
La preocupación que muchos tenemos, por la desigualdad que avanza a pasos grandotes por el territorio nacional, no tiene que ver simplemente con el coeficiente de Gini, que evidencia esa grieta social vertical cada vez mayor. Es todavía más perniciosa la desigualdad horizontal, aquella que discrimina con dureza y con crudeza las diferencias de trato y de conductas entre los ciudadanos en nuestro país. Es común escuchar a muchas personas, afirmar que deberíamos dejar un país mejor para nuestros hijos, cuando la verdad es que deberíamos de cultivar y dejar mejores costarricenses para mejorar el país.
Costa Rica está necesitando que se ponga de moda, “que seamos mejores personas” que dejemos de matarnos, de robarnos, de denigrarnos, y de maltratarnos. Que también cesemos de profundizar las desigualdades intolerables, abusivas y egoístas que se han visto reflejadas en nuestra sociedad. El que pongamos de moda, el ser mejores personas implica, que los funcionarios y empleados públicos sean mejores, y que muchos empresarios egoístas también tomen la determinación de cambiar sus conductas. Igual esfuerzo tenemos que hacer los ciudadanos. Ojalá se ponga también de moda el ser buenas personas.
Es muy conveniente para Costa Rica, el que se ponga de moda el ser buen empresario. Ha sido doloroso y hasta ofensivo para miles de costarricenses haber conocido, por ejemplo, por medio de la Ministra de Hacienda en diciembre del 2018, una lista de 131 grandes contribuyentes, empresas muy reconocidas y grandes con activos de más de 25 mil millones, que durante muchos años, incluso 10 años, declararon pérdidas y cero ganancias a la Tributación, mientras por ejemplo miles de trabajadores mes a mes se les deducía de su salario el pago de la renta, y a otros costarricenses humildes y pequeños se les imponían multas y cierres por el no pago de sus impuestos. En esa lista divulgada por Hacienda había Bancos Públicos y Privados, Cervecerías, Supermercados reconocidos, Universidades Privadas, Ferreterías establecidas en todo el país, empresas de telecomunicaciones entre muchos otros. Esa desigualdad en el tratamiento que por años tuvo el Ministerio de Hacienda al no fiscalizar esas declaraciones a todas luces irregulares y sospechosas de dichas empresas, frente al seguimiento a veces pegajoso de las declaraciones de otros contribuyentes de estatus económico mucho menor, golpeó sin duda el imaginario colectivo. Frente a esos hechos bochornosos que dejó en mal predicado al sector empresarial más poderoso del país, la UCCAEP y otras organizaciones poco dijeron como legado para el futuro. Otros casos, incluso de ilustres presidentes de esa Organización han reflejado que no es necesario la solvencia ética empresarial para hacerse acreedor a un puesto de dirección nacional del sector empresarial costarricense. Los privilegios que ciertos empresarios con alguna razón, endosaban a ciertos personajes y sectores públicos laborales, lamentablemente se replicaban en algunas de sus empresas al recibir, por ejemplo, créditos bancarios multimillonarios sin garantías, como se publicó recientemente en enero del 2020, en el caso de Asebanacio donde los trabajadores de la Asociación Solidarista perdieron sus aportes, aproximadamente 11.063.000,000 millones de colones en otorgamiento de créditos a 12 empresas que solo Dios sabe cómo recibieron cientos y miles de millones sin garantías, créditos que se anunciaron que ya son incobrables. Algunas de esas empresas, literalmente han recibido en regalo enormes sumas de dinero del ahorro de los trabajadores, entre las cuales está una de Juan Carlos Bolaños, pero también otras reconocidas constructoras, que resultan a menudo adjudicadas por el Estado en carreteras, y en seguridad. Ese tratamiento de créditos sin garantías, no es el mismo que reciben los costarricenses de a pie, los agricultores, los artesanos y pequeños empresarios cuando van a buscar financiamiento. Personalmente he visto casos donde un Banco para darle a un ciudadano un crédito de 500 mil colones le exige hipotecar su casita. El 26 de febrero del 2018, por ejemplo, para ilustrar otro caso, en una nota publicada en CrHoy decía el abogado de la empresa Yanber, Licenciado Luis Vargas, que la Banca Pública otorgó préstamos a Yanber sin pedir garantías por las decenas de millones de dólares recibidos. Por cierto, en el caso del Banco Nacional en el comité de crédito de ese entonces, estaba como uno de sus integrantes, don Bernardo Alfaro actualmente Superintendente de la Sugef. Todo este andamiaje de tratamientos desigualitarios, en este caso, en el ámbito financiero, es irritante y socialmente peligroso. Los sectores empresariales que operan en nuestro país, deben entender que Costa Rica hay que construirlo con los mayores equilibrios posibles entre todos. Claro que la empresa privada debe ganar dinero y rentabilizar sus operaciones, pero no al precio de estirar la cobija del egoísmo, de la voracidad descontrolada, ni de ensanchar las desigualdades. Ganar dinero sin valores no debería ser parte del ADN de la empresa costarricense. Prestar, por ejemplo, a tasas confiscatorias de la riqueza o de los ingresos de los trabajadores es una injusticia, como también lo es, contratar con el Estado a precios exorbitantes y sobre facturados que encarecen las obras exponencialmente. Los argumentos de libre mercado en algunas actividades oligopólicas, para justificar tasas de usura, o altísimos precios de medicinas, no son convincentes. Hay que ganar dinero, sí claro hay que ganarlo, pero no a costa de la estabilidad del planeta ni del país, ni de la anchurosa desigualdad que venimos acumulando. Hacerlo sin límites y sin conciencia social es miopía empresarial.
Así empiezan a reconocerlo hasta algunos millonarios del mundo, quienes recientemente en la reunión de Davos en enero del 2020, manifestaron la imperiosa necesidad que las empresas no se reduzcan a meras generadoras de riqueza para sus accionistas, sino que atiendan también a las aspiraciones humanas y sociales de sus países y del mundo. El rendimiento no debe sustentarse solo en beneficios para sus accionistas, sino en relación con el cumplimiento de objetivos sociales y ambientales. Millonarios como Waren Buffett, Bill Gates, y Ray Dalio entre otros, han hecho un llamado a reducir la desigualdad antes de que vengan las avalanchas del descontento social, como ha estado ocurriendo por ejemplo en Chile. Algunas empresas de millonarios costarricenses deberían de repensar el efecto que tiene sus decisiones, acciones y conductas, sobre la realidad social del país. Ya no se trata ni siquiera por solidaridad, sino por seguridad para sus propias empresas, familias y ellos mismos. La realización de sus negocios bajo los estándares de competencia leal, igualdad de condiciones, cero corrupciones, ganancias justas, dignidad y respeto, gestión ética, pago de sus impuestos, uso ético y eficaz de datos entre otras cosas, deben conformar un código de conducta que consolide una imagen del nuevo empresario que necesita el país. Nada cambiará hacia la sociedad civilizada y armoniosa que aspiramos, si no creamos nuevos usos para combatir los abusos, si no modificamos nuestros códigos de conducta, ciudadanos, funcionarios, gobernantes y empresarios en beneficio del bienestar colectivo y no solo individual. Qué duro, pero qué necesario. Nunca la docencia en estos aspectos ha sido tan importante. A veces la ceguera ideológica impide pensar, a veces la idolatría al dinero impide entender la finitud de nuestras vidas y sociedades.
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