mi vida acabe no deseo honras sobre mi cuerpo, no quiero discursos junto a mi tumba, y en vez de las notas del duelo de la patria, prefiero el rumor de la tierra generosa y buena que tanto he querido y admirado, cayendo sobre mis despojos, dándome asilo y olvido eterno”.
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