
El Refugio de Vida Silvestre Mixto Maquenque, es un lugar en Costa Rica que poco a poco ha ido creciendo en visitación turística, se ubica en la zona norte del país y constituyen 51.855,10 hectáreas de bosque tropical y posiblemente sea la zona menos explorada y conocida por los nacionales. Se decretó refugio en el año 2005 como medida de apoyo, al proyecto del Corredor Biológico Mesoamericano (1997), que es un esfuerzo multinacional para mantener la conectividad ecológica a través del Istmo Centroamericano y a la vez, enlazar con el Corredor Biológico San Juan-La Selva (2001).
El propósito del Corredor Biológico San Juan – La Selva es restablecer la conectividad ecológica entre el Sureste de Nicaragua y la Cordillera Volcánica Central de Costa Rica, del lado nicaragüense se encuentra La Reserva Biológica Indio Maíz, 263.900 hectáreas protegidas, una de las mayores reservas de Centroamérica y que recientemente sufrió un incendio que arrasó con 5.000 hectáreas.
La importancia del Refugio de Vida Silvestre Mixto Maquenque, es poder preservar el habitad de muchas especies que se encuentran amenazadas o en vías de extinción, por ejemplo, la lapa verde (ara ambiguus) y el almendro de montaña (dipteryx panamensis), siendo este último el alimento más importante de la lapa, así muchas otras especies que encuentran hogar en este refugio.
Maquenque como se le conoce al refugio, se encuentra a 3 horas de San José, lo que lo hace relativamente cercano. En el pasado ha sido famoso por 2 historias nacionales, la primera y más cercana; “la Trocha” cuando en el gobierno de Laura Chinchilla (2010 – 2014) se intentó establecer un camino o una trocha a lo largo del rio San Juan, desafortunadamente no se concluyó la obra por distintas polémicas.
La segunda historia de este lugar se remonta al año 1996 cuando un grupo de exguerrilleros nicaragüenses secuestraron a una suiza y a una alemana, extrayéndolas un 31 de diciembre del único hotel que existían en la zona, esto por setenta y un días, paralizando la tranquilidad de Boca Tapada y exterminando para aquella época el turismo en la zona.
Según las notas de aquella época, la comunidad de Boca Tapada dependía en gran medida del turismo que llegaba al hotel Laguna del Lagarto Lodge. Don Vinzenz Schmack, un alemán, que había llegado a Costa Rica a finales de los años setenta a trabajar y establecer negocios en el país, había adquirido una finca de 110 hectáreas, donde tardaba 2 días para llegar a la zona. Posteriormente en el 92 inició la construcción del Lodge.
Don Vinzenz Schmack, fue quien marcó un antes y un después en Boca Tapada y para el Refugio de Vida Silvestre Mixto Maquenque, aún con lo sucedido en el año 96, hoy vemos comunidades dentro del refugio que subsisten por el turismo, como Boca Tapada, Boca San Carlos y Santa Rita. También vemos como nacen nuevos proyectos ecoturísticos como; Pedacito de Cielo, Mirador el Pizote, Maquenque Ecolodge, Reserva Natural Maquenque, Boca Tapada Lodge, Hostel Tapir y varios más restaurantes que atienden semana tras semana visitantes.
La visitación del refugio también es mixta, muchas de las personas que se acercan buscan experiencias con la naturaleza y con vida que en Maquenque habita, algunos desarrollan actividades como senderismo, tours nocturnos, safaris en el rio San Carlos, avistamiento de aves, también es común ver grupos de vehículos 4 x 4, o cuadriciclos realizar excursiones por los caminos abandonados que dejo “la Trocha”.
Los fines de semana generalmente se observa como bajan hacia los humedales o a la boca del rio San Carlos, pescadores con sus cañas y botes, a probar suerte con los robalos, guapotes, machacas, güabinas, sábalos y hasta pez sierra según cuentan relatos de la zona.
En ocasiones, he caminado por el refugio siguiendo las huellas del jaguar y la danta, y me he topado con los paralizantes ladridos de los perros de caza, por horas siguiéndole el rastro a un tepezcuinte o cualquier otro animal, que posteriormente es comercializado en la zona. Lamentablemente algunos de los visitantes que llegan a Maquenque es para comer camarones de río, tepezcuintes o pez gazpar.
Esta situación pone en riego la atracción de turistas internacionales, que buscan ver correr libremente animales en su habitad natural y que estarían muy agradecidos si logran ver un felino, una danta o si logran tomar una fotografía a las lapas verdes.
El turismo tiene capacidades muy nobles y positivas en las comunidades más remotas del país, es interesante ver como cada vez más familias y pobladores locales se alistan para poner al Refugio de Vida Silvestre Mixto Maquenque en el mapa turístico nacional, aprovechando la virtuosa vida natural que habita y los sueños para conservarla.
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