ODA AL CABALLO: el tope nacional

Imagen generada por IA.

Del animal, el caballo. Inclusive el término “tope” posee raíces hondas en la etnografía costarricense. Es y ha sido una particularidad cultural. Nos explicaban en la universidad de su originalidad, entre los países iberoamericanos, de un evento con tales características.

Tope viene de topar obvio. De encuentro. Ir al encuentro ya sea por una encomienda, ya sea un recado que hubiere que entregar, ya sea un mandado, o, la razón de un telegrama en aquellos tiempos.

De caballistas. De amor y admiración por semejantes bellezas e imponente fortaleza.

Los caballos se sabe son terapéuticos y hoy se usan mucho para las terapias para los chiquitos especialmente con autismo —que es una verdadera pandemia—, pero para todos.

La energía del caballo calma tranquiliza al ser humano. Su brío nos inunda de seguridad, de vigor. Desde allí arriba se ve todo muy diferente. Él te exige sin embargo estar bien presente, concentrado en lo que estás haciendo conduciendo su paso al desplazarse.

Las razas: que si la andaluza, que si la española, que si la raza costarricense. Desarrollada acá y así ya reconocida en los circuitos de conocedores. Que si el paso. Paso fino. Que si el andar. Que si baila, que si salta.

Que si pinto, que si blanco, que  si negro, café. La gama la paleta misma de los tonos es una maravilla a la vista. Un regalo a los sentidos. En el tope es normal escuchar: uyyy miren que lindo ese con una mancha en la cara!!! Mirá aquel pinto con sus patas de cuatro colores!

Que de carga también. De trabajo. De paseo, para jalar carretas, carruajes y carretones. Percherones bien negros enormes y guapos —para el último tope.

A los ticos nos gusta ir a ver eso. Ese desfile. Es un gusto de la igualdad. De esa particularidad de los meseteños ya ampliamente documentada desde Carlos Gaginni y nuestro máximo Aquileo J. Echeverría —el abuelito de Lara Ríos la que le cuenta relatos y cuentos para ir a dormir a soñar a la infancia tica. Y adoptada en todo el país.

Se genera toda una fiesta, una alegría, algarabía entre los presentes en un tope tanto entre los caballistas como con y entre el público asistente.

Aquello es un festín todos ataviados para la ocasión. Y cuando digo: todos, son todos. Engalanados con sombreros y chonetes no importa por igual, porque en el fondo celebramos la costarricañeidad y el encanto de una comitiva de caballos.

Quizá, hipotetizando, a los hijos los herederos de los labriegos sencillos no nos incomoda la boñiga, nuestras células recuerdan de dónde venimos. Y lo honramos con orgullo y humildad de grandeza y auspiciosa seguridad en el quienes somos.

Un encuentro de la igualdad en el gusto por lo bello. Muy tico, muy costarricense. Allí se borran diferencias, pues asistimos los que no tenemos caballo, pero que nos fascinan. Los que tienen caballo y tienen a bien ir a exhibirlos y participar. En el recorrido.

Un código ampliamente compartido y muy querido en diciembre se genera como una pequeña primavera, para los vallecentralinos salimos a disfrutar del aire fresco, del sol, de la brisa, luego de meses largos de lluvias, aguaceros y temporales. Todo se vuelve alegría y celebración, después de pasado el duro invierno.

Belleza y Verdad como nos dice Platón.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@nuevo.elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

Últimas noticias

Te puede interesar...

484.66

490.28

Últimas noticias

Edicto