¿Qué queremos hacer con la humanidad?

» Por Mons. José Manuel Garita Herrera - Obispo de Ciudad Quesada

“La imagen divina está presente en todo hombre. Resplandece en la comunión de las personas a semejanza de la unidad de las personas divinas entre sí”. De esta manera, el Catecismo de la Iglesia Católica en su numeral 1702 nos revela tan solo parte del misterio que encierra la grandeza del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios.

Más adelante, en el numeral 1705 también señala: “en virtud de su alma y de sus potencias espirituales de entendimiento y de voluntad, el hombre está dotado de libertad, signo eminente de la imagen divina”.

Dignidad y libertad son dos rasgos característicos de la persona humana, creada por el Señor, dos dones que él nos ha dado para que cumplamos su voluntad, y para que fieles a ella seamos felices.

Podríamos seguir hablando de la belleza del ser humano, pensados desde siempre por Dios para ser sus hijos, y para que siendo hijos tengamos la libertad de llevar el rumbo de nuestra vida y administrar todo cuanto ha puesto en nuestras manos (cfr. Salmo 8).

No obstante, cuando otra realidad se apodera del hombre, distinta a lo que sea defender su humanidad y su libertad, se comete pecado grave contra Dios y desde luego contra nuestros hermanos.

El pasado 30 de julio se celebró el Día Mundial contra la Trata de Personas. El Papa Francisco por medio de su cuenta de Twitter decía: “Oremos para que el Señor libere a las víctimas de la trata, y para que nos ayude a responder activamente al grito de socorro de tantos hermanos y hermanas privados de su dignidad y libertad”.

Ya, meses atrás, el Santo Padre había pedido que la trata de seres humanos fuera considerado un crimen de lesa humanidad. Debemos condenar este tipo de actos y tomar mayor conciencia del grave daño que hacemos a la creación de Dios, al destrozar tan vilmente a las personas mediante la trata.

Según António Guterres, Secretario General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) “la guerra, el cambio climático, los desastres naturales y la pobreza exacerban la vulnerabilidad y la desesperación que permiten que el tráfico de personas prospere”. Y dice algo más: “también cada día la indiferencia ante el abuso y la explotación que nos rodean se cobra numerosas víctimas. Desde el sector de la construcción al de la producción de alimentos o de bienes de consumo, incontables negocios y empresas se benefician de la miseria”.

Según la ONU el 58% de las víctimas detectadas son explotadas sexualmente: 96%, de las cuales son mujeres. Por su lado, el 32% son obligadas a trabajos forzados, de este dato 33% son hombres, 26% mujeres, 24% niñas y 17% niños. Además, hay un 10% para otros propósitos como mendigar dinero en las calles y adopción ilegal.

¡Basta! ¿Qué queremos hacer con la humanidad? ¿Por qué destruimos la corona de la creación que es el ser humano? Muchos son los males que nos aquejan en el mundo. Tomemos conciencia, volvámonos a Dios, respetémonos, denunciemos cualquier caso que vaya contra la dignidad y la libertad del ser humano.

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