Respeto: materia obligatoria de la democracia

» Por Luis Fernando Allen Forbes - Director ejecutivo Asociación Salvemos El Río Pacuare

Durante la jornada electoral se hizo un llamado insistente a los ciudadanos indecisos para que ejercieran su derecho al voto, bajo el discurso de fortalecer la democracia. Sin embargo, una vez emitido el sufragio, muchos de esos votantes fueron descalificados en redes sociales, tratados de ignorantes por no coincidir con determinadas posturas políticas.

El clima de intolerancia también se evidenció cuando el presidente de la República acudió a votar y fue recibido con insultos y abucheos. La reacción del mandatario, marcada por burlas hacia sus detractores, sumó otro episodio de irrespeto en una jornada que debía ser ejemplar.

Si bien los insultos dirigidos al presidente constituyen una falta de respeto y desvirtúan el ejercicio democrático, la reacción del jefe de Estado tampoco estuvo a la altura del cargo que representa. En un contexto electoral, el respeto debería ser un valor compartido y no una moneda de intercambio.

El episodio deja una conclusión incómoda pero evidente: entre provocaciones desde la ciudadanía y burlas desde el poder, el respeto quedó relegado. Al final, en lugar de fortalecer la democracia, todos de distintas formas terminaron faltándose el respeto. El episodio evidencia una realidad incómoda: en la confrontación política, el respeto suele ser la primera víctima.

La reacción del presidente, por su parte, generó críticas al considerarse poco acorde con la responsabilidad y el ejemplo que se espera de la máxima autoridad del país. En un clima de polarización creciente, los gestos y palabras de los líderes adquieren un peso simbólico mayor y pueden profundizar las divisiones existentes.

Este episodio deja una reflexión abierta: en la confrontación política, tanto gobernantes como ciudadanos pueden caer en actitudes irrespetuosas. Al final, de una u otra manera, todos contribuimos al deterioro o al fortalecimiento del respeto como valor fundamental de la vida pública. Recuperarlo implica reconocer errores propios y asumir que la democracia no solo se ejerce con derechos, sino también con responsabilidad y respeto mutuo.

Los asistentes que abuchearon al mandatario también incurrieron en una falta de respeto al interrumpir un acto institucional que, más allá de las diferencias ideológicas, representa la investidura presidencial.. La protesta es un derecho legítimo, pero su forma y contexto determinan si fortalece o debilita el diálogo democrático.

Finalmente, el respeto no es opcional. Es la base sobre la cual se construyen la participación democrática, el diálogo y la educación. Sin él, los procesos electorales, las discusiones académicas y los espacios públicos pierden legitimidad y se convierten en escenarios de confrontación vacía.

Por ello, se hace un llamado a ciudadanos, medios de comunicación y autoridades a fomentar la cortesía, el civismo y la tolerancia, evitando que las malacrianzas se conviertan en protagonistas.

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