
Viernes 19 de junio, cerca del mediodía Noticias Monumental daba a conocer la suspensión del primer partido de la final entre Alajuela y Saprissa. Los demás medios no estaban enterados; se trataba de una primicia. Lo más curioso es que los equipos involucrados no habían sido informados hasta ese momento. Y por favor estimado lector, no ponga atención en mi referencia al fútbol, sino a que, si las partes no estaban informadas, significa que la decisión se había tomado aceleradamente y por alguna razón de bastante peso. Además, este medio también adelantaba que el número de casos por contagio de COVID-19 llegaría a los tres dígitos. Como ciudadano pensé que estaría muy pesada esa conferencia de prensa en cuanto lo que el Gobierno estaría anunciando. Ojo, dije “el Gobierno”.
Lo que cayó como balde de agua fría para nosotros y obviamente para los sectores que esperaban un repunte este fin de semana porque ya podían abrir, tuvo el peor manejo político posible. El que tenía que estar al frente, anunciando al país lo que estaba pasando y cómo habría que enfrentarlo sencillamente estaba ausente.
Esto no es de los Salas, los Macaya, los Marín, sino de todos nosotros; pero es el presidente quien, tiene la representación popular (no es lo mismo que popularidad, por aquello), es el que debe estar ahí acuerpando las decisiones técnicas con todas las implicaciones políticas que se deriven.
¿Pero en qué está el presidente?
Lo que se ha dedicado en estas conferencias es a aparecer unos minutos para dar anuncios que respetuosamente, son de poca relevancia para los miles de desempleados o dueños de pequeñas o medianas empresas que necesitan un respiro económico; en una conferencia habló de una declaratoria de interés nacional para las investigaciones de la Clodomiro Picado; en un par habló de un convenio de cooperación internacional, en otra expresó su malestar cuando la Asamblea no le aprobó su presupuesto extraordinario, entregó micrófono y se fue. Y la aparición que le puso la cereza al pastel es la de este jueves 18 en la que se mostró casi que satisfecho de que las cifras de desempleo no eran tan pesimistas como él pensaba.
A partir del 01 de julio se aplica el IVA para la Canasta Básica y para un número importante de servicios; mire, yo no lo juzgo a usted si ve con preocupación el aumento de su suscripción en Nextflix; yo no utilizo esa plataforma, pero si hago uso de Uber cuando puedo, no por lujo sino por seguridad, porque prefiero pagar un poco más que ir en autobús, un verdadero foco de contagio, todavía más ahora que noto que hay choferes que no utilizan mascarilla o pasan tocándose la cara o nariz y luego los billetes o monedas que usted y yo manipulamos.
Pero a Alvarado parece que no le interesa mostrar preocupación; por lo menos que trate de persuadirnos que están realizando esfuerzos por detener un mayor impacto en la economía suya y mía, y cómo lo está haciendo.
¿Se acuerdan? En enero de 2019 ante las largas filas de personas en las afueras de un supermercado en San Carlos para una feria de empleo, los medios le consultaron cuál era su mensaje para ellos: no pierdan la esperanza.
¿Que la situación es compleja? Sí claro; por ello es necesario ese sentido de unidad nacional que nos vendió -yo, no se la compré-, pero no como rejuntado de su gabinete, sino de rumbo país, con los sectores que componemos el sector productivo y el que brinda los servicios para que lo anterior se desarrolle, es decir, lo público y lo privado, no en esa división en que nos encontramos, de la cual Alvarado es parte responsable.
Pero, mientras tanto, un presidente que no sabemos dónde está… o en lo que está….o si está…
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