
Meses atrás mi apreciado amigo Carlos Carranza Villalobos me hizo llegar un libro de título sugestivo: El Oficio del Político, de Manuel Alcántara Sáez. Apareció en 2012, y por su calidad y difusión, en España fue objeto de una primera reimpresión en 2015 bajo el auspicio de la Universidad de Salamanca, la Universidad de Tulane (USA), y el Programa de Ciencia Política de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).
Alcántara investiga por varios años el papel que desempeñan las personas que tienen como actividad profesional la política en los sistemas políticos democráticos. El relato es extenso, dividido en cinco capítulos y permite múltiples aristas de análisis, por lo que intentaré hacer honor a su brillante exégesis sustentada en una sólida base científica, para luego salpicar algo de lo que percibo (primer acercamiento cognitivo con la realidad objetiva y que luego es superado por nuevos análisis), de lo que enfrentan algunos partidos políticos en el país.
El autor empieza señalando que los políticos son pocos y ejercen control en buena medida en el destino de muchos, de ahí la importancia de profundizar en la profesionalidad del ejercicio de la política, esfuerzo que por años ha estado enfocado en el estudio de las élites (entendida como una minoría selecta o rectora), el poder, el liderazgo, la legitimación de autoridad, y en especial, el impacto que esos líderes ejercen en las decisiones de los electores.
En la actualidad –sostiene el especialista- la profesionalización de la política es real y se produce por la dinámica de tres circunstancias que se entrelazan: personas con ambición, desarrollo de las instituciones y apatía general ciudadana para intervenir en lo público. Comparte la tesis de John Stuart Mills de que, en la composición de las élites del poder, emergen personas que por las posiciones alcanzadas tienen la posibilidad de trascender del medio ordinario, del común de las personas y desde ahí, se colocan en posición de tomar decisiones que implican consecuencias.
En el actual contexto, el autor de El Oficio de Político, afirma que las élites políticas (especialmente en América Latina), son relevantes en su papel de preservar las instituciones democráticas, es por ello su constante interacción con elementos del sistema político como sucede con los asuntos electorales o los sistemas de partidos políticos, que los conocen y defienden a ultranza. En el caso costarricense esto es clarísimo y se ‘’juega’’ con las reglas establecidas en el ordenamiento jurídico interno. De acuerdo con el constitucionalista Hernández Valle (1998), en nuestro caso, se desprenden tres tipos de derechos participativos, el derecho de petición, el derecho de elegir y ser electo y el derecho de formar partidos políticos. En materia de participación, el político siempre dirá, ¡El poder lo tiene usted!
En Costa Rica, de conformidad con lo establecido por el artículo 148 del Código Electoral, solamente los partidos políticos inscritos pueden proponer candidatos a puestos de elección popular; es lo que se conoce como el monopolio de los partidos políticos en la presentación de candidaturas a nivel nacional, y aplica para todos los cargos nacionales y municipales de elección popular. Es decir, una persona solo puede acceder a uno de esos cargos si un partido político debidamente inscrito, ya sea a escala nacional, provincial o cantonal, propone su candidatura, cuya inscripción depende de que la persona postulada cumpla con los requisitos que la legislación exige para ello, que por cierto son básicos.
Como cualidades que enarbola el oficio de político a futuro, Alcántara (2012), afirma que precisan de un riguroso nivel formativo, sofisticación curricular más allá del buen verbo. Este tipo de escenario de nuevos actores, ya se hace presente en muchas realidades latinoamericanas caracterizados por políticos de oficio desideologizados, que conforman élites expertas, encargadas de profesionalizar la actividad y dejar rezagados a quiénes no reconociéndose en igualdad de condiciones, terminan por entregar la toma de decisiones gubernamentales.
Cautiva la noción de políticos desideologizados que realiza y de inmediato, como imán, uno se transporta a los últimos acontecimientos de incidencia electoral en el país. ¿Se ha percatado como en el debate nacional la defensa de ideas matizadas por idearios políticos de distintas corrientes ideológicas ya no hace aparición alguna en la dinámica de las organizaciones partidarias? Y si de manera casuística asoman a nivel público, encuentran una muralla de pragmatismo al mejor estilo de la presente Administración, ejemplificadas con las once acciones presentadas el pasado 16 de agosto con motivo de los primeros cien días de gobierno.
A nuestro modesto entender no todo lo propuesto es política pública, pero como hoja de ruta genera impacto y porque no hasta resultados en esta sociedad de lo concreto. Lo que es tangible en el último escrutinio nacional es que el soberano se cansó del anterior discurso sostenido por más de cinco décadas y prefirió mutar con todas sus necesidades y expectativas. Ahora le apuesta al tecnócrata para combatir el costo de la vida y atacar el aumento en la pobreza. Y el tecnócrata no solo se profesionalizó para asumir la tarea, sino que la política le gusta y le rinde.
Ante la carencia de identificación doctrinal, teórica, de ideario político, la inmediatez ensancha su aparición y estructuras institucionales como los partidos políticos tradicionales dejan de ser visibles, imperan los liderazgos y el uso del desencanto como escudo es más que notorio.
