¿Plan de gobierno para qué? Como los partidos políticos. ¿Solo como requisito para poder participar en las elecciones nacionales?

Acabamos de conocer una nueva versión del informe presidencial, algo así como una tarde de videos en la Asamblea Legislativa. La verdad es que los informes de labores presidenciales son una antigüedad, son una reliquia histórica. Desde hace ya muchos años existe en nuestro país el informe periódico del estado de la Nación así como muchos otros informes nacionales al respecto como de universidades e institutos de investigación, además de una gran cantidad de informes y análisis internacionales como la OCDE, la CEPAL y el BID entre otras. Dado que el TSE pide como requisito a todos los partidos políticos para participar en las elecciones nacionales, aportar programas de gobierno. Deberíamos darles seguimiento a esos programas, inclusive estos programas de gobierno deberían ser actualizados año a año para evaluarlos el año siguiente. Con lo cual, en vez del informe subjetivo actual de “logros” presidenciales tendríamos un informe comparativo de avance con relación al programa de gobierno previsto y conocido previamente por todos los costarricenses. ¿Y el informe de logros y avances del poder judicial? A diario nos informan de nuevos casos de investigación, excelente. Pero necesitamos resultados e informes de resultados y de seguimiento de todos los casos judiciales, pero que las investigaciones no tarden años y años y que incluso muchos casos llegan hasta a prescribir.

Costa Rica necesita urgentemente la existencia de partidos políticos permanentes en acción. Son parte fundamental de la democracia y, en general, son parte fundamental hasta de la vida misma de los costarricenses. No puede ser que se permita hacer partidos políticos de cortísimo plazo, solo para participar en las siguientes elecciones, a pura publicidad y gastos de campaña o, pidiendo prestada la antigüedad necesaria, de otro partido, solo para cumplir con uno de los poquísimos requisitos del TSE. Pero necesitamos partidos políticos de verdad, de mediano y largo plazo, con estructuras serias, con planes y proyectos de meses y años en ejecución, con participación ciudadana real, con oportunidades para todos, con charlas, cursos y seminarios para todos los participantes, que produzcan nuevos liderazgos, sin egos ni egoísmos, que los temas de formación incluyan conocer las necesidades de todos los costarricenses, con especialización en el buen uso de los fondos públicos. Con trabajo demostrado en las comunidades. Necesitamos mucha más capacidad en nuestros Padres de la Patria y en las dirigencias municipales. Necesitamos que los exfuncionarios públicos, como representantes de sus partidos políticos, por medio de los cuales llegaron al poder, retribuyan en algo a Costa Rica, no por la paga, sino por la gloria y por la Patria, como satisfacción personal y como un excelente ejemplo para las nuevas generaciones.

A pesar de que tenemos los tres Poderes de la República como cualquier democracia, los costarricenses sentimos extraños y muy lejanos a esos tres Poderes. Vamos a votar cada cuatro años en las elecciones nacionales y, sabemos que con nuestro voto, elegiremos a 57 personas para el Poder Legislativo y a 3 personas para el Poder Ejecutivo. En total, 60 personas electas por el pueblo, es el resultado de las rutinarias, rudimentarias, desactualizadas y aburridas elecciones nacionales. Debe ser por eso, que el abstencionismo se está tragando a nuestra democracia. Sin embargo, el más extraño y lejano es el Poder Judicial. De ese Poder no elegimos a nadie. Del Poder Judicial, lo que más conocemos son las noticias de los esporádicos salacuartazos y, de la presa de casos judiciales en trámite, que compiten con las listas de espera de la CCSS. De las 60 personas que elegimos cada cuatro años, sabemos que 57 ya habían sido seleccionadas previamente, por unas cuantas decenas de asambleístas y familiares de cada partido político, como uno de los pocos requisitos del TSE. De los nuevos Padres de la Patria, sabemos que la mayoría son principiantes y los otros son repitentes. Llegan a enterarse de los proyectos inconclusos heredados de los diputados anteriores y, a ver qué se podrá hacer en su gobierno de turno, aunque se supone que también deberían tener planes de gobierno, de sus partidos políticos que representan. Y de las 3 personas del Poder Ejecutivo, sabemos que el nuevo Presidente, es el que nombra a todo el resto del nuevo equipo de gobierno y, se supone que este Poder, sí trae preparado un plan de gobierno.

