
Todo indica que las acciones que tomó el gobierno para enfrentar el déficit fiscal, traerán consecuencias que nos golpearán a todos. Y el golpe será duro, muy duro. Al gobierno se le está acabando el tiempo y se enfocó más en pedir impuestos, que en aplicar una sola medida real de recorte al gasto. Todo depende de promesas a futuro. Como si la palabra del PAC fueran tan confiable (sobre todo en temas económicos).
“Nos comprometemos a recortar esto”, “nos comprometemos a reformar lo otro”, “vamos a reactivar la economía”, “este gobierno será austero”. Y bajo ese mismo discurso, han despilfarrado ₡50 millones en la elaboración de una estrategia publicitaria para “concientizar” sobre la necesidad de nuevos impuestos. ¡Cincuenta millones que se pudieron ahorrar perfectamente!
“¡Es que la reforma fiscal está ahora en manos de los diputados!” —dice el ejecutivo— ¡Falso! Según el Estado de la Nación, la administración del expresidente Solís realizó el incremento más alto al presupuesto nacional aumentándolo en casi 2 billones para el 2015. Con la misma eficacia se pueden tomar acciones reales de contención del gasto. Al parecer para este gobierno recortar el gasto basta sólo con quitar la CableTV.
Además de estas falacias, el que la ministra Rocío Aguilar haya anunciado que el gobierno reduciría la planilla estatal ante cambios en el proyecto de fortalecimiento de las finanzas públicas, demuestra que los impuestos son una elección, y que si no se aprueban, el gobierno se verá obligado a realizar necesarias reformas al Estado, como esa.
El gobierno más bien amenazó, a través de la ministra, con cerrar programas de combate a la desigualdad social si no le aprobaban más impuestos. No es posible sanear las finanzas públicas únicamente mediante la recaudación, pero si lo que se quiere es cobrar impuestos, ¿por qué no pensar en dejar de exonerar cooperativas, por poner un ejemplo? Algunas se han convertido en grandes transnacionales. ¿Por qué seguir empobreciendo a los más pobres? ¿Por qué no hablar de las pensiones de lujo, privilegio de un sector de la sociedad que nunca cotizó para ellas?
El gobierno debe entrarle al meollo del asunto: el gasto público. Para ello, se debe reformar el empleo público. No es posible que algunas personas ganen más que otras por realizar las mismas labores, solamente por estar protegidas por injustas convenciones colectivas.
También hay que vender instituciones que ya no sirven y que más bien le generan pérdidas millonarias al Estado, como Fanal y el CNP. Hay que abrir la mente para reactivar la economía. ¡Los impuestos por sí solos no van a resolver el problema!
Recortemos el gasto de tal forma que disminuya la presión fiscal y podamos pensar en tasas impositivas más bajas. En ese sentido el IVA debe cobrarse parejo -y no es que me encante la idea de meterle IVA a la salud, a la educación y a la canasta básica- pero para que funcione debe cobrarse por igual. Es por eso que considero necesaria una tasa más baja, de tal forma que la inducción al impuesto no encarezca el costo de la vida.
Aprobar la reforma fiscal es un mal necesario para subsanar el daño a las finanzas públicas, pero no debe ser vista como una solución aislada. De tal manera que hacerlo sin mecanismos como la contención del gasto y el control de la evasión del fisco, sería como echarle agua a un canasto vacío.
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