Rodrigo Chaves, escuche: gobernar no es pelear, es rendir cuentas

» Por Dr. Kirk Salazar Cruz - Investigador y especialista en innovación.

En Costa Rica siempre hemos entendido que la crítica es parte esencial de la democracia. Cuestionar al poder no es una falta de respeto, es un deber ciudadano. Sin embargo, pareciera que hoy vivimos un momento en el que cualquier señalamiento dirigido al presidente Rodrigo Chaves se interpreta como un ataque personal, como si el país estuviera obligado a aplaudirlo en todo momento. Es curioso: si a cualquiera de nosotros nos llega una auditoría al negocio y los números están en rojo, no culparíamos al auditor. Revisaríamos lo que estamos haciendo mal. Pero cuando se trata del gobierno, la lógica parece invertirse: si algo sale mal, la culpa siempre es de quien señala el problema.

Esa actitud quedó en evidencia tras la publicación del Informe Estado de la Nación 2025. En lugar de analizar los datos, responder con argumentos o siquiera reconocer la validez del estudio, Chaves optó por atacar al informe, a los investigadores y a las instituciones que lo respaldan. Lo calificó de “torpe”, se burló de quienes lo elaboran y afirmó que es “puro escribir a máquina, nada de ciencia”. Incluso ironizó con que quienes lo defienden lo tratan “como si fuera la Biblia”. Lejos de mostrar apertura al escrutinio, se refugió en el desdén y la descalificación.

Pero lo que revela el informe no es poca cosa. Documenta cómo el presidente transformó sus programas televisivos en un megáfono político, utilizado para lanzar ataques directos a diputados, magistrados, instituciones, jerarcas públicos y medios de comunicación críticos de su gestión. Entre mayo de 2024 y abril de 2025, se contabilizaron 464 alusiones directas contra actores políticos e institucionales desde sus conferencias posteriores al Consejo de Gobierno. Esto no es percepción ni exageración: es un patrón sostenido, registrado y analizado. El propio informe advierte que la confrontación entre los Poderes de la República alcanzó en 2024 e inicios de 2025 su punto más crítico en décadas, impulsada por una estrategia constante de descalificación desde el Ejecutivo.

Mientras tanto, la sensación creciente entre la ciudadanía es que el país se está desgastando. No porque alguien esté “en contra” del presidente, sino porque los problemas estructurales se acumulan mientras el Gobierno dedica tiempo y energía a pelear con quien lo cuestiona. Servicios públicos debilitados, instituciones enfrentadas, polarización creciente y un clima político donde cada crítica se convierte en munición para otro conflicto. Costa Rica no necesita más pleitos. Necesita soluciones, seriedad, claridad, datos. Necesita un liderazgo que no responda con burlas, sino con acciones.

Querer un país mejor no significa adversar al presidente. Significa exigirle lo que su cargo demanda: responsabilidad, transparencia y la capacidad de aceptar críticas sin convertirlas en ofensas. El Estado de la Nación no es un enemigo. Es un instrumento creado para medir el pulso del país, y si ese pulso muestra irregularidades, romper el termómetro no hace desaparecer la fiebre.

En un momento tan delicado, Costa Rica requiere un presidente que escuche en lugar de atacar, que dialogue en lugar de descalificar y que entienda que rendir cuentas no es un capricho de nadie: es la base misma de la democracia. Porque si seguimos ignorando los síntomas, este país —como muchos ya lo sienten— podría seguir dando señales claras de que se nos está desmoronando frente a los ojos.

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