Las elecciones municipales, como las presidenciales y de diputados, adolecen de muchos defectos obvios y, las demás instituciones burocráticas de control, cuando encuentran alguno de esos defectos, solo hacen recomendaciones que nadie les hace caso porque no hay sanciones. Hace 200 años no se pedían requisitos de capacidad, pero eso tampoco puede ser a estas alturas del siglo XXI. Es obvio que se requiere de conocimiento, preparación y capacidad para tener eficiencia en los 3 poderes de la República y las municipalidades. En fin, las elecciones de cada 4 años en Costa Rica, no pueden seguir siendo solo contar votos como hasta ahora, solo para las estadísticas y para la historia. Necesitamos más y mejores ideas y más y mejores decisiones para que los procesos electorales también sean reflejo de una democracia moderna y no la misma Costa Rica de hace 200 años con autosalarios y autoprivilegios burocráticos desproporcionados para lo poquito que ayudan a nuestro país. También el TSE debería tener como prioridad actualizar y mejorar todo lo relativo a nuestros procesos electorales. Hace muchos años hubo en Costa Rica, partidos políticos de verdad, algunas veces en el poder y sino, compitiendo y vigilando desde la oposición, el buen trabajo esperado según el plan de gobierno anunciado por el partido en el poder. Está claro que se necesita mucho más que una simple escritura de abogado para demostrar la existencia de un partido político, como requisito del TSE para pedir el voto en los procesos electorales. Eso también ayudaría mucho a disminuir el creciente abstencionismo. Para muy pronto, esperamos también la no reelección total, de ningún puesto público y menos los de períodos de 8 larguísimos años como en el Poder Judicial, porque es obvio que toda reelección es inconveniente e innecesaria, dado que está muy claro que hay muchos otros puestos públicos a los que puede concursar cualquier buen alcalde o cualquier buen funcionario público y, además, para cualquier puesto público hay miles de costarricenses que también tienen derecho a tener la oportunidad de servir a la Patria. Con partidos políticos de verdad, la reelección no es necesaria en puestos públicos y por el contrario, esa reelección es inconveniente para el país y como democracia. Las buenas ideas y el buen trabajo de los puestos públicos debería seguir proviniendo día a día del buen funcionamiento obvio, de los partidos políticos permanentes en acción, que se supone representan.

Ya no es suficiente que el TSE siga solo garantizando el conteo de los cada vez menos votos de nuestras elecciones nacionales. Ya no es suficiente que la Asamblea Legislativa siga produciendo leyes con una gran cantidad de portillos que las hacen ineficientes. Ya no es suficiente que el Poder Judicial insista en seguir compitiendo con la CCSS alargando las interminables listas de espera, en este caso, de resolución de expedientes judiciales. Ya no es suficiente que la Defensoría de los Habitantes insista en hacer estudios para solo emitir opiniones y recomendaciones que nadie le hace caso. Ya no es suficiente que la Sala IV insista en seguir esperando que seamos los demás costarricenses los que les digamos lo que tienen que hacer para que nuestras leyes y los artículos constitucionales cumplan con su obvio propósito de defender a Costa Rica y a todos los costarricenses. Las personas que tienen el honor de recibir sus salarios, honorarios y privilegios en todas esas instituciones también son ciudadanos costarricenses, que con más conocimiento de causa, saben qué hay que hacer y cómo hacerlo para cumplir con la misión y la visión original en la creación de esas instituciones. Ya no es suficiente para estas instituciones públicas solo cumplir y celebrar aniversarios. La eficiencia es el motor del mundo. Nuestra ineficiencia en la justicia y en todo lo demás, fomenta la injusticia y la violencia. No más gobiernos de violencia y polarización, solo necesitamos eficiencia. El problema son las personas, no las instituciones ni la institucionalidad.

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