En política, el rumor es una herramienta vieja con traje nuevo. Antes se susurraba en pasillos; hoy se viraliza en chats. Su objetivo casi nunca es informar: es distraer, dividir y desgastar. Por eso, cuando aparece el “chisme” de una supuesta ruptura en una fracción parlamentaria, lo que está en juego no es solo la imagen de un grupo: está en juego la gobernabilidad y, en última instancia, la confianza de la ciudadanía.
La pregunta correcta no es si hay matices internos. Siempre los hay. La pregunta correcta es: ¿existe un rumbo claro y un liderazgo capaz de convertir diversidad interna en acción coordinada? En el caso del oficialismo, la respuesta tiene rostro, equipo y método: Nuestra presidente electa Laura Fernández Delgado, junto al liderazgo político que ha marcado el ciclo reciente, de don Rodrigo Chaves y doña Pilar Cisneros, y una agenda pública definida.
El rumor como estrategia: dividir para paralizar
Los rumores de “fractura” suelen llegar con una narrativa empaquetada: “Hay una pelea”, “hay bandos”, “se van a separar”. Esa historia es útil para quien quiere ver un gobierno entrante atado de manos desde el día uno. Porque si la conversación pública se queda atrapada en “quién se va” y “quién se queda”, se deja de hablar de lo verdaderamente urgente: Respuestas legislativas en seguridad, empleo, infraestructura, bienestar social y educación moderna con innovación.
En términos simples: el chisme intenta robar el centro del escenario. Y si lo logra, el país pierde tiempo valioso.
Por eso, desde la trinchera legislativa lo más responsable es cortar el ruido con una idea contundente: no hay proyecto serio que sobreviva si gobierna a través de rumores. Se gobierna con prioridades, con disciplina, con diálogo interno y con ejecución.
Unidad no es uniformidad: es disciplina para trabajar
Dentro de cualquier fracción hay personas con énfasis distintos: algunos ponen más el acento en lo económico, otros en seguridad, otros en lo social, otros en el orden institucional o en temas de valores. Pero convertir esas diferencias naturales en una “ruptura” es un truco de manual. La democracia interna no es un defecto: es un hecho.
Lo que hace la diferencia es cómo se tramita.
Una fracción madura no se define por la ausencia de debate interno, sino por la capacidad de sostener tres cosas al mismo tiempo:
- Un propósito común (la agenda país)
- Un método de decisión (mecanismos internos claros)
- Una ética de equipo (respeto, disciplina y responsabilidad pública)
Este triángulo está firme, por lo que el rumor se vuelve solo eso: ruido. Liderazgo extraordinario es liderazgo que ordena prioridades
En tiempos de transición, el liderazgo se mide menos por los aplausos y más por la capacidad de mantener a un equipo enfocado en lo esencial. Y ahí aparece un punto central: el liderazgo de nuestra presidente electa Laura Fernández, acompañado por don Rodrigo Chaves y doña Pilar Cisneros, ha sido extraordinario en algo que Costa Rica viene reclamando desde hace años: dirección, tono y enfoque.
El líder navega. No improvisa; traza rumbo. Nuestros liderazgos han anticipado obstáculos, ordenado prioridades y han sabido mantener el barco en dirección correcta aun cuando el oleaje mediático intente torcer el timón. En política, ese oleaje es el rumor.
La unidad se construye cuando hay liderazgo que:
- define qué es prioridad y qué es distracción,
- protege el propósito común,
- y transforma la diversidad interna en coordinación.
La ciudadanía no necesita ver un reality show legislativo; necesita ver conducción y liderazgos claros como los que hoy tenemos.
“Influencia” y “Proceso”: el liderazgo se demuestra, no se declara
La influencia real no se impone con titulares ni con jerarquías; se gana por coherencia. Y el proceso —la disciplina diaria— es el antídoto más efectivo contra el rumor.
Como fracción trabajamos con una agenda clara, con metas verificables, por lo que el chisme pierde oxígeno. Porque al país se les presento nuestras prioridades consistentemente, de respeto institucional y una ruta legislativa enfocada.
En política, la consistencia suele derrotar al ruido.
Lo que el país espera: resultados, no novelas
Costa Rica tiene una lista larga de urgencias legislativas y una paciencia corta para la politiquería. Si se quiere honrar el mandato ciudadano, hay una ruta sensata en la asamblea legislativa:
- Priorizar seguridad y justicia con seriedad.
- Impulsar empleo y reactivación con reglas claras y eliminación de trabas.
- Acelerar infraestructura estratégica para competitividad y servicios.
- Proteger bienestar social con enfoque realista y medible.
- Modernizar la educación con innovación y formación para el futuro.
- Y sostener como eje transversal la transparencia y la tolerancia cero a la corrupción.
Todo lo demás —incluyendo chismes y operetas— es distracción.
En los primeros meses de una nueva etapa política, el país verá muchos intentos de desviar la atención. La respuesta más responsable no es pelear con el rumor; es volver al rumbo.
Desde la trinchera legislativa, el mensaje que mejor sirve a Costa Rica es simple: la fracción no está para dividirse; está para trabajar. Y si el liderazgo es extraordinario — como lo reflejan Laura Fernández, Rodrigo Chaves y Pilar Cisneros desde sus respectivas responsabilidades políticas— se notará en algo muy concreto: el país escuchará menos chisme y verá más resultados.
Porque al final, la política no se evalúa por lo que se dice en un chat. Se evalúa por lo que cambia en la vida real de la gente.