Oscura Noche de caballos desbocados

Loco, Trastornado, Bipolar, Psicópata, Maniaco, Asperger entre otros. Todos son términos que en el mundo “de lo popular” se convierten en verdaderos dardos ofensivos, hirientes, cargados de ignorancia y desprecio y por ello, de daño para el que lo sufre. Lejos de brindar una ayuda para el que, no por voluntad propia, lo sufre, son motivos que en muchos casos hunden en una inmerecida vergüenza, auto desprecio, autoestima deplorable y hasta complicidad; a una sociedad egoísta que etiqueta peyorativamente lo que no conoce y poco le interesa conocer.

Todos ellos, trastornos mentales (termino también amenazante para muchos), son tan comunes como cualquier otra enfermedad o mal que aqueja a cualquier órgano del cuerpo. Por ejemplo, al corazón un soplo, al hígado, los intestinos, el estómago la piel, etc., un tumor, a la sangre la diabetes, y a la esclerosis múltiple articulaciones y demás y, sí, el cerebro. Y precisamente a éste último, las enfermedad o trastornos mentales.

En este país son dignos de consideración y de acciones público – privadas, de eventos televisivos y recreativos los enfermos terminales, los enfermos del corazón, las enfermas de cáncer de pecho, los niños, los ancianos, los enfermos con Alzheimer y Parkinson entre otros, pero no asó los enfermos mentales. ¿Por qué? ¿Pues dígamelo usted? ¿qué acaso los últimos no son tan dignos de ayuda y comprensión como todos los otros?

Hay oscuridades que cohabitan en las almas de algunos por siempre, que muchos mortales consideran que éstas no son reales o posibles. Consideran que, a punta de puro querer, “querer es poder” dice una frase popular que no comparto y a la que no me referiré en este escrito, se gobiernan como quien tira de la rienda de un dócil caballo domado a derecha o izquierda, aflojando o apretando para guiar a voluntad la conducta del cuadrúpedo.

Lo que no saben es que también hay caballos “mal nacidos” y en algunos casos además mal domados, donde voluntad, deseos, pensamientos, sensaciones ente otros, son una mezcla poco clara y compleja y que, por un corto circuito nacido de razones poco claras, permanente en algunos casos, pueden provocar que éstos se desboquen, por efecto de que sus cerebro atrofiados, un órgano más del cuerpo, más fundamental, pero que, por alguna extraña razón, muchísima gente considera que el mismo no se puede enfermar porque la voluntad todo lo gobierna, hasta el cerebro. Nada más equivocado y pruebas hay millones. Hasta el querer y la voluntad se pueden, enfermar ya no dominando la conciencia a la voluntad, sino la voluntad a la conciencia.

Las razones, en gran medida desconocidas, se presupone que tienen que ver con causa de neuronas defectuosas, exceso o carencia de determinadas sustancias cerebrales, herencia genética, defectos fisiológicos o socio – ambientales y muchas más.

Todavía hoy día, salvo en el caso de los “locos”, que son esos “desgraciados”, seudo personas, que “sabrá Dios por qué” nacieron defectuosos, por lo que se les debe encerrar en centro psiquiátricos, generalmente instituciones mitad hospital, mitad cárcel. Decía el célebre psicólogo y sociólogo alemán Erich Fromm, que en una sociedad como la nuestra, se refería a las sociedades capitalistas desarrolladas de los años 70s, situación que a mi parecer aplica para la mayoría del mundo hoy día, sociedad definida por Fromm como “enferma”, las personas que se consideran sanas y adaptadas a éstas, deberían considerar con seriedad su sanidad, pues alguien que tiene una conducta funcional en una sociedad enferma es porque bien enfermo ésta.

