
Es muy probable que usted al igual que yo haya escuchado expresiones como las siguientes: “estos jóvenes de ahora están perdidos”, “la tecnología los está dañando a todos” o aún peor, del tipo como; “estas mujeres de ahora ya no sirven para esposas”, “estos jóvenes son inútiles”. ¿Estará el problema en las nuevas generaciones, en el internet, la tecnología, el sexo, la libertad? Es el camino más fácil culpabilizar a los jóvenes de muchos problemas que no son más que una herencia, parte de la formación que reciben, partiendo desde el hogar, los padres y la sociedad en general.
En este artículo primeramente voy a exponer el declive de la formación y educación en nuestra sociedad, junto con los vicios y problemas con que estas cuentan, en una crítica a la visión tradicional que se tiene de las nuevas generaciones. Desarrollando primeramente tres ejemplos muy básicos (videojuegos, drogas y pornografía) de cosas que según el discurso tradicional y conservador manchan, contaminan y dañan a la sociedad, entiéndase: a los jóvenes; para terminar con un análisis/crítica más general referente al contexto actual.
Recuerdo perfectamente como si fuera ayer los muchos sermones que recibí en la escuela acerca del porqué los videojuegos con temáticas violentas o bélicas eran peligrosos para mi bienestar. Aún peor, recuerdo los sermones y charlas incendiarias que recibían padres y madres de familia; en los peores casos mis compañeros de escuela perdieron sus preciadas consolas o juegos porque estas eran una mala “influencia”. Lo anteriormente relatado no es algo del pasado, de hecho, es muy del presente. Es normal escuchar ese tipo de argumentos, comentarios y conversaciones acerca de la música, la televisión, los videojuegos, redes sociales, y nosotros en general.
Siempre ha existido una interrogante en mí; ¿tan mala es la formación que se brinda a los jóvenes como para que una canción o videojuego los “lleve a la perdición”? Es simple y a la vez no lo es, pues el problema no está en el videojuego (utilizaremos por ahora este ejemplo), el problema está en la formación que recibió la persona que lo juega. No vamos a ignorar que hay casos en los que evidentemente la formación de la persona es integral y buena y aun así se presentan estos casos, es necesario especificar. La formación de una persona se ve influenciada por muchos aspectos de su vida, y en muchos esta ni si quiera es integral, he ahí la importancia del tema, desde donde podemos prevenir diversos males que pueden en un futuro aquejar de gran manera al individuo en cuestión.
En la actualidad y desde hace años atrás nos encontramos con una realidad poco afrontada: el papel de los padres y madres (o sea, la formación en general) es reemplazado o desplazado por objetos como la computadora, la consola, el celular, etc. Vivimos en una sociedad en la que, tras la falta de formación integral, los jóvenes se forman o terminan de formar con El Fortnite, Call of Duty, GTA, y otros juegos populares en el mercado. Las personas responsables cada vez se dejan reemplazar con más facilidad por una Tablet o celular. Talvez no le sea extraña la escena de un niño o niña llorando en público hasta que su madre le entrega su aparato electrónico.
Hasta el momento puede no parecer tan alarmante, pero: ¿y cuando llevamos estos casos al tema de las drogas? Por ejemplo. Son muchos los jóvenes que día a día encuentran su refugio, compañía y bienestar en los estupefacientes, y no se trata de criminalizar prácticas tan comunes como el consumo de cannabis o alcohol, pero se trata de evitar que los jóvenes que llegan a esto lo hagan por una necesidad o vacío generado tras una formación inconclusa, pésima o insalubre. Son muchas las personas jóvenes que se ven casi empujadas a este mundo con diferentes formas de violencia.
Igualmente podemos abarcar otros temas así de pesados para nuestra sociedad conservadora, como por ejemplo la pornografía (me atrevo nuevamente a afirmar que el problema no se encuentra en la pornografía, si no en el consumo, trato y dinámica en que esta se maneja, siempre machista y violenta). No son pocos los jóvenes casi niños que dan inicio a su vida sexual guiados por el material pornográfico, por amigos o en relaciones violentas. ¿en qué radica esto? En personas traumadas, golpeadas, repulsivas, en enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, abusos, y más.
Vemos día a día como muchas de las generaciones pasadas intentan evadir cuestiones de las cuales son responsables (como por ejemplo tantas décadas de violencia machista, abusos y violaciones impunes en contra de la mujer). Cada vez que recordamos que existe la homofobia, la violencia de género, la desigualdad, el odio, entre otras cosas, saltan los que nos llaman hipersensibles. Cada vez que salimos a las calles a protestar en contra de la privatización de la educación o servicios públicos nos llaman “chancletudos”. Cada vez que queremos cambiar las cosas o al menos opinar, nos dicen que estamos muy jóvenes aún.
Lo aquí comentado unido a un consumo masivo de información, bombardeo mediático constante y a una formación analítica y crítica deficiente llevan a las nuevas generaciones a puntos de no retorno, formando individuos perdidos en una sociedad vacía, violenta, y de personas controladas. Y es que el bombardeo es constante, desde series, hasta anuncios de televisión. Somos generaciones poco preparadas, pero responsables de mucho, las cuales enfrentaremos y enfrentamos retos abismales, históricos y de suma importancia.
Hemos visto de largo los colapsos de las instituciones públicas, las luchas sociales, las conquistas, las huelgas, los beneficios de lo que llamamos estado benefactor. Lo poco que sabemos de Costa Rica de lo cual nos enorgullecemos está guardado en libros de sociales y cívica con dinámicas casi de adoctrinamiento patriótico.
Somos herederos de un mundo al borde de la crisis, niveles de calentamiento global alarmantes, problemas sociales incontrolables, desigualdades, odio, y cambios difíciles de afrontar. Somos generaciones nacidas en el fragor del cambio de siglo, los de los teléfonos más inteligentes que sus mismos dueños, y los de las falsas facilidades y riquezas del capitalismo más salvaje. Somos la generación que no tiene libros, pero tiene estados de Facebook y memes; somos la generación que no tiene referentes, ni luchadores sociales, pero tiene a los youtubers; somos la generación que se aferra a las pantallas mientras la poesía tiende a desaparecer. Somos los dueños de un futuro escrito y reescrito antes de nacer.
Y sin embargo aún pensamos que se puede hacer algo, y lo queremos hacer. No somos pocos los que consideramos que estamos a tiempo de hacer algo; y me atrevería a decir que somos muchos, me atrevo a decir que somos muchos los quijotes que vamos tras las conquistas de una Costa Rica que construye su futuro, pero que trabaja por lo poco que le queda para el presente. Hay muchas cosas que nos hacen pensar que (y cito aquí una frase nacida en el movimiento español 15-M): somos jóvenes sin futuro, sin casa, sin trabajo, sin pensión, pero… sin miedo.
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