OnlyFans: libertad y no victimismo

En su artículo, María Lucía Arias, sostiene que las feministas “apoyan y reivindican” OnlyFans como si de un manifiesto ideológico se tratara y debo decir iniciando esta opinión que mis amigas feministas no son proclives a aplaudir only fans . El error es evidente: confunde la defensa de la autonomía individual con una supuesta bandera doctrinaria.

Las feministas no necesitan “canonizar” a OnlyFans; lo que ocurre es mucho más sencillo: se trata de un espacio de participación libre donde cada persona, en particular miles de mujeres, deciden si quieren o no estar. Nadie obliga a nadie y criticarlo solo esconde sesgos conservadores y quién sabe hasta algún poquito de envidia.

OnlyFans no es una marcha ni un panfleto. Es un mercado voluntario donde se intercambia contenido por dinero, y donde —paradoja que usted ignora— las mujeres tienen un nivel de control sin precedentes sobre su trabajo sexual o erótico: ponen precios, fijan límites y administran sus propios tiempos. Llamar a esto “reivindicación feminista” es tan superficial como decir que una mujer que abre un restaurante está reivindicando al capitalismo gastronómico. No, lo que está haciendo es usar una herramienta para vivir como le da la gana.

Pero lo más irritante del texto es la mirada condescendiente desde el privilegio. Usted escribe desde la comodidad de quien nunca ha tenido que escoger entre pagar la renta o comprar comida para sus hijos. No es madre soltera que se queda sin opciones laborales, ni mujer que no tuvo acceso a educación universitaria, ni joven de barrio marginado que ve en la plataforma una posibilidad de autonomía económica. Desde la torre de marfil académica es fácil dictar sentencias morales y decir qué es “empoderamiento” y qué es “explotación”. El problema es que la vida real es menos ideológica: las cuentas hay que pagarlas.

Criticar a una mujer que encuentra en OnlyFans un ingreso digno, seguro y controlado es invisibilizar las desigualdades de base. Peor aún, es hablar en nombre de ellas sin jamás haber vivido sus realidades. El verdadero feminismo escucha a esas voces, no las silencia con discursos teóricos sobre “cosificación” que sirven más para aplaudir en foros universitarios que para resolver necesidades concretas.

Así que no, señora articulista: el error está en su análisis, no en las mujeres que deciden monetizar su imagen. Usted llama “reivindicación feminista” lo que en realidad es autonomía individual. Usted llama “sumisión al patriarcado” lo que en realidad es libertad de mercado. Y usted llama “empoderamiento ficticio” lo que para miles significa pagar la escuela de sus hijos, la consulta médica, o simplemente vivir mejor.

OnlyFans no necesita que lo salven las feministas ni que lo condenen las moralistas: basta con entender que es una herramienta de libertad económica. Y la libertad, guste o no, siempre incomoda más a quienes hablan desde la comodidad de nunca haber tenido que ganársela.

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