Que compren buen bloqueador solar

A propósito del autogolpe perpetrado por Luis Napoleón Bonaparte en 1851, Víctor Hugo se mostró sorprendido y mencionó que se trataba de un rayo sobre un cielo sereno. Con su característica mordacidad, Carlitos Marx ironizó al respecto y dijo que Víctor Hugo seguramente miraba la Historia con los lentes equivocados. 

No se trataba de algo repentino. 

Era, más bien, algo previsible. 

Pero los intelectuales, aun aquellos tan potentes como Víctor Hugo, casi siempre llegan tarde a la historia. No era, desde luego, el caso de Marx, que entendió mejor que nadie su tiempo. Sin embargo debemos reconocer que la mayoría de los acólitos y humildes sucedáneos de Carlitos nunca le rindieron el honor correspondiente: a lo largo del siglo XX se la pasaron anunciando esa parusía explosiva a la que llamaron “la revolución”. 

Y nunca llegó. 

Se la pasaron lanzando fatalistas admoniciones e interpretando procesos históricos con pomposas categorías analíticas. 

Y nunca atinaron.  

En América Latina, al cabo de un tiempo, esa suerte de Fools for Christ versión atea terminaron mudándose de las calles y las selvas a las aulas universitarias y los condominios. Y allí, alejados de los rigores de la militancia,  se instalaron y se sintieron cómodos. 

En términos estrictos nunca abandonaron su foolishness for Christ: o sea, siguieron siendo como esos santos locos de los cuentos de Gogol que llegan a una feria y se sacan los ojos con sus propias manos para así seguir viendo el reino de los cielos. 

Así de insensatos. 

Pero con pensión de lujo, carro híbrido y un nutrido patrimonio inmobiliario.

Ya en las universidades se mezclaron, entonces, con esos otros intelectuales tibios que ignoraron desde siempre la suerte de los cócteles Molotov y las barricadas. Y se hicieron uno solo, en cuerpo y alma. 

Más moderados, dejaron de imaginar la revolución y el reino de los cielos y se conformaron con la estabilidad laboral. Y a eso, sin más, le llamaron defensa del modelo público de la universidad. 

Decía Norbert Lechner que las movilizaciones ciudadanas en América Latina, regularmente, han estado más animadas por temáticas de consumo que por la defensa de los derechos. Yo me atrevería a establecer una analogía con nuestros académicos: desde hace unos años, únicamente, se movilizan cuando les tocan el FEES. 

No importa que la educación primaria y secundaria sea un desastre. 

No importa lo público ni el país. 

Es más, ni siquiera importa la propia universidad: toleran la dilapidación de recursos, ignoran las congojas de muchos estudiantes y propician las condiciones catastróficas  de algunos funcionarios en perpetuo interinazgo. 

Hoy, según parece, se preparan para volver a las calles a protestar. ¡Más les vale que compren un buen bloqueador solar! ¡Llevan, por lo menos, ocho años sin asolearse! 

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