Como si no fuera obvio que unos corren y otros caminan, hay quiénes haciendo uso de una lectura poco acertada de los tiempos, terminan ayudando y quedando en ridículo ante la ciudadanía, al presentar propuestas como regresar a las elecciones simultáneas cada cuatro años de las autoridades municipales, del Poder Ejecutivo y Legislativo, o de bajar el porcentaje de votos válidos emitidos para que una persona alcance la Presidencia de la República. Esas son rabietas de quien no entiende el juego de ajedrez en el que están los otros.
Grato favor a la Patria se haría si una propuesta legislativa se enfocara en revisar el contenido del ordinal constitucional 98 y los partidos políticos tengan que dar un Do de pecho ante el mandato de ser instrumentos fundamentales para la participación política como lo indica este artículo. Qué falta de cumplimiento más evidente y no asoma reforma alguna.
El ordinal 48 del Código Electoral establece que los partidos políticos son expresión del pluralismo político, formadores de la manifestación de la voluntad popular y vehículos de la participación ciudadana en la política nacional. Ante cuestionamientos cargados de mea culpa como la que por días lanzó alguna dirigencia de la organización partidaria que llevó a los dos últimos costarricenses a Casa Presidencial (¿Qué pasó? O algo parecido fue la pregunta que hicieron), la primera interrogante que surge es, ¿Qué se hace en las organizaciones partidarias para marcar diferencia y estar a la altura de las exigencias para la conducción del país? Gobernar y luego regresar al partido y su golpeada y poco preparada militancia buscando respuestas de los desaciertos, es poner la carreta delante de los bueyes.
Es notorio que las organizaciones partidarias tradicionales en el país se estructuran, organizan y respiran para alcanzar el poder, la pregunta de si están en cuidados intensivos o ya navegan horizontales en catafalco, me parece que pasa por su propia premura de consolidar estructuras para ganar elecciones. Con el poder en mano y la posibilidad de gobernar para las grandes mayorías es otra historia y el pasivo de los fríos datos nacionales deteriora no solo la labor de gobierno, sino que deja a los partidos políticos en estado de fragilidad, desgastados, reduce su estatura y son fácilmente superados por personajes profesionales sin estructura partidaria pero efectivos al buen entender de las mayorías. Decía mi abuelo Tobías, ‘cuando usted iba por la leche, yo ya venía con la natilla.’’
El tiempo de tomar decisiones ante el nuevo oficio del político solo da espacio para la reflexión y la acción casi de manera simultánea. La factura ha pasado a cobro y la sumatoria de la cuenta final no está cerrada, de manera que está en manos de los propios partidos políticos su recomposición y remozamiento o pagar caro su inacción.
De no actuar, estos serían parte de los datos encontrados de algunos de los partidos tradicionales, cortos anaqueles consultados por los cibernautas con los que esa historia no refleja identidad alguna ni sentido de apropiación.
Partido Liberación Nacional: fundado el 12 de octubre de 1951. Ha participado en 18 procesos de elección nacional, de las cuáles ganó en 9 ocasiones. A 2022 cumple 71 años y ganó su primera elección en 1953 a los dos años de su fundación. La última vez que obtuvo el triunfo en una elección nacional fue en 2010. A la fecha (2022), se registra como el periodo más extenso en condición de oposición con representación legislativa.
Partido Unidad (Léase PUSC): Fundado el 17 de diciembre de 1983. Ha participado en 10 procesos de elección nacional, de las cuáles ganó en 3 ocasiones. A 2022 cumple 39 años y ganó su primera elección en 1990, a los siete años de su fundación. La última vez que obtuvo el triunfo en una elección nacional fue en 2002. A la fecha (2022) tiene 24 años en oposición con representación legislativa.
Revisemos esta última organización política, la de más reciente creación entre las tres y la que más registra el rechazo del electorado en 2022, a tal grado que, desapareció su representación en la Asamblea Legislativa.
Partido Acción Ciudadana: Fundado el 03 de diciembre de 2000. Ha participado en 5 elecciones a nivel nacional, de las cuáles ganó en dos ocasiones. Tiene 22 años de fundado y ganó su primera elección 14 años después de su creación. Actualmente no ejerce oposición formal desde la Asamblea Legislativa ya que no obtuvo ningún escaño.
Ahora si estimado lector (a), empiece a recrear conmigo la historia del Partido Progreso Social Democrático (PPSD) para una futura edición. Desde ya les adelanto que se trata de un ascenso meteórico, no tuvo niñez ni adolescencia. El tiempo que el Partido Liberación Nacional necesitó para lograr el primer triunfo en una elección presidencial, es bastante similar al del PPSD, empero, las circunstancias históricas son completamente diferentes. La cúpula de mando de Liberación Nacional venía recién saliendo de conducir una gesta civil con alta exposición mediática y varios años de diversas raíces partidarias que le dieron vida. Antes de 2018, no había órbita para seguirle el pulso al PPSD y el actual Presidente era una persona que se desenvolvía en otro contexto oficioso. A tres meses de gestión goza de una popularidad que de acuerdo con los responsables de su publicación es de las más altas en un mandatario de la región.
Definitivamente el oficio de político ha cambiado y estos se cobijan cada vez menos con el calor de las organizaciones partidarias. Si estas últimas dejan de hacer, no admiten, no lo aceptan, se resisten a los ajustes estructurales necesarios, están condenadas al catafalco.
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