Pero hay otros corceles, cuyo cerebro no esta tan erradamente nacido, y pese a ello, la pasan muy mal en la vida, que, para muchos tiene que ser necesariamente maravillosa pues la vida es para ser feliz (no sabía que había sido decretado así por Dios y las leyes), o de lo contrario algo malo estamos realizando, en particular en el caso de los locos o seudo locos. Estos segundos sobreviven a duras penas en la “vida real” de los que se llaman normales, aliándose, en el mejor de los casos, de la ayuda de métodos que supuestos especialistas renombrados Neurólogos, Psiquiatras y Psicólogos, o neurocientíficos para estar de moda, prescriben en medicamentos que medio equilibran el correr del caballo y a la ayuda complementaria de fuentes de cura no tradicionales que hoy se denomina medicina no tradicional. Para algunos estas herramientas mentales ayudan y realmente hacen del corcel un verdadero cuasi ganador, pero para muchos otros no son suficientes y por más mejor iniciativa, el caballo se desboca. Como me decía un médico psiquiatra, nunca deberíamos olvidar que “no existen las enfermedades, sino solo enfermos”, por lo cual lo que sirve para Carlos no necesariamente sirve para Humberto. No se trata de medicamentos, dosis, medicina alternativa y técnicas psicoterapéuticas, se trata de una persona concreta que requiere un “traje entero” (integral) a la medida.

La vida moderna, para caballos normales, seudo locos y locos, es cada vez más una carrera alocada o a punto de llegar a ello, una carrera en medio de una noche eterna, la cual no termina o lo hace en ciclos cuando el sol aparece, para unos en días o semanas, para otros en años. Es un entramado de sentimientos, pensamientos, habilidades, voluntad, recuerdos, gustos, sueños y mil cosas más, que se sobre ponen unos a otros como un molote de gente jugando una especie de rugby en el que se desconocen las reglas del juego, el pitazo de inicio y final.

Llega el momento en algunos casos donde la noche oscura nos posee como droga consumida, ya ahora invasora nuestra y por ello dueña de nuestro territorio, nuestro ser. Es ahora cuando la noche gobierna y ya es poco lo que se puede hacer con las riendas que, por mejor que se maniobren, ya el desbocado caballo es un animal salvaje y no un domesticado y aparente normal ser humano.

Sí, este tipo de cosas, de desbocados caballos existen.

Y si las personas “normales” no consideran su existencia, ni se instruyen sobre las rutinas de los caballos desbocados, dotándolos de comprensión, apoyo y amor, ayudándoles a que mejoren su auto dominio y, tomando en serio la ayuda desesperada que éstos requieren. Estamos hablando de cerca del 3% al 5% de los corceles (humanos) aproximadamente, no correrán libres por los prados de sus vidas.

De no ser así, la noche oscura será mi eterna compañera, pues yo también soy un caballo desbocado… y ya no me sale prosa, sino mala poesía.

Esa oscura noche que recorre mis venas, como sangre que me roba la vida.

Esta es una historia larga, de antes de que yo caminara sobre mis piernas y de que mi conciencia entendiera que también existen las noches que son claras.

Nació sin decírmelo. Yo, como tantos, que en pleno camino y después de caídas continuas, por suerte, encuentro a alguien que me dice, no cabalgas bien.

¿Qué me pasa?, ¿desde cuándo?, ¿por qué?

La oscura noche captura mis pensamientos, ideas repetidas, automáticas, subyugan mi libertad imponiendo lo que quiero y lo que no.

Locura de locuras. ¿Quién sabe hasta dónde llega lo cuerdo y dónde empieza el mar de irracionalidad?

El porvenir lo retuerzo con fuerza buscando exprimir una gota de luz.

Un grito desesperado se me escapa, reclamo de quien viendo no ve.

La oscura noche define mis emociones, alegría delirante, tristeza extrema, ansiedad, miedo, un sinfín de sentimientos atascados que como pinturas de colores se mesclan perdiéndose el uno en el otro.

¿Y dónde se esconde el Dios que es luz incluso de la vela sin llama?

Dios ha sido abandonado, “Dios Mío, Dios Mío, Por qué me has abandonado” ¿Quién me salvará?, ¿Quién llorará por mí? ¿Habrá un hasta aquí? ¿Habrá un final a esta negra oscuridad?

Será, como dicen algunos, que tanta es la luz del Dios muriente que mis ojos, enceguecidos como por sol radiante, ven engañados solo oscura noche, cuando no es ni noche, más solo luz serena y bello porvenir. De ser así, ciego quiero ser para mirarte.

La oscura noche no es una noche oscura… ésta es benévola. Aquella, es rabia que aplasta, recorre todo en mi vida; mas con esperanza aguardo lo inesperable, aquello que se cree por fe desnuda, esa que existe porque elijo creerla, incluso no existiendo Dios alguno, porque mi alma, sin saberlo, con una sed implacable solo ama amar.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo y número de identificación al correo redaccion@elmundo.cr.

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