Partidos políticos, democracia y primero de mayo

» Por Javier Vega Garrido, Abogado

En Costa Rica, al menos se han seguido las siguientes tres rutas para definir lo que es partido político:

  1. Artículo 98, párrafo segundo de la Constitución. “Los partidos políticos expresarán el pluralismo político, concurrirán a la formación y manifestación de la voluntad popular y serán instrumentos fundamentales para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad serán libres dentro del respeto a la Constitución y la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”.
  1. Artículo 49 del Código Electoral: “…son asociaciones voluntarias de ciudadanos y ciudadanas, sin fines de lucro, creadas con el objeto de participar activamente en la política nacional, provincial o cantonal…”.
  1. Voto 5379-97 -de varios- de la Sala Constitucional, que además de congruente con dicho artículo 98, identificó su naturaleza “… de entes de derecho público no estatal con base asociativa”.

Esas agrupaciones que eran activas y estables en el tiempo, democráticas e ideológicas, que formulaban programas consistentes de gobierno para ofrecerlos en campañas electorales y conquistar el voto de la gente, y así acceder a puestos de representación popular, desde los cuales procurarían implementar esos programas con el apoyo de una oposición constructiva, continúan en declive.

Dirigencias cuestionadas y personalismos que impiden la renovación de liderazgos, candidaturas técnica y/o moralmente insolventes, militancia y afiliación empobrecidas y simpatizantes volátiles porque la lealtad está erosionada, como también sucede con la confianza y credibilidad de las personas que son su razón de ser, configuran las críticas a los partidos que no obstante siguen siendo los principales actores en la vida política del país; solo a través de ellos es posible el gobierno, tomar decisiones y formular políticas públicas llamadas a priorizar el bienestar general.

La democracia en esas circunstancias comienza a experimentar déficits y sus apoyos decaen, porque pese al cumplimiento del rito electoral que origina la representación política, la ciudadanía reclama que ya en el ejercicio del poder las autoridades electas olvidan aquella oferta de campaña, son atrapadas por el gigantesco aparato estatal y la desafortunada pérdida de valores, que las hace incurrir en prácticas alejadas de la ética contaminando la gestión de los asuntos públicos en beneficio de estrechos intereses, y en perjuicio de los de la mayoría.

Son muchos los estudios disponibles sobre la llamada crisis de los partidos políticos y de la representación, que en otros países han provocado leyes a favor de las candidaturas independientes, como señal ciertamente de mayor expansión de la democracia. Uno de esos estudios es el legendario diagnóstico e informe elaborado por reconocidos expertos y auspiciado por el PNUD, titulado: “La Democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos”, del año 2004 pero siempre vigente según se verá; disponible en: https://www.undp.org . Así, a continuación un selecto resumen de algunas de las potentes explicaciones de dicha crisis.

A la interrogante sobre si los partidos estaban cumpliendo su papel, “…la mayoría de los consultados entiende que los partidos –en particular los tradicionales– no han tenido éxito como canalizadores de las demandas de la ciudadanía. A su vez, las oposiciones políticas aparecen fragmentadas y su discurso se conforma más en contra de figuras políticas controvertidas que a partir de propuestas programáticas. En general, lejos de expresar una voluntad mayoritaria de la población, según estas opiniones los partidos actúan en función de intereses particularistas y sufren demasiadas presiones de los grupos de poder, tanto legales como ilegales”.

“[Los partidos] tienen muchas dificultades para estar en contacto con las demandas de la gente porque la carrera política depende más que nada de la dirigencia partidista y no tanto de los ciudadanos”. (Pág. 158). (…)

“La baja confianza en estas instituciones expresada por la ciudadanía (ver el capítulo precedente) es percibida por los líderes. Algunos señalan un agotamiento de la capacidad de representación y lo vinculan a la elevada influencia de los poderes no electos”. (Pág. 159).

En nuestro país ese desencanto con los partidos y la política también se expresa en cifras de comportamiento electoral, porque el abstencionismo que es moderado en las elecciones nacionales (34% promedio en las últimas 5), es casi extremo en las municipales con sus variantes (70% la media desde el año 2002), lo que además termina causando las ahora arraigadas segundas vueltas en la elección presidencial, como las de 2002, 2014, 2018 y 2022, y la fragmentación legislativa nacida del multipartidismo.

El próximo primero de mayo, junto a la elección del Directorio Legislativo integrado por las diputaciones de los partidos que las persona seleccionaron con su voto en el 2022, inicia la tercera legislatura y estos representantes tienen el deber y la invaluable oportunidad de hacerlo mejor y concertar una agenda sustantiva por Costa Rica, que atenúe su desprestigio conforme lo evidencia la reciente encuesta del IDESPO de la UNA, según la cual la Asamblea Legislativa y los partidos son las instituciones con menor confianza percibida, porque alcanzaron 5,42 y 4,53 respectivamente, en una escala de 1 a 10.

En ese sentido también serán cruciales los proyectos que favorablemente dictamine la Comisión Especial de Reformas al Sistema Político y Electoral, como ya sucedió con la iniciativa del expediente 23.229 para unir las elecciones nacionales y municipales, y lo mismo se esperaría de otros proyectos para enmendar el Código Electoral, relativos a: la constitución e inscripción de partidos según criterios actualizados de territorialidad y población a favor de la representación; el establecimiento de mecanismos de acceso oportuno a recursos para organización, formación de cuadros y participación electoral inicial, entre otras acciones que fortalezcan la débil conexión de esas asociaciones con la gente y viceversa.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

Últimas noticias